Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 19, No. 3 (2020)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol19-Issue3-fulltext-2060
Tamaño de la letra:  Pequeña  Mediana  Grande
Rasse Figueroa and Lin Muñoz: La cotidianeidad de la periferia popular: Entre el olvido y la constante intervención



Desde la década de 1980, se implementó en Chile una política habitacional que construyó cientos de miles de viviendas para hogares de bajos recursos, y dio forma a la periferia popular de las ciudades chilenas. Los conjuntos habitacionales construidos en este marco han sido caracterizados como el producto de un urbanismo fragmentador (Jirón & Mansilla, 2014) que generó una periferia fuertemente segregada (Castillo & Hidalgo, 2007; Imilan et al., 2016; Sabatini et al., 2001).

Estos conjuntos enfrentaron en sus primeros años el abandono de todo tipo de políticas públicas, a la vez que sus nuevos habitantes se vieron desplazados desde sectores mejor servidos hacia localizaciones carentes de equipamiento, infraestructura y servicios. Sin embargo, una creciente conciencia sobre la situación de estos conjuntos, y los fenómenos de exclusión y estigmatización social que enfrentaban sus habitantes (Ducci, 2007; Rodríguez & Sugranyes, 2005) hicieron que, desde distintos ámbitos y niveles, las políticas públicas dirigieran constantemente su acción hacia ellos.

Tanto los efectos del abandono del Estado como las problemáticas persistentes en estos territorios han sido estudiados intensamente. Sin embargo, las implicancias de la presencia cotidiana del Estado, bajo distintas formas institucionales y de intervención, ha sido menos observada. Este trabajo se pregunta cómo la intervención constante de sectores deteriorados de la periferia popular, después de un largo período de ausencia de lo público, moldea las prácticas cotidianas de relación entre vecinos y con el Estado.

El análisis se desarrolla desde un enfoque de vida cotidiana, entendiendo esta como una perspectiva que permite unificar lo fragmentado en el análisis especializado, observando el encadenamiento de las acciones diarias en una única experiencia que cruza lo doméstico, lo laboral, lo público, lo privado, lo estático y lo móvil, conformando un todo indisoluble en la experiencia del habitante (Lefebvre, 1991). Asimismo, en lo cotidiano se observan aquellas prácticas o encadenamientos de acciones que no responden a un esquema de dominación o vigilancia, sino que, sin negar la dominación, relatan otros desarrollos posibles (De Certeau, 1999). En otras palabras, la perspectiva de lo cotidiano abre la posibilidad de implementar políticas públicas más pertinentes, y configurar nuevas posibilidades de transformación social desde el territorio y las prácticas cotidianas.

Para esto, se revisará en primer lugar antecedentes teóricos sobre vida cotidiana y estigmatización, teniendo como elemento común la producción del espacio geográfico. Luego, se revisa la producción académica en torno a la problemática de los barrios periféricos producidos por la política habitacional chilena. Posteriormente, se presenta el diseño metodológico, y los resultados, para cerrar con una discusión sobre la forma en que la presencia constante del Estado marca la vida cotidiana en estos territorios.

El espacio y la vida cotidiana

Siguiendo a Lefebvre (1974), es posible comprender el espacio como la interacción entre tres formas espaciales en relación: el espacio percibido (de las prácticas espaciales), el espacio concebido (las representaciones del espacio), y el espacio vivido, donde se da la experiencia de los habitantes (espacio de representaciones). En esta concepción, se distingue y reconoce como parte del espacio las representaciones ideológicas sobre él (desde la academia, las políticas públicas, etc.), las prácticas que producen y reproducen el espacio, y la vivencia del habitante en su paso cotidiano por su barrio y la ciudad, en el entendido que es la relación trialéctica de estas tres dimensiones la que constituye el espacio (Soja, 1980).

La mirada desde la vida cotidiana permite la restitución de la totalidad que construye el encadenamiento de las acciones diarias (Lefebvre, 1991), indisolubles en la experiencia del habitante. El habitante que en su vida cotidiana recorre una ciudad que le es conocida, también es productor de ciudad en sus prácticas, y moviliza contenidos ideológicos. Estos pueden estar en contradicción con los planteados desde el espacio concebido, planteando contraespacios (Soja, 1996), y movilizando relaciones dialécticas de transformación.

Los espacios de lo cotidiano están compuestos tanto por las edificaciones que vemos, como por aquellas ausentes que siguen compareciendo en los relatos, y por los gestos con que habitamos los barrios. Siguiendo a De Certeau (1999), el paisaje urbano cotidiano está conformado por presencias, ausencias, relatos y gestos. Así, las intervenciones urbanas que regeneran, remodelan, o demuelen edificaciones, no eliminan lo previamente existente, sino que lo trasladan hacia los relatos sobre lo que ahí había, generando significados negociados entre el pasado y el presente (De Certeau, 1999). En este sentido, la experiencia cotidiana inmersa no sólo se trata de lo que hay, sino también de lo que había, en tanto es traído al presente en relatos y gestos.

Estigmatización territorial de barrios de alto deterioro

Existe un importante acervo de estudios en torno a barrios segregados y con alto deterioro urbano. En ellos, se observa cómo las problemáticas de estos territorios están vinculadas a transformaciones socioeconómicas, institucionales y espaciales más amplias (Wacquant, 2007). La segregación residencial de los grupos más desfavorecidos está íntimamente vinculada a las dificultades de acceso al suelo, en especial en ciudades con baja regulación urbana, en que el mercado se transforma en el principal mecanismo de asignación de suelo (Harvey, 1979). Algunos autores señalan que lo anterior es sólo un síntoma visible de la estructura económica que da forma a la ciudad, y desde una lectura más política, comprenden la segregación residencial como una forma de exclusión de ciertos grupos sociales, relevando que detrás de ciertos mecanismos normativos o políticas territoriales, hay en la práctica un ejercicio de poder del Estado para sustentar jerarquías sociales y espacios de privilegio y/o descrédito (Wacquant et al., 2014).

En estos territorios, no solo se experimentan peores condiciones de acceso y equipamiento, sino que se generan problemáticas sociales que afectan el bienestar de sus habitantes. Por una parte, las condiciones de violencia llevan a que los habitantes adopten estrategias y prácticas de resguardo (Wacquant, 2007). Algunos autores señalan que la adopción de estas prácticas es reflexiva, y que su aplicación se circunscribe sólo a estos espacios, cambiando el código de comportamiento al salir de ellos (Anderson, 2019). Por otra parte, la propia segregación del espacio, así como el desarrollo de estas prácticas características, facilitan la identificación y demarcación de estos barrios, y su asociación a estigmas, que sus habitantes portan como identidades territoriales deterioradas (Goffman, 2006).

Todos estos procesos deben ser observados en forma situada, ya que la marginalidad contemporánea se configura socio-espacialmente en formas distintas (Wacquant, 2007; Wacquant et al., 2014). En el caso latinoamericano, la segregación residencial de los grupos de menores ingresos ha sido en las últimas décadas moldeada por los programas de acceso al suelo para los más pobres que, en el marco de políticas neoliberales, asignan al Estado el rol de facilitador o financista (Moctezuma Mendoza, 2017), dejando de lado su rol rector o regulador. En algunas ciudades latinoamericanas, como Santiago de Chile, Ciudad de México, o Sao Paulo, la masividad de la aplicación de estos programas ha generado amplias zonas homogéneas de vivienda social, desconectadas de la ciudad en lo referente a oportunidades y servicios (Duhau, 2003; Sabatini et al., 2001; Taschner & Bógus, 2001).

Mientras los primeros estudios sobre esto se centraron en las configuraciones espaciales y condiciones institucionales de producción del espacio, en un segundo momento la preocupación se trasladó al aislamiento de los hogares y sus consecuencias en empleo y bienestar (Kaztman, 2009; Saraví, 2008), las consecuencias de enfrentar un entorno social homogéneo en términos de cohesión social (Di Virgilio & Perelman, 2014; Segura, 2013; Wormald et al., 2012), y las estrategias para lidiar con una cotidianeidad marcada por las desigualdades territoriales (Salcedo & Rasse, 2012) y/o la violencia (Álvarez & Auyero, 2014).

De los análisis surgidos de visiones absolutas de la segregación, centradas en la separación física, se pasa al análisis de la separación desde lo simbólico, a través de la construcción y movilización de estigmas territoriales que, desde la resistencia, negación o incorporación (Kessler, 2012), dan cuenta de la segregación como un fenómeno también identitario y político (Elorza, 2019), en constante interacción con las materialidades enlazadas en la vida cotidiana de los sujetos a partir de sus movilidades (Elorza, 2014; Jirón & Mansilla, 2014; Rodríguez, 2016). Los altos niveles de desigualdad social y territorial, y las diferentes formas de despliegue del Estado en distintos territorios, estarían promoviendo la naturalización de la desigualdad, y la producción de ciudadanías periféricas (Bayón, 2017).

La producción de la periferia popular de las ciudades chilenas

En el caso chileno, la agenda neoliberal se despliega en contexto de dictadura militar. En este marco, se implementa una política de vivienda focalizada en hogares de menores ingresos, basada en el subsidio a la demanda. Los hogares de menores ingresos debían acreditar ahorro, y postular a un subsidio habitacional que cubría al menos la mitad del valor de la vivienda; el saldo se cubría con crédito hipotecario. Una vez conseguido el subsidio, las familias debían buscar una vivienda en el mercado habitacional privado.

En la búsqueda por disminuir costos y aumentar el alcance cuantitativo de la política, se desarrollaron unidades pequeñas (de 31 a 45 metros cuadrados) en conjuntos masivos, muchas veces superando las 1.000 viviendas, en su mayoría localizados en áreas periféricas o periurbanas, formando una periferia popular fuertemente segregada (Castillo & Hidalgo, 2007; Imilan et al., 2016; Sabatini et al., 2001). Los conjuntos no contemplaban el desarrollo de infraestructura o equipamiento, ni estaban articulados con la provisión pública de educación, salud o transporte; quedaban alejados y mal conectados a los subcentros y oportunidades de la ciudad (Rodríguez & Sugranyes, 2005; Sabatini et al., 2013). La lejanía implicaba hacer largos viajes, superando en las grandes ciudades las tres horas diarias en el transporte (Sabatini et al., 2013). Los lotes para el desarrollo de áreas verdes estaban reservados, pero no fueron desarrollados, quedando como lotes vacíos entre edificaciones.

La implementación masiva de esta política llegó a construir 1.064.202 unidades de vivienda entre 1990 y 2003 (Ducci, 2007), lo que implicó una fuerte disminución del déficit habitacional. Sin embargo, este “éxito” cuantitativo tuvo nefastas consecuencias en términos de segregación y desigualdades territoriales, y con ello, en la calidad de vida y formas de habitar de los hogares populares que accedieron a estas viviendas (Ducci, 2007; Rodríguez & Sugranyes, 2005; Sabatini et al., 2013). Tras alrededor de una década de su entrega, las condiciones de vida en estos territorios eran muy deficitarias; se habían generado complejas problemáticas sociales, y sus habitantes experimentaban a diario la violencia y el aislamiento social y espacial. Situaciones de violencia y tráfico de droga se volvían habituales en sus calles. Estudios muestran los esfuerzos de los padres para mantener a sus hijos e hijas dentro de vivienda y así evitar su exposición a situaciones de violencia o redes de narcotráfico, construyendo ampliaciones, cierres y rejas (Lin, 2011; López-Morales, 2015; Salcedo et al., 2017).

Junto al enrejamiento y la fragmentación del espacio, también se extendía la desconfianza, y con ello, se volvía cada vez más difícil trabajar en conjunto por el barrio. Así como se fragmentaban los espacios, también se fragmentaban los vínculos, en tanto las condiciones de inseguridad y delito reducían el círculo de aquellos en que se podía confiar (Salcedo et al., 2017).

La consolidación de la periferia y el cambio de política

Los trabajos recién citados dan cuenta de un intenso debate académico, en complicidad con ONGs, que desde el primer lustro del 2000 evidenció los problemas sociales en los conjuntos construidos por el Estado. Estos trabajos entroncan con debates que desde temprano en los 90 ya habían puesto en tela de juicio la carga conceptual detrás de una política de vivienda orientada a la construcción en cantidad en detrimento de la calidad, y alertaban sobre la segregación que se estaba generando (Haramoto et al., 1997).

En un marco de creciente conciencia y presión de diversos actores, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo MINVU comienza a reformar y desarrollar nuevos programas. Se mejoran los estándares, se aumenta la superficie, se promueve que la vivienda acoja ampliaciones, y se elimina el componente crédito (Ducci, 2007). Con posterioridad, se genera un subsidio complementario que busca aumentar la capacidad de pago por suelo, para mejorar la localización de las viviendas. En paralelo, se comienzan a desarrollar programas de mejoramiento de la vivienda y el barrio, privilegiando modalidades colectivas y participativas de postulación (Hidalgo Dattwyler et al., 2017).

Todas estas intervenciones mejoraron los espacios de los barrios. Sin embargo, en aquellos territorios en que la segregación afectaba grandes zonas, así como en sectores en que los problemas de inseguridad eran más fuertes, estas intervenciones no conseguían un impacto significativo en la calidad de vida de los habitantes (Bustos, 2019).

Frente a esto, fue creciendo la presión de grupos organizados de habitantes. En este marco, surge el programa “segunda oportunidad”, que ofrece a los habitantes de conjuntos en sectores de alto deterioro la posibilidad de vender su casa al Estado, y salir de esos territorios. Este programa sólo consideraba compra y demolición de los bloques desocupados, es decir, no contemplaba apoyo en la búsqueda de nuevas viviendas para los vecinos que emigraron, ni planificación y desarrollo de alternativas de uso para los terrenos liberados por las demoliciones. Esto generó una situación de deterioro para los vecinos que decidían permanecer en el lugar (Castillo, 2014). En vistas de esta y otras dificultades, “segunda oportunidad” derivó en un programa de regeneración urbana, que considera tanto demoliciones, como rediseño de viviendas y espacios públicos.

Todo esto ha llevado a que los territorios en que se emplazan masivamente las viviendas sociales construidas durante los ochenta y noventa hayan pasado de una situación de abandono y ausencia del Estado, a estar, desde hace más de una década, en sucesivos procesos de intervención (Hidalgo Dattwyler et al, 2017).

Método

Esta investigación corresponde a un estudio de casos múltiples. Si bien su enfoque predominante es cualitativo, se requirió la combinación de materiales diversos para constituir cada caso de estudio en profundidad (Stake, 2013). A través de material secundario, se constituyó un marco de datos que permitió la selección de casos de conjuntos habitacionales que compartían características de tipología de vivienda, período de construcción, y condición de segregación. Sobre esto, se desarrolló un estudio cualitativo siguiendo los lineamientos de la teoría fundamentada (Strauss & Corbin, 2002), para generar categorías inductivas y teóricamente enriquecidas.

Participantes

Se realizaron entrevistas en profundidad a habitantes mayores de 18 años en conjuntos de vivienda social en la periferia segregada del Gran Santiago, Gran Concepción, y la conurbación Talca-Maule. Como paso previo a la selección de conjuntos y sujetos a entrevistar, se construyeron mapas de segregación socioeconómica con base en los datos de educación y bienes del Censo 20121. Sobre estos, se localizaron los conjuntos de vivienda social desarrollados por MINVU desde 1980 hasta 2000, lo que permitió la identificación de conjuntos localizados en amplias zonas de segregación. De estas zonas, se escogieron aquellas que hubieran sido foco de implementación de sucesivas intervenciones urbanas.

En ellas se realizaron entrevistas en profundidad a habitantes. Los criterios de inclusión fueron residencia de al menos diez años en el sector, diversidad etaria, y de género, e incorporación tanto de habitantes sin roles de liderazgo, como de dirigentes vecinales. La muestra quedó conformada por 18 entrevistados2: 15 mujeres y tres hombres, con rangos de edad entre 23 y 60 años; nueve de ellos dirigentes de organizaciones sociales, cuatro participantes no dirigentes, y cinco no participantes en organizaciones. El trabajo de terreno se desarrolló entre noviembre de 2019 y marzo de 2020.

Adicionalmente, se trabajó sobre material secundario y terciario correspondiente a un estudio previo realizado en las mismas tres ciudades3 12 años antes, lo que permitió reconstituir elementos perdurables e interpretar lo narrado por los sujetos en un contexto temporal más amplio.

Consideraciones éticas

Todos los procedimientos del estudio fueron autorizados y supervisados por el Comité de Ética Científica de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Respecto de todos los participantes del estudio, se desarrolló un proceso de consentimiento informado, en el cual se explicaba el objetivo del estudio y responsables del mismo, las características específicas de su participación en él (entre ellas: temas a conversar, duración de la entrevista, uso de grabadora de voz, voluntariedad y confidencialidad), y los usos que se daría a los datos. Quienes aceptaron participar, formalizaron su disposición firmando un documento de consentimiento informado, visado por el Comité ya referido. Los participantes fueron contactados a través de las organizaciones territoriales de los barrios (a las cuales se accedió a través de datos públicos), o bien, abordados a través de conversación informal en espacios públicos de los barrios. La participación fue totalmente voluntaria: no se ofreció ningún tipo de incentivo o contraprestación, y ninguno de los participantes tenía vínculos previos con el equipo investigador.

Plan de análisis

El análisis se realizó de forma inductiva a partir de la construcción de códigos emergentes, y constituyendo categorías inductivas, siguiendo los lineamientos de la teoría fundamentada. En una etapa intermedia, este análisis fue expuesto a otros investigadores del área, como forma de validación de la construcción de categorías, y apoyo en la interpretación.

Resultados

Se revisará los resultados en torno a dos momentos, la ausencia y la reaparición del Estado; y dos reflexiones, la visibilidad y la relación con los estigmas.

Las prácticas espaciales en la ausencia del estado

Cuando los vecinos llegan a sus viviendas nuevas, traen altas expectativas de lo que será su nueva vida. Sin embargo, a partir de su llegada, comienzan a “vivir lejos”: ir a trabajar desde el nuevo barrio, buscar colegio en el nuevo barrio, ir al consultorio en el nuevo barrio, todo quedaba lejos.

Había mucha cesantía, aquí en el sector mucha cesantía, y mi marido estuvo cesante. Complicado ese año, el 2000. Fueron como tres años que fueron complicados con las pegas. La gente el trayecto que hacían, era, pero larguísimo, porque nosotros por ejemplo esto era pura tierra, pa subir teníamos que subir allá arriba pa tomar locomoción. Colegio, cuando llegamos aquí colegio no encontramos porque el sector se había... construido tanto que ya los colegios, ni el colegio, yo tuve que poner a mis hijos en La Pintana, a ese sector porque no había aquí, aquí no había ningún colegio, este estaba copado, y había menos colegios, ahora hay más colegios construyeron más colegios (...) Cuando llegamos nosotros todavía estaba la lechería ahí. Caminábamos para adentro por acá, podíamos comprar tomates, el pepino, si lo sacaban de ahí mismo (Verónica)

Señalan que, más allá de los edificios de departamentos, no había nada más en su entorno. No había servicios, arbolado, ni calles. La ausencia de servicios y equipamientos tiene varias implicancias. Por una parte, tras algunos años en los conjuntos, los vecinos atribuyen una intencionalidad al Estado: nos vinieron a botar acá. Esto no se instala necesariamente desde una perspectiva crítica, sino desde el sentir de los vecinos. Así, en el origen, se crea una sensación de haber sido perjudicados por el Estado.

Cuando el gobierno hizo viviendas sociales, hizo viviendas sociales para animales y no para nosotros. Y sabes que pasa, que aquí vivimos gente de trabajo, gente de mucho esfuerzo, aquí hay muchos papás y mamás que se han sacado la cresta para tirar pa’ arriba a sus hijos, y la droga, la delincuencia se está comiendo a nuestros hijos, los está matando, aquí los cabros mueren gratuitamente, y sabís yo digo, lo mismo que te transmití ayer, yo digo que nadie, nadie se preocupa de los hueones que mandamos a vivir a Chuchunco city. Porque aquí el Estado hizo viviendas sociales sin calidad de vida… (Viviana, Proyecto SOC-24 (2007)

Es importante señalar que, pese a que los conjuntos desarrollados en esa etapa de la política habitacional corresponden principalmente a procesos de postulación individual, los vecinos rápidamente organizan estrategias comunitarias y buscan relacionarse con la autoridad para solucionar sus problemas. Se generan estrategias colaborativas, tanto para mejorar su entorno, como para apoyarse en labores cotidianas. Así, si bien la política entiende a los beneficiarios como propietarios individuales, y se presenta señalando que entrega viviendas terminadas, en la práctica hay mucho de autogestión comunitaria en la forma que van tomando estos barrios en una primera etapa.

Aquí en la avenida no había árboles. Entonces hicimos para un aniversario, me acuerdo, para el aniversario de la villa; quién consigue más cosas. Ya, empezamos todos. La sede se llenaba. Toda la gente, todos, todos los delegados de los blocks, todos los delegados estaban ahí, y… “¿chiquillos que vamos a hacer?” todos… ideas… (María)

Estos procesos de autogestión han quedado, sin embargo, invisibilizados, probablemente por su falta de eficacia en lograr soluciones, o eclipsados por la magnitud de las problemáticas que aquejaron a estos barrios en los años siguientes.

Entre los distintos barrios que componen estos sectores también se construyen diversas identidades. Respecto de los barrios contiguos se trazan distinciones y se generan conflictos, en la medida que se van urbanizando en el tiempo.

Esto era un potrero, se peleaban los de esa villa con los de esta villa y como era un potrero bajaban de allá y cruzaban por esta villa, o arrancando o estos siguiendo a los de allá o los de allá siguiendo, y se cruzaban para acá. Nosotros arrancando con todos los niños para adentro (Mónica)

En este sentido, el poblamiento parcelado implicó una percepción fragmentada del espacio que no fue superada por las conexiones físicas, que fueron mejorando circulaciones y acortando distancias. Los límites que cualquier afuerino no percibe, son evidentes y efectivos para los habitantes: influyen en las formas de moverse por el espacio. Estas condiciones, en interacción con las características de las viviendas y espacios comunes, dan lugar a nuevas estrategias cotidianas, que se vuelven parte del modo de vida en el territorio.

Entrevistada: Nosotros íbamos a la feria, yo cuando llegué aquí, como le digo llegamos todos ilusionados y nosotros veíamos que la gente por ejemplo de aquí caminaba por la calle, yo allá en Macul a dónde iba a caminar por la calle, la vereda. Pero aquí se caminaba por la calle. ¿Y sabe que es lo que decía yo? Oh me daba la impresión que eran gente chora porque caminaban por la calle, o sea, que los autos tocaban la bocina y la gente se corría, pero no salía de la calle, seguían caminando por la calle y yo no explicaba el por qué, yo decía eran choros, o sea tener cuidado con ellos, hombre, mujer. Y no me va a creer que no sé cuánto tiempo después yo andaba caminando por la calle también

Investigador: ¿y por qué lo hacía?

Entrevistada: Porque en las veredas se ponían los delincuentes, se ponían en grupo y asaltaban a la gente (Fresia)

Las actitudes defensivas respecto de lo que se entiende como agresividad o violencia en los espacios públicos, son asumidas y naturalizadas como parte cotidiana de vivir en el barrio. Pero como se puede ver en las narraciones, estas no se hacen propias, sino que se asumen con distancia. Los habitantes entienden que su uso se circunscribe al espacio del barrio, por lo tanto, en otros territorios estas estrategias se dejan de lado.

En estos primeros años, la acción pública sólo se evidenciaba en la edificación continua de nuevos proyectos de vivienda en los espacios baldíos de los alrededores. Asimismo, comienzan a llegar servicios de carácter privado tales como escuelas particulares subvencionadas4, o taxis colectivos5, facilitando las movilidades y el acceso a los servicios y actividades que las familias necesitan.

Resulta interesante que, en el origen, la retirada del Estado en términos de soportes y servicios no se ve acompañada de una arremetida del Estado policial, como ha sido documentado por autores como Wacquant respecto a territorios segregados en otras latitudes. En este sentido, esta ausencia del Estado, más que un proceso concertado de segregación o marginalización de ciertos grupos, aparece como una negligencia, un dejar hacer, o en palabras de los habitantes, un olvido.

No solamente nos hemos sentimos abandonados; estafados y perjudicados enormemente con cada gobierno que pasa, porque nunca nadie ha hecho nada si nosotros no nos hubiésemos movido (Fresia)

El regreso del Estado

La reaparición del Estado, a través de programas de reparación de las viviendas y provisión de servicios públicos, comienza en la segunda mitad de la década de los noventa, tras hacerse de conocimiento público, a través de los medios de comunicación, los problemas materiales que presentaban estas viviendas. Este proceso fue precedido por múltiples esfuerzos de los vecinos por visibilizar y buscar solución a sus problemáticas. En sus relatos se puede ver cómo, desde muy temprano, se organizan y buscan una interlocución, principalmente, con su gobierno local. Los municipios, sin embargo, no tenían instrumentos ni presupuesto que les permitiera dar respuestas.

Cuando el Estado reingresa a estos territorios, las intervenciones parten por la reparación de las viviendas, para paulatinamente ir inundando todos los aspectos de la vida cotidiana.

Para los vecinos esto fue un proceso con dos caras. Por fin había una respuesta pública a problemáticas que deterioraban su calidad de vida todos los días: muros mojados, hongos, desniveles, plagas etc. Los problemas de la vivienda invaden la vida privada de los habitantes. Los problemas de falta de equipamiento condicionan su vida pública. Toda la vida de las personas se vuelve una estrategia para lidiar con estas dificultades. En este marco, la llegada del Estado es bienvenida y esperada; hubo un esfuerzo activo de dirigentes y vecinos que apelaron por mucho tiempo a todo tipo de autoridades de gobierno para conseguir soluciones.

Pero el aterrizaje del Estado generó problemas imprevistos. Tres elementos marcan el regreso en vivienda y espacio público por parte del Estado. En primer lugar, durante los primeros años en los conjuntos, los vecinos habían realizado, de acuerdo a sus recursos y necesidades, modificaciones en sus viviendas y en sus barrios: subdivisiones, muebles a medida, revestimientos, cerramientos, etc. Asimismo, habían desarrollado organizaciones y redes entre ellos. Nada de esto fue considerado: se actuó sobre lo que consideró una página en blanco, desestimando el trabajo previo de los vecinos. En segundo lugar, las intervenciones fueron priorizadas desde el Estado, y no desde la escucha a los vecinos y sus organizaciones; tampoco los procesos de gestión de las intervenciones consideraron a los habitantes, sus percepciones y aprensiones. Por último, se orientó parte importante de la intervención a la demolición (parcial o total), lo que implicó procesos de relocalización (temporal y definitiva), presencia de sitios eriazos, y procesos de reconstrucción, que fueron prolongando el tiempo de presencia de la intervención en los territorios, y profundizando la afectación de la vida de los habitantes.

Ellos nos dijeron acá se van a tener que trasladar de un block a otro, desocuparlo, para nosotros poder arreglarlo, subir las baldosas, poner (...) al medio que le pusieron un pilar de fierro para sujetar un poco la loza que fue lo único pero a nosotros no nos preguntaban nada, uno llegaba allá y ellos hacían lo que querían, ellos llevaban en mente, o sea los planes que ellos llevaban, pero a nosotros no nos informaban nada, solamente nos decían tiene que salir de una nave a otra para reparar que se yo y bueno nosotros teníamos que acatar eso, porque decíamos ya ojala que esto se mejore y por seguridad cierto y bienestar de nosotros decidimos salir a las naves que ellos nos decían que teníamos que irnos (Eliana)

Estos procesos de intervención, que en el largo plazo efectivamente han transformado y mejorado la materialidad de estos barrios, también han sido en muchas dimensiones padecidos por los vecinos, por el trato recibido y los costos personales que han tenido para ellos, que se han sumado a las desventajas derivadas de su situación de pobreza y segregación. La historia de lo que ha ocurrido persiste en las edificaciones remodeladas y en las ausencias explícitas en los sitios baldíos. La sensación es de cansancio y desesperanza respecto a una posible transformación efectiva de sus territorios.

Entonces… ¿y los demás no tenemos derecho, no somos ciudadanos? entonces son muchas las falencias que hay, por eso yo le digo aquí quién nos tiene que reparar esta herida que nosotros tenemos es el gobierno, es el gobierno, entonces... que no se quiere hacer cargo, entonces pucha... Que hay que pelear, si hay que pelearla, pero es que... Que nosotros ya estamos agotados (Eliana)

En la actualidad, todos estos territorios cuentan con, al menos, los equipamientos públicos básicos: escuelas, centros de salud, y parques. También cuentan con apoyo municipal a través de distintos programas. Asimismo, los programas de vivienda y barrio han ido incorporando aprendizajes desde la experiencia, y en la actualidad operan a través de procesos participativos. Sin embargo, pese a todo, subsiste en los habitantes un cierto pesimismo respecto a que se produzcan transformaciones profundas en sus barrios.

La visibilidad constante

Dentro de los barrios, todo es un constante ver y ser visto por las ineludibles cercanías físicas. Si bien había delimitaciones claras, lo doméstico se dejaba entrever en lo público, y lo que ocurría en los espacios compartidos se sentía fuertemente en lo privado. Esto generó tanto adecuaciones en la vida privada (desde formas de discutir sin ser escuchado por los vecinos, hasta adecuaciones en los recintos por temor a que se cuele una bala perdida por la ventana), como tensiones en la vida pública y la relación con esos otros vecinos respecto de los cuales no se tiene intimidad. En la práctica, estas situaciones cotidianas exponen la existencia de cruces entre lo que habitualmente consideramos como espacio público, privado e íntimo.

Es horrible, es tremendo, no solo es fuerte para las personas que vienen de afuera, imagínate nosotros que vivimos acá. Donde escuchas todos los ruidos que puedan haber de arriba abajo, todos los ruidos que te puedas imaginar, no hay privacidad en lo más mínimo acá. O sea, imagínate tú las personas jóvenes, matrimonios jóvenes, es tremendo o sea ha sucedido que uno ha tenido que en la noche con el escobillón golpear pa’ arriba por la bulla, por el ruido que meten porque la pareja no puede tener intimidad porque acá se escucha todo. Eso no es broma ni es pa la risa, es una cuestión que da vergüenza decirlo. Y esto lo saben todas las autoridades que han pasado a lo largo de este tiempo, y lo peor es que hacen oídos sordos, sabes tú. Esa es la pena y la frustración más grande que tengo como dirigente social (Mónica)

Adicionalmente, la existencia de bandas dedicadas al tráfico de drogas, así como la continua presencia de la intervención pública, ha llevado a otras formas de visibilidad. Ha aumentado la necesidad de cuidar con quién puedes ser visto u oído en la calle, y a quién recibes en tu casa. Esto puede tener consecuencias que van desde perjudicar la relación con los dirigentes y con las agencias que están interviniendo (y con ello la pérdida de beneficios), hasta el ajuste de cuentas con violencia. Algunos vecinos pidieron autorización a funcionarios municipales para concedernos la entrevista. En una de nuestras visitas al barrio notamos que una vecina se había ido; luego recabamos que había quedado en medio de un conflicto vecinal, teniendo que salir del barrio.

A todo lo anterior se agrega una visibilidad aún más radical. A partir de fines de la década de 1990, estos conjuntos se convirtieron en objeto de películas y series, a la vez que crecientemente objeto de reportajes de prensa. Los vecinos saben que cada cierto tiempo sus vidas pueden aparecer expuestas en diarios y televisión. Esta visibilidad de la vida cotidiana ante la opinión pública es tanto una oportunidad como una amenaza para los vecinos. Por un lado, las organizaciones vecinales han utilizado la denuncia mediática y la exposición pública de situaciones para movilizar la ayuda del Estado. Sin embargo, tienen que vivir con las consecuencias estigmatizantes de esta exposición. Ante sus familias, amigos, compañeros de trabajo y estudio, los vecinos tienen que dar cuenta de vivir en estos territorios que aparecen retratados como reductos de tráfico de droga y violencia. Deben convivir con el cuestionamiento, el no recibir visitas, y la desesperanza de vivir en territorios que, a pesar de la tremenda intervención que reciben, parecen no cambiar.

¿Ustedes son de Bajos de Mena? no, no hay pega” “no... no hay esto” o sea todo... no, todo... nos negaron por mucho tiempo, entonces la televisión también “ay, el ghetto” entonces todas esas cosas a nosotros nos hicieron mucho daño (María)

El deterioro de la identidad territorial

Uno de los elementos más sentidos por los vecinos es el residir en un lugar que saben que está asociado a atributos negativos. En su relato, cuando ellos llegaron a residir a estos barrios no se sentían portadores de un estigma. Sin embargo, a poco andar se dan cuenta que sus barrios, aunque nuevos, se ven afectados por el estigma de sectores cercanos.

Yo siempre traía, llevaba consultas, decía “mire, qué puedo hacer...” a mi jefe le decía “mire doctor sabe que tengo esta persona enferma, ¿Qué puedo hacer con ella?” y todo, todo eso yo se lo llevaba y un día se juntaron tres doctores y me dicen “Oye viejita queremos conversar contigo” Entonces yo dije “chuta, me van a despedir” dije yo porque los tres jefes que estaban ahí me llamaron, me dijo “Nosotros siempre estamos viendo que nos estás haciendo preguntas, nos estás haciendo cosas ¿Dónde vives tú?” entonces el miedo... porque para estos sectores era... vivir para acá cerca de La Pintana era... Era terrible poh, o sea no teníamos opción, entonces... Yo cuando yo entré a la clínica yo vivía en la Cisterna, entonces no había problema, pero yo después que me cambié aquí, yo no les quería decir en realidad (María)

Con el paso de los años y el incremento de las problemáticas descritas anteriormente, dicha identidad se fue deteriorando crecientemente. En esto jugó un rol fundamental el tratamiento que estos temas recibieron en los medios de comunicación. Se fueron haciendo conocidos los nombres de los conjuntos, o bien, de sectores completos, instalando imágenes que combinaban características o problemáticas materiales (las casas de nylon, los blocks de lata) con situaciones de delincuencia.

Al entrevistar a habitantes de estos sectores, este tema brota espontáneamente, sin preguntarlo. Y junto a él emergen sentimientos de tristeza, injusticia e impotencia.

Estamos un poquito estigmatizados como barrio (nombra su barrio), usted sabe, por lo que se vive acá en el sector. Nos han hecho un par de comentarios en la radio, que poco menos hay aquí en el sector hay pura gente floja o vagos, drogadictos. No, yo les digo en la radio, incluso un día una señora mandó un mensaje que yo le respondí vaya a darse una vuelta aquí a las 6 de la mañana aquí en el barrio norte, 6 o 7 de la mañana y vaya a ver a los temporeros cómo están esperando los buses para ir a trabajar, para ir a ganarse el sustento diario, o sea, la gente usted viene a darse una vuelta y la gente en la mañana, movimiento para acá, movimiento para allá, todos van a trabajar (Mauricio)

En todos los entrevistados el estigma no sólo es percibido como injusto, sino que se resiste activamente. La gente responde a los otros cuando es discriminada por el lugar donde vive. Pero al mismo tiempo, en ocasiones las personas simplemente prefieren omitir su lugar de residencia si les es posible.

Discusión y conclusiones

Las intervenciones producto de la acción reciente del Estado sobre los territorios analizados tienen efectos que conviven en simultaneidad con los de su ausencia en el pasado. Los procesos de deterioro que se originaron en la segregación y el abandono, así como la producción y reproducción de significados asociados al espacio por parte de vecinos, parecen resistir las intervenciones urbanas y sociales. También el estigma permanece, tanto en el nivel de conciencia y afectación que manifiestan los entrevistados frente a él, como en sus consecuencias en términos de cohesión e integración social urbana.

En la práctica, el marco de política que produjo estos territorios, de un Estado que financia la vivienda, pero no se hace responsable de la producción de ciudad, sigue presente en las rutinas cotidianas, las edificaciones, las ausencias, y los relatos. Incluso la sobreintervención trae consigo la historia de abandono del Estado: el relato de esa ausencia sigue siendo pieza fundamental en el diagnóstico y selección de estos territorios como foco de intervención. Asimismo, cada nuevo problema, error o decepción en la relación con los programas públicos es interpretada por los habitantes en relación con la situación original, actualizando la sensación de abandono y maltrato.

La premisa implícita detrás de los programas que hacen foco en estos barrios es que hay poco en ellos que rescatar. Esto invisibiliza las múltiples y productivas estrategias individuales y asociativas desarrolladas por los residentes para, primero, hacer ciudad solos al momento de su arribo, y luego, resistir los problemas del rápido deterioro de sus viviendas y sus barrios, y hacer frente a los estigmas. Al mismo tiempo, la acción pública bajo esta premisa, se vuelve eficaz y performativa en el territorio: los barrios también son lo que los programas dicen que son (y lo que han dicho que son en cada momento de su historia). En este sentido, ha habido un claro rol del Estado en la producción de la identidad deteriorada, y en la desarticulación comunitaria. Si originalmente el diseño de la política habitacional promovió la localización segregada de estos conjuntos, su actuar posterior colaboró a su segregación en el plano simbólico (en sintonía con Elorza, 2019).

Junto a la intervención del Estado, también se observan otros factores que han colaborado a la producción y reproducción de los estigmas, y a la desarticulación comunitaria. Respecto de los estigmas, queda pendiente indagar más decididamente en el rol de los medios de comunicación. A la desarticulación comunitaria colabora el desgaste de continuas intervenciones que no logran mejorar sustantivamente la calidad de vida, y la experiencia conjunta de extrema visibilidad, con la consecuente disolución de las diferencias entre íntimo, privado y público.

Frente a ambos procesos, fue posible identificar prácticas reflexivas (en línea con Anderson, 2019), y de resistencia y/o contestación (similares a las descritos por Kessler, 2012). La referencia directa de los habitantes a la responsabilidad del Estado muestra como ésta ha pasado de ser leída desde una clave de desigualdad hacia una dimensión más política y ciudadana.

Todo lo anterior plantea desafíos a la intervención urbana. Además, reforzar la necesidad de superar el “urbanismo fragmentador” (Jirón & Mansilla, 2014) del tiempo y el espacio, es preciso integrar esta dimensión política y reflexiva en la intervención. En este marco, el reconocimiento, inclusión y puesta en valor de las identidades y prácticas urbanas de vecinos en las formas de producción de la ciudad, resulta ineludible si se quiere avanzar hacia la superación de las ciudadanías periféricas (Bayón, 2017). El desafío es mayor para instituciones que portan la inercia de décadas en sus representaciones y modos de hacer, pero es el camino hacia una política con nuevos marcos y horizontes.

Referencias

1 

Alvarez, L., & Auyero, J. (2014). La ropa en el balde: Rutinas y ética popular frente a la violencia en los márgenes urbanos. Nueva Sociedad, 251, 17-30.

L. Alvarez J. Auyero 2014La ropa en el balde: Rutinas y ética popular frente a la violencia en los márgenes urbanosNueva Sociedad2511730

2 

Anderson, E. (2019). The code of the street. In A. Orum, The Wiley Blackwell encyclopedia of urban and regional studies. Wiley Blackwell.

E Anderson 2019The code of the street A. Orum The Wiley Blackwell encyclopedia of urban and regional studiesWiley Blackwell

3 

Bayón, M. C. (2012). El "lugar" de los pobres: Espacio, representaciones sociales y estigmas en la ciudad de México. Revista Mexicana de Sociología, 74(1), 133-166.

M. C. Bayón 2012El "lugar" de los pobres: Espacio, representaciones sociales y estigmas en la ciudad de MéxicoRevista Mexicana de Sociología741133166

4 

Bayón, M. C. (2017). Ciudadanías periféricas: Desigualdad, pobreza y fragmentación en los márgenes urbanos. In P. Ramírez Kuri, La erosión del espacio público en la ciudad neoliberal (pp. 815-844). UNAM.

M. C. Bayón 2017Ciudadanías periféricas: Desigualdad, pobreza y fragmentación en los márgenes urbanos P. Ramírez Kuri La erosión del espacio público en la ciudad neoliberal815844UNAM

5 

Bustos, C. (2019). Reflexiones sobre la evaluación del Programa Quiero mi Barrio: Paradojas de la multidimensionalidad del programa. In Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, MINVU (Eds.), Sustentabilidad a escala de barrio: Re-visitando el Programa Quiero mi Barrio (pp. 11-14). CEDEUS.

C Bustos 2019Reflexiones sobre la evaluación del Programa Quiero mi Barrio: Paradojas de la multidimensionalidad del programa Centro de Desarrollo Urbano Sustentable MINVU Sustentabilidad a escala de barrio: Re-visitando el Programa Quiero mi Barrio1114CEDEUS

6 

Castillo, M. J., & Hidalgo, R. (Eds., 2006). 1906/2006 Cien años de políticas de vivienda en Chile. Ediciones UNAB.

M. J. Castillo R. Hidalgo 20061906/2006 Cien años de políticas de vivienda en ChileEdiciones UNAB

7 

Castillo, S. (2014). Resistencia, desplazamiento y preferencias de localización de vivienda social: Externalidades del programa de recuperación de condominios sociales segunda oportunidad (tesis de postgrado). Universidad de Chile, Santiago, Chile.

S Castillo 2014Resistencia, desplazamiento y preferencias de localización de vivienda social: Externalidades del programa de recuperación de condominios sociales segunda oportunidadpostgradoUniversidad de ChileSantiago, ChileSantiago, Chile

8 

De Certeau, M. (1999). Los aparecidos de la ciudad. In M. de Certeau, L. Giard, & P. Mayol, La invención de lo cotidiano 2: Habitar, cocinar (pp. 135-146). Universidad Iberoamericana Biblioteca Francisco Xavier Clavigero.

M De Certeau 1999Los aparecidos de la ciudad M. de Certeau L. Giard P. Mayol La invención de lo cotidiano 2: Habitar, cocinar135146Universidad IberoamericanaBiblioteca Francisco Xavier Clavigero

9 

Di Virgilio, M., & Perelman, M. (2014). Ciudades latinoamericanas: Desigualdad, segregación y tolerancia. CLACSO.

M. Di Virgilio M. Perelman 2014Ciudades latinoamericanas: Desigualdad, segregación y toleranciaCLACSO

10 

Duhau, E. (2003). División social del espacio metropolitano y movilidad residencial. Papeles de Población, 9(36), 161-210.

E Duhau 2003División social del espacio metropolitano y movilidad residencialPapeles de Población936161210

11 

Ducci, M. E. (2007). La política habitacional como instrumento de desintegración social: Efectos de una política de vivienda exitosa. In M. J. Castillo, & R. Hidalgo (Eds.), 1906/2006 cien años de política de vivienda en Chile (pp. 107-123). Ediciones UNAB.

M. E. Ducci 2007La política habitacional como instrumento de desintegración social: Efectos de una política de vivienda exitosa M. J. Castillo R. Hidalgo 1906/2006 cien años de política de vivienda en Chile107123Ediciones UNAB

12 

Elorza, A. (2019). Segregación residencial y estigmatización territorial: Representaciones y prácticas de los habitantes de territorios segregados. EURE, 45(135), 91-109. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612019000200091

A Elorza 2019Segregación residencial y estigmatización territorial: Representaciones y prácticas de los habitantes de territorios segregadosEURE4513591109 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612019000200091

13 

Goffman, E. (2006). Estigma: La identidad deteriorada. Amorrortu.

E Goffman 2006Estigma: La identidad deterioradaAmorrortu

14 

Haramoto, E., Jadue, D., & Tapia, R. (1997). Programa de viviendas básicas en la Región Metropolitana: 1990-1995 un análisis crítico desde una perspectiva global. Revista de Arquitectura, 16(44), 32-37.

E. Haramoto D. Jadue R. Tapia 1997Programa de viviendas básicas en la Región Metropolitana: 1990-1995 un análisis crítico desde una perspectiva globalRevista de Arquitectura16443237

15 

Hidalgo Dattwyler, R., Urbina Terán, P., Alvarado Peterson, V., & Paulsen Bilbao, A. (2017). Displaced and forgotten people? Contradictions regarding residential satisfaction in Bajos de Mena, Puente Alto, Santiago, Chile. Revista INVI, 32(89), 85-110. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-83582017000100085

R. Hidalgo Dattwyler P. Urbina Terán V. Alvarado Peterson A. Paulsen Bilbao 2017Displaced and forgotten people? Contradictions regarding residential satisfaction in Bajos de Mena, Puente Alto, Santiago, ChileRevista INVI328985110 http://dx.doi.org/10.4067/S0718-83582017000100085

16 

Imilan, W., Olivera, P., & Beswick, J. (2016). Acceso a la vivienda en tiempos neoliberales: Un análisis comparativo de los efectos e impactos de la neoliberalización en las ciudades de Santiago, México y Londres. Revista INVI, 31(88), 163-190.

W. Imilan P. Olivera J. Beswick 2016Acceso a la vivienda en tiempos neoliberales: Un análisis comparativo de los efectos e impactos de la neoliberalización en las ciudades de Santiago, México y LondresRevista INVI3188163190

17 

Jirón, P., & Mansilla, P. (2014). Las consecuencias del urbanismo fragmentador en la vida cotidiana de habitantes de la ciudad de Santiago de Chile. EURE, 40(121), 5-28. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612014000300001

P. Jirón P. Mansilla 2014Las consecuencias del urbanismo fragmentador en la vida cotidiana de habitantes de la ciudad de Santiago de ChileEURE40121528 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612014000300001

18 

Kaztman, R. (2009, marzo). Territorio y empleo: Circuitos de realimentación de las desigualdades en Montevideo. Rethinking inequalities. XXVIII International Congress of the Latin American Studies Association (LASA), Río de Janeiro, marzo 2009.

R Kaztman 032009Territorio y empleo: Circuitos de realimentación de las desigualdades en Montevideo. Rethinking inequalitiesXXVIIIInternational Congress of the Latin American Studies Association (LASA)Río de Janeiromarzo 2009

19 

Kessler, G. (2012). Las consecuencias de la estigmatización territorial: Reflexiones a partir de un caso particular. Espacios en Blanco. Revista de Educación, 22, 165-198.

G Kessler 2012Las consecuencias de la estigmatización territorial: Reflexiones a partir de un caso particular. Espacios en BlancoRevista de Educación22165198

20 

Lefebvre, H. (1974). La producción del espacio. Capitán Swing.

H Lefebvre 1974La producción del espacioCapitán Swing

21 

Lefebvre, H. (1991). Critique of everyday life. New Left Books.

H Lefebvre 1991Critique of everyday lifeNew Left Books

22 

Lin, T. (2011). Evolución del espacio doméstico en "bloks" de vivienda social: Autoconstrucción y vulnerabilidad en conjunto de vivienda básica. Revista CIS, 3-23.

T Lin 2011Evolución del espacio doméstico en "bloks" de vivienda social: Autoconstrucción y vulnerabilidad en conjunto de vivienda básicaRevista CIS323

23 

López-Morales, E. (2015). Suelo urbano y segregación residencial: Hacia una agenda de integración social para zonas centrales metropolitanas chilenas. Revista Ciudades, 18, 197-213. https://doi.org/10.24197/ciudades.18.2015.197-213

E López-Morales 2015Suelo urbano y segregación residencial: Hacia una agenda de integración social para zonas centrales metropolitanas chilenasRevista Ciudades18197213 https://doi.org/10.24197/ciudades.18.2015.197-213

24 

Moctezuma Mendoza, V. (2017). Experiencia y significados simbólicos de los habitantes de conjuntos urbanos de interés social en México: Segregación, diferencia y distinción. Estudios Demográficos y Urbanos, 32(3), 487-514. https://doi.org/10.24201/edu.v32i3.1723

V Moctezuma Mendoza 2017Experiencia y significados simbólicos de los habitantes de conjuntos urbanos de interés social en México: Segregación, diferencia y distinciónEstudios Demográficos y Urbanos323487514 https://doi.org/10.24201/edu.v32i3.1723

25 

Morales, E., & Rojas, S. (1986). Relocalización socio-espacial de la pobreza: Política espacial y presión popular, 1979-1985. Documento de trabajo FLACSO.

E. Morales S. Rojas 1986Relocalización socio-espacial de la pobreza: Política espacial y presión popular, 1979-1985Documento de trabajoFLACSO

26 

Rodríguez, A., & Sugranyes, A. (2004). El problema de vivienda de los "con techo". EURE, 30(91), 53-65. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612004009100004

A. Rodríguez A. Sugranyes 2004El problema de vivienda de los "con techo"EURE30915365 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612004009100004

27 

Rodriguez, A., & Sugranyes, A. (Eds., 2005). Los con techo: Un desafío para la política de vivienda social. Ediciones SUR.

A. Rodriguez A. Sugranyes 2005Los con techo: Un desafío para la política de vivienda socialEdiciones SUR

28 

Rodríguez, P. (2016). El debilitamiento de lo urbano en Santiago, Chile. EURE (Santiago), 42(125), 61-79. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612016000100003

P Rodríguez 2016El debilitamiento de lo urbano en Santiago, ChileEURESantiago421256179 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612016000100003

29 

Rodríguez, J. (2007). Segregación residencial, migración y movilidad espacial: El caso de Santiago de Chile. Cadernos Metrópole, 17, 135-168.

J Rodríguez 2007Segregación residencial, migración y movilidad espacial: El caso de Santiago de ChileCadernos Metrópole17135168

30 

Sabatini, F., Cáceres, G., & Cerda, J. (2001). Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción. EURE, 27(82), 21-42. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008200002

F. Sabatini G. Cáceres J. Cerda 2001Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acciónEURE27822142 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008200002

31 

Sabatini, F., Wormald, G., & Rasse, A. (Eds., 2013). Segregación de la vivienda social: Ocho conjuntos en Santiago, Concepción y Talca. RIL-IEUT.

F. Sabatini G. Wormald A. Rasse 2013Segregación de la vivienda social: Ocho conjuntos en Santiago, Concepción y TalcaRIL-IEUT

32 

Salcedo, R., & Rasse, A. (2012). The heterogeneous nature of urban poor families. City & Community, 11, 94-118. https://doi.org/10.1111/j.1540-6040.2011.01385.x

R. Salcedo A. Rasse 2012The heterogeneous nature of urban poor familiesCity & Community1194118 https://doi.org/10.1111/j.1540-6040.2011.01385.x

33 

Salcedo, R., Alejandra, R., & Cortés, A. (2017). Del proyecto colectivo al aislamiento: La desaparición de la noción de barrio. In T. Errázuriz, & R. Greene (Eds.), Salcedo, (pp. 193-207). Bifurcaciones.

R. Salcedo R. Alejandra A. Cortés 2017Del proyecto colectivo al aislamiento: La desaparición de la noción de barrio T. Errázuriz R. Greene Salcedo193207Bifurcaciones

34 

Salcedo, R., Hermansen, P., & Rasse, A. (2017). Habitando el gueto: Estrategias para sobrevivir un espacio público deteriorado: El caso de Bajos de Mena en Santiago. In T. Errázuriz & R. Greene, Salcedo (pp. 175-192). Bifurcaciones.

R. Salcedo P. Hermansen A. Rasse 2017Habitando el gueto: Estrategias para sobrevivir un espacio público deteriorado: El caso de Bajos de Mena en Santiago T. Errázuriz R. Greene Salcedo175192Bifurcaciones

35 

Saraví, G. (2008). Mundos aislados: Segregación urbana y desigualdad en la Ciudad de México. EURE, 34(103), 93-110. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612008000300005

G Saraví 2008Mundos aislados: Segregación urbana y desigualdad en la Ciudad de MéxicoEURE3410393110 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612008000300005

36 

Segura, R. (2006). Segregación residencial, fronteras urbanas y movilidad territorial: Un acercamiento etnográfico. Instituto de Desarrollo Económico y Social.

R Segura 2006Segregación residencial, fronteras urbanas y movilidad territorial: Un acercamiento etnográficoInstituto de Desarrollo Económico y Social

37 

Segura, R. (2013). Los pliegues en la experiencia urbana de la segregación socio-espacial. In M. Carman, N. Vieira da Cunha, & R. Segura (Eds.), Segregación y diferencia en la ciudad (pp. 143-170). CLACSO.

R Segura 2013Los pliegues en la experiencia urbana de la segregación socio-espacial M. Carman N. Vieira da Cunha R. Segura Segregación y diferencia en la ciudad143170CLACSO

38 

Soja, E. W. (1980). The socio-spatial dialectic. Annals of the Association of American Geographers, 70(2), 207-226. https://doi.org/10.1111/j.1467-8306.1980.tb01308.x

E. W. Soja 1980The socio-spatial dialecticAnnals of the Association of American Geographers702207226 https://doi.org/10.1111/j.1467-8306.1980.tb01308.x

39 

Soja, E. (1996). Thirdspace: Journeys to Los Angeles and other real-and-imagined places. Blackwell.

E Soja 1996Thirdspace: Journeys to Los Angeles and other real-and-imagined placesBlackwell

40 

Stake, R. (2013). Estudios de casos cualitativos. In N. Denzin & Y. Lincoln (Comps.), Manual de investigación cualitativa . Volumen III (pp. 154-197).

R Stake 2013Estudios de casos cualitativos N. Denzin Y. Lincoln Manual de investigación cualitativaIII154197

41 

Strauss, A., & Corbin, J. (2002). Bases de la investigación cualitativa: Técnicas y procedimientos para desarrollar la teoría fundamentada. Editorial Universidad de Antioquía.

A. Strauss J. Corbin 2002Bases de la investigación cualitativa: Técnicas y procedimientos para desarrollar la teoría fundamentadaEditorial Universidad de Antioquía

42 

Taschner, S., & Bógus, L. (2001). São Paulo, uma metrópole desigual. EURE, 27(80), 87-120. http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008000005

S. Taschner L. Bógus 2001São Paulo, uma metrópole desigualEURE278087120 http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008000005

43 

Wacquant, L. (2007). Los condenados de la ciudad: Guetos periferias y Estado. SXXI Editores.

L Wacquant 2007Los condenados de la ciudad: Guetos periferias y EstadoSXXI Editores

44 

Wacquant, L., Slater, T., & Borges Pereira, V. (2014). Estigmatización territorial en acción. INVI, 29(82), 219-240. https://doi.org/10.4067/S0718-83582014000300008

L. Wacquant T. Slater V. Borges Pereira 2014Estigmatización territorial en acciónINVI2982219240 https://doi.org/10.4067/S0718-83582014000300008

45 

Wormald, G., Flores, C., Sabatini, F., Trebilcock, M., & Rasse Figueroa, A. (2012). Cultura de cohesión e integración en las ciudades chilenas. Revista INVI, 27(76), 117-145. https://doi.org/10.4067/S0718-83582012000300004

G. Wormald C. Flores F. Sabatini M. Trebilcock A. Rasse Figueroa 2012Cultura de cohesión e integración en las ciudades chilenasRevista INVI2776117145 https://doi.org/10.4067/S0718-83582012000300004

Nota

1 Si bien este censo ha sido cuestionado en su completitud, se ha utilizado dado que todas las comunas analizadas están por sobre el 80% de completitud en sus datos. Asimismo, se ha preferido la utilización del censo 2012 dada la ausencia de variables de estratificación socioeconómica en el censo 2017.

2 Este trabajo de campo (así como el análisis del material) se realizó con apoyo financiero del Proyecto FONDECYT 1171184 y Milenio NCS17-007.

3 Proyecto Anillo en Ciencias Sociales SOC-24 Barrios en crisis y barrios exitosos producidos por la política de vivienda social.

4 Se trata de establecimientos educacionales a cargo de una entidad privada, pero que reciben subvención estatal.

5 Se trata de taxis que tienen una ruta preestablecida pero flexible, y que toman pasajeros de forma colectiva entre quienes necesitan movilizarse dentro de dicha ruta. Si bien las líneas de taxis colectivos son autorizadas por la autoridad de transporte, en la práctica el surgimiento de una nueva línea y su gestión corresponden a un emprendimiento privado.

Financiamiento

6 Financial disclosure Proyecto No. 1171184 FONDECYT Regular, Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder NCS17-007, FONDAP CEDEUS Centro de Desarrollo Urbano Sustentable.