Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 13, No. 2 (2014)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-424
Tamaño de la letra:  Pequeña  Mediana  Grande
Familias adolescentes: Entre no ser, no tener y no acceder

Resumen

El presente artículo propone abordar, la problemática y reconocimiento de las familias adolescentes desde la perspectiva de la política pública, con el fin de otorgar la posibilidad de que puedan conciliar y ser protagonistas de sus propias trayectorias, vinculados a los múltiples fenómenos que se dan en las interacciones sociales. A través de la revisión teórica sobre políticas públicas, familias, conciliación y adolescencia se busca visibilizar las maternidades y paternidades adolescentes como una forma de ser familia. Desde una metodología de tipo descriptivo-interpretativo se develan vivencias y tensiones narradas por padres y madres adolescentes. El estudio muestra la dificultad de ser reconocidos como actores protagónicos en el acto de conciliar con redes comunitarias y/o familiares el cuidado de sus hijos/as, pero también de sus propias trayectorias como sujetos. De no intervenir en ellas, se tensionan las variables asociadas a la cronificación de las condiciones de vulnerabilidad.

Palabras Clave

conciliación, familias adolescentes, género, política pública

Adolescent families: Trapped between not being, not having and not having

Abstract

The work described in this paper addresses the problems of adolescent families and the recognition of their condition from the perspective of public policy, so they can have the chance to reconcile with and take control of their own trajectories., connected with multiple phenomena that take place in social interactions. By reviewing the theory on public policies, families, conciliation and adolescence, we seek to make adolescent maternity and paternity visible as one way of being a family. From a descriptive-interpretative methodology standpoing, we were able to unveil experiences and tensions as narrated by teen parents. The study shows that it is difficult to be recognized as protagonists when reconciling with family and community networks not only the upbringing of their children but also their own development paths as persons. The absence of intervention in adolescent families develops tension in variables associated with the chronicity of the conditions of vulnerability.

Keywords

conciliation, gender, public policy, teen parents

Recibido

15 enero 2014

Aceptado

Cómo citar este artículo:

Celedón, R. y Garri, M. (2014). Familias adolescentes: Entre no ser, no tener y no acceder. Psicoperspectivas, 13(2), 67-76. Recuperado el 25 de septiembre de 2014 desde http://www.psicoperspectivas.cl

* Autor para correspondencia:

Roberto Celedón . Correo de contacto: rceledon@rodelillo.cl

Introducción

La Constitución Política de la República de Chile de 2005 caracteriza a la familia en su artículo 1º como el “núcleo fundamental de la sociedad”. Desde el sentido común, se entiende por familia a la unión de los padres con sus hijos/as en una vivienda que les sirve de hogar. En términos del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) (1993), la familia es “un grupo social unido entre sí por vínculos de consanguinidad, filiación (biológica o adoptiva) y alianza, incluyendo las uniones de hecho cuando son estables” (p.35). El Instituto Nacional de Estadísticas (1982) enfatiza que se trata de un “grupo de personas emparentadas entre sí, que viven juntas bajo la autoridad de una de ellas” (p.10).

Entre las dimensiones más analizadas de las familias se encuentran el tamaño, las relaciones de parentesco, el ciclo de vida, los tipos de jefatura de hogar y el número de hijos/as. Los integrantes de la familia se refieren principalmente en relación al que se denomina jefe/a de hogar, visibilizándose socialmente en esta relación de jerarquía (Arriagada, 2004).

Durante la primera mitad del siglo XX, las políticas macro del Estado chileno -relativas al mercado de trabajo, adquisición de vivienda y la salud- fortalecieron un tipo particular de familia: la familia nuclear patriarcal. Estas políticas estaban dirigidas a la gran población que migraba del campo a la ciudad, definida como de riesgo, temporera. Todo esto, con el objetivo de disciplinar a los hombres, promover establecerlos en un lugar y generar, así, un compromiso con la industria y la conformación de sus núcleos familiares. Esta forma de concebir el trabajo y la familia se fortalece con atributos de carácter científico —a partir de la teoría de los roles de Parsons— y se instala una ideología de la familia nuclear biparental con roles complementarios en términos de ser “funcional” y/o “normal” (Olavarría, 2000).

La construcción de familia se encuentra fuertemente influenciada por una ideología de la familia “funcional” o “normal”. Esta última, tiende a ser vista como “ideal”, es decir, la familia nuclear representaba el ajuste real a los cambios de la sociedad occidental industrial. Por otro lado, las políticas macro del Estado -relativas al mercado de trabajo, adquisición de vivienda y la salud- llevaron a fortalecer un tipo particular de familia: la familia nuclear patriarcal. Este núcleo se caracterizaría por no contar con el apoyo de la familia extendida y/o de origen, y su equilibrio estaría dado por la continuidad laboral del padre y la dedicación exclusiva de la mujer a lo doméstico y a la crianza. Esta relación se tensiona y entra en crisis si algunos de estos actores no puede cumplir con su cometido (Olavarría, 2000; Valdés, 2007).

Este ordenamiento da cuenta de la complejidad de las realidades familiares. Este último encuentra el punto de mayor tensión en la figura del nacimiento de un hijo/a de una madre y/o padre adolescente el que, a su vez –en términos generales-, está viviendo un período de reestructuración psíquica.

Mannoni, Deluz, Gibello y Hébrard (2001) define la adolescencia como una crisis identificatoria: “Las viejas identificaciones caen porque otras ocupan su lugar” (p.13). Estas se ubican en la instancia psíquica del Yo, entendida como un soporte que representa para el sujeto un eje referencial en cada momento histórico de su vida (Chemama & Vandermersch, 2004). Es por ello que, al verse desarticuladas las identificaciones que eran sustento de continuidad en el ser (ligadas al lugar de niño/a), el adolescente entra en crisis. Emergen así, nuevos procesos de construcción identificatorios, a partir de la presencia “humanizante” de los otros/as.

Desde la intervención psicosocial converge, por un lado, la convención sobre los derechos del niño, niña y adolescente finalizada en 1989 (que Chile ratifica en 1990) que instala –entre otras cosas- la facultad de reconocer, en nuestro caso a los adolescentes, no como objetos de atención, sino como sujetos de derechos con capacidad de defender y exigir sus derechos legalmente reconocidos. Por otro lado, las fronteras se tornan difusas en relación a los procesos de construcción identitaria de los y las adolescentes y que, en caso de los padres adolescentes, los modelos tradicionales de ser familias se presentan como el ideal a alcanzar (Celedón & Garri, 2010). De esta manera, estamos en presencia de un hecho que escapa –de la norma- a la trayectoria del ciclo vital de un sujeto, del que aún se espera que sea cuidado y no ejerza cuidado sobre otro/s.

La temática del cuidado se encuentra instalada en el debate académico (Silva, 2002; Arriagada 2004, 2005, 2007; Astelarra, 2005; Organización Internacional del Trabajo [OIT]/Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo [PNUD] 2009; Servicio Nacional de la Mujer [SERNAM] 2009; PNUD 2010; Pautassi 2007, 2008) como parte de múltiples fenómenos asociados a razones biológicas (aumento del promedio de vida de hombres y mujeres), socioculturales (globalización y migraciones), demográficas (disminución de la natalidad, nacimiento del primer hijo/a), enfoque de género (incremento paulatino de la mujer al mundo del trabajo remunerado), entre otros.

La realidad de la maternidad y paternidad adolescente, es un fenómeno complejo y cuyo debate público se encuentra en torno a la educación sexual, rendimiento y la retención escolar (Olavarría, 2008), evadiendo la pregunta si lo que se conforma es una “familia adolescente” capaz de proveer de cuidados hacia un hijo/a.

Planteado en términos del cuidado, cuando Pautassi (2007) dice: “se cuida como se puede, se es cuidado también como y cuando se puede” (p. 6) se releva la mirada en quien requiere de cuidados, así como en quien cuida. En el caso de las paternidades y maternidades adolescentes esto no se presenta nítidamente, sino que se restringe al ámbito educativo y no a la necesidad de ir equilibrando o conciliando las responsabilidades y las necesidades de las diferentes personas a nivel de la esfera individual, familiar y laboral. Olavarría (2011) puntualiza que

el concepto de conciliación entre trabajo y familia ha sido definido como la ´necesidad´ de que las personas puedan distribuir su tiempo de manera equilibrada entre su jornada de trabajo remunerado y sus responsabilidades familiares y/o domésticas como son el cuidado de los hijos y los mayores o las interminables tareas domésticas (p. 5).

Un antecedente a tener en cuenta es la cantidad de núcleos familiares adolescentes. La Tabla 1 da cuenta de aquello. Esta se obtuvo, a través del reprocesamiento de la encuesta CASEN 2009, la cual evidencia que el 2009 habían 58.231 núcleos familiares con jefatura adolescentes en Chile, correspondiendo el 69% a núcleos monoparentales y el 31% a biparentales.

Otro antecedente a considerar es que las mujeres adolescentes tienen crecientemente hijos/as de varones adolescentes, siendo el único grupo etario que presenta un incremento sostenido de un 350% aproximadamente, desde el año 1950 al 2000 (Olavarría & Madrid, 2005). Esto no sólo constata la evolución de los comportamientos sexuales y reproductivos de los adolescentes chilenos, sino que también la emergencia de una nueva realidad o fenómeno que podríamos llamar “familia adolescente”.

Tabla 1

Jefes/as de núcleos familiares adolescentes (menores de 20 años) por sexo según estado conyugal 

Estado conyugal Jefes de núcleos familiares adolescentes
 Hombre  %  Mujer % Total  %
Casado(a)  445  3,1  221  0,5  666  1,1
Conviviente o pareja  12.631  86,9  4.808  11,0  17.439  29,9
Soltero(a)  1.447  10,0  38.562  88,2  40.009  68,7
 Otros (anulados/as, separados/as, divorciados/as, viudos/as)  9  0,1  108  0,2  117  0,2
 Total  14.532  100,0  43.699  100,0  58.231  100,0

Fuente: Elaboración propia (FONDECYT 1080370: “Familias, maternidad y paternidad adolescentes en Chile. Magnitud, características, distribución geográfica, sentidos subjetivos y prácticas” 1

Aún puede surgir la pregunta si estamos ante un fenómeno que requiere atención desde la política pública. A nivel de salud pública, se activan las alertas y los dispositivos (Chile Crece Contigo), aunque, principalmente, es una realidad que se resuelve en el ámbito privado.

La realidad de la maternidad y paternidad adolescente es un fenómeno complejo y cuyo debate público se encuentra dirigido principalmente en torno a la educación sexual, rendimiento y la retención escolar (Olavarría, 2008), evadiendo la pregunta si lo que se conforma es una “familia adolescente”. Es ahí, que se observa una colisión de intereses entre los diferentes actores, en las que se dibuja y desdibuja/as familia(s), donde aparece como figura principal el niño o niña que nació, pero también entran en circulación: el debate por el cuidado, el nivel de autonomía en la toma de decisiones, los grados de participación y corresponsabilidad del padre y la madre adolescente, los derechos que se negocian y las responsabilidades que se delegan o asumen.

Es en razón de todo lo expuesto, que surge la pregunta, de cómo vivencian los padres y madres adolescentes la relación con los diferentes actores, y cómo equilibran las diferentes necesidades que se ponen en juego.

Metodología

Tipo de Estudio. Estudio  cualitativo  de  tipo descriptivo-interpretativo.

Muestra.Se realizaron 60 entrevistas semiestructuradas, a padres y madres adolescentes chilenos/as,  tanto en zonas rurales (Coihueco y Pinto) como urbanas (Región Metropolitana y Alto Hospicio). Se utilizó una muestra de juicio (judgement sampling), en la cual se seleccionan los informantes en virtud de ciertas características definidas como relevantes.

Los criterios para la selección de los casos contempló la inclusión de jóvenes en distintas situaciones familiares (madres adolescentes sin pareja, madres y padres adolescentes viviendo en pareja y padres adolescentes que no viven con sus hijos/as) de ambos sexos. Los  participantes fueron informados del propósito del estudio y consintieron participar en él.

Tabla 2

Cuadro descriptivo de la muestra

Situación escolar 2 Vínculo pareja 3 Convive con pareja
SI NO SI NO SI NO
Alto hospicio Hombre 5 5 9 1 4 6
Mujer 5 9 8 6 3 11
Santiago Hombre 5 0 4 1 3 3
Mujer 5 7 6 6 3 8
Chillán / Pinto / Coihueco Hombre 5 5 9 1 5 5
Mujer 5 5 3 7 0 10

Instrumentos. La  técnica  de  recolección de  la  información  usada  fue  la  entrevista semiestructurada. Esta  fue creada  a  partir  de  las siguientes categorías de rastreo de la información: infancia (eventos significativos), imagen de sí mismo, amigos- afectos- pareja, significado de tener un hijo/hija, la familia propia, cuidado y acompañamiento del hijo/a, estudios, transición a la adultez, modelos de crianza.

Análisis de Datos. Las entrevistas fueron incorporadas al software Ethnograph, programa específico para el análisis descriptivo-interpretativo. Las entrevistas fueron codificadas alrededor de conceptos.

Posteriormente, se realizó búsquedas en torno a los códigos: infancia, familia de origen, familia propia, modelo familia, paternidad/maternidad, proyectos, imagen, derechos y obligaciones, estudios transición adultez y trabajos.

Las entrevistas se analizaron desde la técnica del análisis de contenido, la que permite acercarse sistemáticamente al análisis de los elementos surgidos en un proceso de comunicación, todo esto “para hacer inferencias válidas y confiables con respecto a su contexto” (Hernández, Fernández & Baptista, 2001, p.293). A través de esta técnica se busca clasificar ciertos elementos del discurso en categorías, junto a la formación de hipótesis que aportan a los resultados y conclusiones de la investigación (Bardin, 1986).

En esta ocasión, se hará énfasis en la captación de los significantes construidos en relación al proyecto de vida, las vivencias relacionadas al proceso de autonomía v/s dependencia, entre otras unidades de análisis. Esto, con el fin de realizar un análisis comparativo para así dar cuenta de las tensiones y vivencias de estos padres entre la realidad que se les impone y las que buscan asumir desde los distintos contextos socio-culturales.

Los relatos que a continuación serán presentados en los resultados fueron seleccionados por ser representativos de la dimensión o variable analizada. El relato recogido de cada adolescente se acompaña de nombres ficticios, de sus edades, si se encuentran escolarizados 4 o no, localidad a la que pertenecen y si al momento de la entrevista se encontraban en una relación de pareja con el padre o madre de su hijo/a. El relato recogido de cada adolescente se acompaña de nombres ficticios, de sus edades, si se encuentran escolarizados o no, localidad a la que pertenecen y si al momento de la entrevista se encontraban en una relación de pareja con el padre o madre de su hijo/a.

 Resultados

Los relatos serán exhibidos a través de tres categorías que permiten dar forma a las temáticas de: “atribuciones en el cuidado y sus implicancias afectivas”,maternidad adolescente, su desvalorización y tensión con sus propias infancias” y “paternidad, sentirse ¿adultos?, autonomías y proyectos”. En cada categoría se incorporan nuevos elementos que permiten poner en tensión y enriquecer los relatos presentados por cada adolescente.

Finalizando la presentación de las tres categorías se agrega un apartado de discusión que presenta un análisis desde la política pública y de cómo esta considera la realidad y da respuesta a estos padres y madres adolescentes en la búsqueda de conciliar sus diferentes necesidades. 

Atribuciones en el cuidado y sus implicancias afectivas 

Una de las tensiones problematizadas en la investigación fue el preguntarse por el cuidado del hijo o hija desde el cómo se “negocian”, atribuyen y/o distribuyen tareas y responsabilidades entre los distintos actores/as que, formando un núcleo familiar secundario son parte de un hogar. Además, se investigaron las implicancias afectivas que se ven comprometidas para estos padres y madres adolescentes frente a esta tensión. Esto, a fin de visibilizar y legitimar la diversidad de prácticas familiares reconocidas por ellos/as en su función de cuidado.

La emergencia de la gestación adolescente y el posterior nacimiento transforma dinámicas, relaciones de poder, redefiniciones de expectativas, condiciones socioeconómicas, entre otros aspectos de la vida cotidiana. Es en esta cotidianeidad en que la distribución de tareas, roles y responsabilidades en el cuidado se ponen en juego, no solo entre los progenitores, sino que también junto a los abuelos/as y en algunos casos de los bisabuelos/as.

¿Se negocia el cuidado del hijo/a? ¿Qué sienten, que ganan, qué sienten, qué pierden estos padres y madres adolescentes, al no poder ocuparse de acompañar, proveer y cuidar a sus hijos/as como ellos/as e implícitamente los otros/as esperan?

Frente a la tensión de ser sujetos de derecho y pensarse con un futuro —de mejores oportunidades para ellos/as y sus hijos/as, conciliando con estudios y/o trabajo— emergen miedos y angustias a no ser reconocidos por sus hijos/as en su función de padre o madre. También se evidencia este fenómeno frente a un tercero (abuelos, abuelas, bis- abuelas, etc.), quien provee y al que se otorga la facultad de responder frente a lo que el niño o niña necesita en su desarrollo y crianza. En las entrevistas con los y las adolescentes aparece esta tensión en sus relatos,  tema que no está presente en las conversaciones entre ellos/as con sus madres y/o padres.

En este contexto surge la pregunta de cómo se negocia la delimitación de funciones, dado los relatos; la hipótesis que surge —más que negociar—, se cede y finalmente se impone. Frente a esta hipótesis se presenta la tensión de que padres y madres adolescentes tengan oportunidad de conciliar sobre el cuidado de sus hijos/as, si bien la familia extendida puede facilitar el cuidado, el imponer delimitación de funciones desde terceros puede generar pérdida de autoría en las decisiones sobre el cuidado de sus hijos/as.

Ser padre o madre en un tiempo adolescente implica compatibilizar tareas de estudio y de trabajos —por lo general— mal remunerados, que no siempre les otorgan sentimientos de empoderamiento frente a la experiencia de tener un hijo/a al que se pueda proveer tanto de afectos como de recursos económicos. Surgen sensaciones de inseguridad en el vínculo y en la función que ellos/as esperan construir en la relación con sus hijos/as.

Desde el lugar de los padres adolescentes, que no viven con sus hijos/as, se preguntan cómo pueden influir y limitar la fluencia de costumbres y creencias de la familia de origen del otro, obteniendo las siguientes respuestas:

 ‘Pienso que le afecta más en la crianza encuentro. Como yo no voy a poder estar mucho allá, siento que más adelante va a ser más influenciada por otra familia, que no es lo que yo quiero que sea. En algunas cosas como creencias muy antiguas, no sé, que el papelito 5, que la ofrenda de tener un hijo, cosas así. Bueno, hay cosas que me enojan y otras cosas que trato de evitarlas pasar. Cuando, por ejemplo: que hay que ponerla al sol para que no se ponga amarilla y tantas cosas que he tenido que estar al lado con el pediatra para que le diga que no es así. Y bueno, al igual que una dueña de casa, que está todo el día viendo teleseries y no quiero que sea así la Antonia’ (Daniel, 18 años, escolarizado, Región Metropolitana, tiene pareja).

Por otro lado, la presencia de la madre y/o padre de estos adolescentes pone en juego la distribución de los afectos y aspectos asociados al control y límites:

‘Bueno, no me quejo, como que igual de repente el Ale se pone como muy (…) mi papá lo sobreprotege mucho, no dejan que le digan nada pero igual lo reto, para que no haga lo que él quiera, si no va a terminar haciendo todo lo que él quiere. (…) cuando mi papá lo mal enseña, cuando yo le digo no y él le dice que sí’ (Alejandra, 17 años, escolarizada, Coihueco – Pinto, no tiene pareja).

A la sombra de las negociaciones en el cuidado y la crianza, se encuentran los afectos. Cuando abuelos/as, tías/os, hermanos/as comienzan a asumir tareas de cuidado y de crianza, en estos padres y madres adolescentes se gatillan temores en relación al querer: ¿A quién va a querer su hijo/a?, ¿quién es el adulto significativo? Se hacen presentes sentimientos de vulnerabilidad, en los cuales el poder simbólico que puedan poseer en relación a la función de cuidado de sus hijos/as se afecta.

Esa es la tensión que se produce: cómo negociar, el tema del cuidado, lo que desean para sus hijos/as, a quién va a reconocer como madre, a quién va a reconocer como padre. Para estos padres y madres adolescentes no ser reconocidos o nombrados es un temor cuando las decisiones sobre el cuidado de sus hijos/as es ejercido por terceros/as.

Una madre adolescente señala:

‘Los temores (…) es que si yo llego a estudiar el próximo año y mi abuelita, porque mi abuelita viene para acá y la cuida, que tenga miedo que se haga tanto cariño con ella que después me rechace ella a mí’ (Amanda, 14 años, no escolarizada, Región Metropolitana, tiene pareja).

Actualmente, la entrevistada no está escolarizada, pudiendo asumir las responsabilidades principales en esta etapa. Sin embargo, siente incertidumbre sobre lo que ocurrirá el próximo año cuando vuelva a estudiar. Se pone en amenaza el tema de los afectos y también se coloca en riesgo la escolarización.

Considerando esto, al preguntarles por el futuro expresan:

‘Espero que sea bueno ojala que el Bruno quiera irse conmigo, porque si se acostumbra mucho con mi mamá después no va a querer (…). Si por eso igual tengo que estar harto tiempo con él para que se acostumbre a mí’ (Paula, 17 años, escolarizada, Coihueco – Pinto, no tiene pareja).

La tensión que se produce en la negociación del cuidado del hijo/a complejiza las certezas de los afectos Esto ligado a la idea de que las familias adolescentes no visualizan ni tampoco se les reconoce en su función paterna o materna como un lugar de autoridad sobre las decisiones de cuidado.

Estos relatos no sólo plasman la angustia de no sentirse autónomos y reconocidos por los otros/as en su función materna o paterna; además, se les presenta el esfuerzo de tener que reivindicarse para ser reconocidos por sus hijos/as en dicha función, cuando existe un tercero que se ocupa y decide cómo se debe cuidar y/o criar. Junto a esto, se presenta la complejidad de invisibilizar y postergar la necesidad de cuidado de estas familias en su condición de adolescentes.

Maternidad adolescente, su desvalorización y tensión con sus propias infancias

Otra de las sensibilidades que se ven tensionadas en la dinámica relacional de estas familias adolescentes con sus familias extendidas y actores comunitarios es la constante desacreditación que se ejerce sobre ellas.

La falta de autonomía económica, la atribución de falta de herramientas sociales para poder construir lo que muchos comprenden por “familia” coloca a estos/as adolescentes en un lugar de constante cuestionamiento, en donde son vistos en su vulnerabilidad. De esta manera, las familias adolescentes se encuentran significativamente expuestas a la desvalorización, descalificación y falta de contención del mundo adulto y/o otros significativos, como profesores, amigos/as, y hermanos/as.

Desde los relatos recogidos, esta exposición se presenta en mayor medida en las madres adolescentes y más intensamente en aquellas que no tienen pareja. Es mucho mayor el castigo social y, en mayor medida, sienten que es manifestado por la abuela materna del recién nacido/a. El discurso de la abuela materna despliega más carga o castigo social para el embarazo adolescente. Por otro lado, en el discurso de las familias adolescentes aparece un abuelo que felicita, que contiene, frente a la complejidad de ser padre y/o madre. Por otro lado, en las paternidades adolescentes no es fuerte el discurso de estar justificándose ante los otros/as, además se presenta una mayor continuidad en sus trayectorias.

El tema es cómo ellas/os se relacionan y enfrentan este discurso, que en el trasfondo dice “cómo lo vas hacer ahora”, “¿te la puedes?” 6Las adolescentes que plantean el conflicto y vivencia presentan como base la idea que “esto es sin llorar”. 7

De esta forma, la pregunta que se genera es qué necesidad, cómo se conforman y se estructuran estas madres que tienen que andar escudándose de interpelaciones y juicios:

‘O sea ahora sí (…) cuando cambié eso fue cuando un tío me dijo: ‘ya viste ya la cagaste 8 ya, ya fuiste mamá y más encima cabra chica 9 y yo le dije: mire tío, le dije yo la que va a criar a la niña soy yo, le dije yo, no usted y usted tampoco va a poner plata 10 va a poner el papá, le dije yo, y los dos vamos a ser papas y usted no se va a meter, yo no voy a ir a pedirle limosna a usted (Carola, 17 años, escolarizada., Alto Hospicio, tiene pareja).

No sólo los adultos de la familia descalifican o “humillan” a la madre adolescente, sino que también personas de su generación como amigas o hermanos/as:

‘Apoyo, puro apoyo, yo creo que eso me ha faltado, en parte de mi familia, y también de mis hermanos, mi hermana igual me humilló harto (…) pero no (…) nada.’ (Evelyn, 16 años, no escolarizada, Coihueco- Pinto, no tiene pareja).

Otra fuente significativa de conflicto es la familia del otro/a, sobre todo en lo referente a las necesidades económicas:

‘¿qué le demandaría yo a ellos? Nada, porque no necesito las migajas 11 de ellos’ (Antonia, 18 años, no escolarizada, Alto Hospicio, no pareja).

En términos de los relatos para conciliar los estudios y la maternidad, una de ellas responde ante la pregunta si hubiera necesitado algún tipo de facilidad:

‘si un poco de facilidades, pero no por siempre, porque uno se acostumbra; pero digamos hay veces (…) yo, yo tuve una semana entera con las pruebas (del colegio) juntas todas y mi hija estaba enferma, estaba resfriada, estaba mal y no tuve que venir, igual me dijeron que si no las daba me iban a cerrar con puros rojos 12, entonces eso a mí (…) obvio que no iba a querer que me cerraran las notas con puros rojos (…) (Carola 1, 17 años, escolarizada, Alto Hospicio, tiene pareja).

Este relato viene a plasmar la sobre exigencia que experimentan las familias adolescentes con tal de responder a los mandatos de escolaridad y funciones parentales que se imponen desde lo social. Las familias adolescentes se ven tensionadas en la tarea de proveer de cuidados desprovistos de herramientas socio-comunitarias que les permitan cuidar en plenitud, por un lado, y responder al sistema escolar, por otro.

Algunas áreas teóricas del mundo psicosocial comprenden la adolescencia como una posición subjetiva particular, tal como plantea Birraux, Frioni, Gines, Huerre, Marty, Pelento et al. (2005) “no es para el psicoanalista ni una edad, ni una condición. Es un tiempo y un trabajo de transformación psíquica e integración de los efectos de la pubertad” (p.58). El adolescente comienza así un cambio del lugar de niño/a al lugar de joven. Ser madre durante la adolescencia significa, en el discurso de algunas de las mujeres entrevistadas, el quiebre del lugar de niña que ocupaban en su núcleo familiar. Para estas madres lo que se viene a irrumpir es la posibilidad de continuar siendo “la niñita de casa”, en donde muchas de las veces no solo se ven afectadas frente a la asignación de tareas asociadas al trabajo doméstico; para ellas lo que puede resultar mucho más significativo es la pérdida de exclusividad frente a ciertos cuidados de sus padres, que ahora son destinados a este nieto o nieta.

En relación a esta tensión manifiestan:

‘Cuando llego a mi casa soy madre. Aquí en el colegio soy media niña,  porque hago puras travesuras con mis compañeras. En el colegio soy más niña, soy más cabra chica 13y en mi casa soy más adulta’ (Alejandra, 17 años, no escolarizada, Coihueco-Pinto, no tiene pareja).

‘¿De mi maternidad? ¿Algún cambio?, no yo creo que no, que siguen siendo los mismos conmigo, bueno ahora quieren más al Benja que a mí’ (Andrea, 18 años, no escolarizada, Alto Hospicio, no tiene pareja).

‘Mi hermano no me habló como en dos semanas. La Natalia mi hermana no podía respirar, pero (…) ya, pasó, un día, el otro día y ahí hablamos, me dijeron: ¿ahora tú crees que estos peluches van a ser tuyos?, van a ser de la Martina, todos los juguetes que tienes de tu infancia son de la Martina’ (Amanda, 14 años, escolarizada, Región Metropolitana, tiene pareja).

Para estas madres la llegada de un hijo/a les señala que ya no son “las niñas de la casa”, más bien sienten que serán sus hijos/as quienes vendrán a ocupar ese lugar, y que, junto a esto, adviene un tiempo de nuevas tareas, nuevas transformaciones ligadas a un lugar más “adultizado”, distinto de ser, lo que ellas y los otros sociales comprenden, adolescentes.

En la invisibilización de la parentalidad adolescente, resulta complejo legitimar sus voces. Si existiera  un reconocimiento hacia ellos/as, resultaría legítima la exploración a su propia trama, que les permita encontrar orientación, continuidad y sentido a sus experiencias en el cuidado de sus hijos/as.

Paternidad, sentirse ¿adultos? Autonomías y proyectos

El discurso de asociar la paternidad con la consolidación de su identidad masculina aparece menos evidente en el discurso de éstos padres. Más bien, la paternidad adolescente asumida no se constituye como prueba de su virilidad (ya no es un ideal a alcanzar), sino que más bien constituye (en el caso de los padres asumidos) una tarea o compromiso.

La llegada de un hijo/a implica dar respuesta a nuevas obligaciones, que ellos construyen a partir del término “responsabilidad”. Una responsabilidad a asumir ante la familia, la pareja, los amigos/as, la sociedad, etc. Este término es inscrito desde estereotipos tradicionales de masculinidad, que giran en torno al proteger y proveer a su hijo/a de necesidades elementales como alimentación e higiene, poniendo énfasis en prioridades materiales. No se perciben mayores cambios en los discursos de éstos padres, en relación a cumplir la tarea “hegemónica” asignada, que es la de proveer.

‘(…) pienso que si yo traje una criatura a este mundo me corresponde a mí criarla y no a otras personas, no a mis padres, ellos tuvieron su etapa de estar con nosotros sus hijos, ahora me toca a mí; ellos me enseñaron y uno debe cuidar sus propias cosas…, por ejemplo la mayoría de las cosas ellos me las quieren comprar, pero yo no las dejo; si yo no tengo ellos las compran, pero si yo tengo trato de comprarle todo (…)’ (Andrés, 20 años, escolarizado, Coihueco – Pinto, tiene pareja).

Si bien, en algunos relatos se pudieron encontrar nuevos discursos sobre masculinidad y paternidad, que refieren al acto de vincularse desde “la ternura” o funciones de crianza “naturalizadas” como femeninas, estos aparecen de manera secundaria, en relación a la imposibilidad de poder proteger y proveer materialmente.

Al preguntarles por el qué significa para ellos tener un hijo/a responden:

‘Responsabilidad, una compañía para mí y una felicidad cuando llego del trabajo la veo, la siento llorar, me preocupo por ella, la tomo en brazo, todo eso (…)’ (Álvaro, 19 años, escolarizado, Coihueco – Pinto, tiene pareja).

‘(…) no sé, yo creo que hay que esforzarse, que uno tiene que esforzarse para el resultado que el niño en el fondo tenga una buena base emocional para su vida, en el fondo yo siento que esa es mi responsabilidad para él’ (Amaru, 20 años, escolarizado, Región Metropolitana, tiene pareja).

‘Una responsabilidad grande, porque, por ejemplo, en mi caso a mí no me ha faltado nada y eso es lo que intento, que a mi hijo no le falte nada y me esfuerzo para que el día de mañana él tenga todo’ (…) (Ayser, 19 años, no escolarizado, Alto Hospicio, tiene pareja).

Esta construcción sobre sus paternidades desplegada desde la “responsabilidad” es comprendida por algunos de los entrevistados como una “carga”, un “esfuerzo”, atado a ideas de compromiso y mayor madurez. Estas concepciones se configuran en complementariedad a las “tareas” que involucran a la madre, en las que ambas funciones parentales se presentan teñidas de construcciones de género hegemónicas en torno a lo que significa ser una madre y un padre en correspondencia a ideas imperantes acerca del ser masculino y femenino.

Estas nociones sobre el cuidado de los hijos/as ponen en tensión la noción de conciliación que supone lograr un adecuado equilibrio entre las distintas responsabilidades de las personas, que pueden ser de la esfera individual, familiar y laboral. La rigidez expuesta por estos padres y madres adolescentes no facilita la movilidad y autonomía en relación a las distintas funciones presentes en el cuidado de los hijos/as

Discusión

Desde la última década hay un incremento en la implementación de políticas sociales que busca fortalecer la familia nuclear. En un proceso gradual, los programas sociales —focalizados en un sujeto social— buscan ampliar su campo de intervención a los otros miembros del grupo familiar (Chile Solidario, Chile Crece Contigo, Ingreso ético familiar, entre otros).

Si bien estos programas contemplan y otorgan cuidados al embarazo adolescente y en la crianza de los primeros años del niño/a, no permiten la visibilización de las paternidades y maternidades adolescentes y tampoco a la familia adolescente. Es en este contexto de políticas de protección social, que es posible preguntarse sobre las consideraciones que existen desde la esfera pública sobre la noción de familias adolescentes, reconociendo su alta vulnerabilidad 14 y baja movilidad social.

Desde un enfoque económico, Espíndola y León (2002), que:

Por último, en los que han logrado una cobertura de la educación secundaria relativamente alta (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Panamá y Perú) el retiro antes de terminar este ciclo entraña también importantes pérdidas privadas y sociales: dejar la escuela dos años antes de completar dicho ciclo acarrea pérdidas de ingresos para los varones de alrededor del 19%. Es importante destacar que el mayor retorno por año adicional de educación que obtienen las mujeres en comparación con los hombres en los mercados laborales urbanos explica que los costos privados de la deserción sean, en los términos señalados, más altos para ellas (44%, 42% y 23%, respectivamente) (p. 43).

Desde aquí se plantea una necesidad ética de dar respuesta a esta realidad, en que se pone en juego —en términos de lo desarrollado por John Rawls (1973) — el maximizar la utilidad de las personas peor situadas de la sociedad. Planteando que hay que desarrollar políticas y transferencias que busquen aumentar los niveles de bienestar de los que tienen menos acceso y oportunidades.

El tema de las familias adolescentes no emerge explícitamente en la agenda de la política pública, sin embargo, está buscando forma en el territorio de  la protección social. Con ello, se busca permitir que la población que vive en condiciones de pobreza esté incorporada efectivamente al grupo beneficiario del programa y que, probablemente por falta de información o competencia, no reciban los beneficios del universalismo.

Sin embargo, en el caso de las familias adolescentes, se agrega un par de distinciones necesarias a tener en cuenta: una da cuenta de la asimetría de poder y de acceso a la información y la otra, se refiere a la escasa organicidad y débil capacidad de representación. Esto se explica por su condición de ser joven y no tener  autonomía; además no logran influir ni participar en las decisiones que afectan sus trayectorias. En términos de Deborah Stone (1997), los principales implicados no tienen capacidad de agencia. El padre y la madre adolescente se encuentran subordinados de 2 modos: por la autoridad legal (sus familias de origen) y por el poder simbólico, que se presenta a través de mandatos culturales y una subordinación generacional. Esto genera mecanismos de control basados en la autoridad, lo cual reduce los costos de transacción, que se pueden observar  —de  acuerdo a relatos de ellos—, en dos áreas. El disciplinamiento del cuerpo adolescente en términos de restricciones para salir y para tener espacios de intimidad sexual, además de una identificación de ellos/as con modelos tradicionales de ordenamiento de las relaciones de género (disciplinamiento de orden cultural).

Desde las políticas públicas en Chile se puede observar que, si bien existen diferentes programas (Chile Crece Contigo, Becas y programas de Apoyo para la Retención Escolar, Sala Cuna en Liceos, entre otros)  que contribuyen a dar una batería de respuestas que tocan directa e indirectamente el tema, éstos no se encuentran articulados en un sistema de respuestas integrales y coordinados que requieren las familias adolescentes. Si se analiza desde los distintos miembros de  la familia, y tomando la clasificación de Deborah Stone, se puede observar que los actores principales y oficiales son principalmente los niños y niñas, y secundariamente la madre adolescente visibilizada parcialmente desde el área educacional (por ejemplo, la ley Nº 19.688 15) y programas como el Chile Crece Contigo. Por otro lado, pero el padre adolescente si bien se debiera considerar actor principal, en la práctica es no oficial y secundario. Existe escasa inclusión desde las políticas públicas en acompañar el proceso del padre adolescente, y es visibilizado más bien como un actor secundario. Esta invisibilización conlleva costos para el logro de un mayor nivel de autonomía.

En síntesis, para enmarcar el tema de la fijación de agenda, se puede plantear con claridad que la familia adolescente es un “no asunto”, en términos de lo planteado por Alf Morris, miembro Laborista del parlamento, cuando refiere que un tema no es parte del debate, ni la agenda pública (Parsons, 2007, p.168). Si a ello sumamos, que la gran mayoría pertenece a familias con bajo capital social, la capacidad de influir en la política pública, para ser considerados como sujetos de acciones coordinadas desde distintos programas se encuentra restringida. 

Conclusiones

La familia adolescente es un “no ser” en la agenda pública, lo que conlleva a otro grupo de vulneraciones en términos de no tener y no acceder.

Socialmente no tienen reconocimiento pleno de derechos. Esta realidad, si bien puede ser reconocida por los actores institucionales ubicados en un territorio determinado, estos no tienen la fuerza de instalarlo en la agenda pública. Esto nos lleva a  que la idea de “familia adolescente” no es parte del debate público, ni de la opinión pública y menos de un movimiento social (Parsons, 2007).

Existe evidencia para afirmar que las respuestas ante la maternidad y paternidad adolescente son parciales o nulas, constituyéndose, además, en un fenómeno en donde lo que ellos expresan —sobre lo que han formado— es una familia. Ser padre o madre adolescente no solo es un tiempo de vulnerabilidad social en donde se ven —para muchos—  trastocadas la continuación de estudios y la inserción temprana al mundo laboral, sino que  se afectan las subjetividades que se despliegan en cada sujeto frente a la irrupción temprana de una función asociada al mundo de los adultos/as. El ser familia adolescente se inicia en la desigualdad de no encontrarse provisto de herramientas necesarias para cumplir dicha función bajo la mirada socio-política en donde el sentirse padre y madre, en donde el construir y sentirse familia solo por proveer de un vínculo afectivo se muestra insuficiente frente el ojo público.

La irrupción de la maternidad y paternidad en la adolescencia genera un quiebre desde la perspectiva de la movilidad social, y no intervenir invisibiliza las variables asociados a la cronificación de las condiciones de vulnerabilidad.

De esta manera, se constata, por un lado, la asimetría de poder al que se encuentran expuestos los padres y madres adolescentes, afectado por el lugar generacional que ocupan y por una cultura hegemónica que no permite visibilizarlos como familia. Por otro lado, queda expuesto que, por medio de la formulación de políticas de protección social, es factible romper con su invisibilidad, dando respuestas integrales a las necesidades especiales de este grupo vulnerado en su invisibilidad y así fortalecer las competencias y recursos para otorgar las condiciones para la movilidad social requeridas en el cuidado de sus hijos/as como también en sus propias trayectorias.

La visibilización de las familias adolescentes, a través de la formulación de políticas sociales dirigido a este grupo focalizado debe considerar la idea de conciliación, que lleva implícito la acción de mediar entre distintos actores —en esta ocasión—generacionales, en las que existen niveles de asimetría.

Dejar la temática conciliatoria en el ámbito privado pone en tensión que padres y madres adolescentes puedan ser actores presentes en la negociación del cuidado de sus hijos/as y de sí mismos. Hoy lo que se presenta son negociaciones individuales sin el reconocimiento de la comunidad. Esta realidad se complejiza si se tiene en cuenta que esto es una negociación en el ámbito privado, donde se espera que no haya contrarios ni opuestos, sino que reine la armonía.

Los lugares de negociación no aparecen definidos y requieren ser reconocidos tanto en el ejercicio de sus derechos como en sus responsabilidades de cuidado, trabajo doméstico, continuidad de trayectorias educacionales, etc.

El desafío de las instituciones es reconocer e incluir las distintas representaciones de ser familia, hoy caracterizadas por su inestabilidad, su capacidad de mutar, en que los posibles arreglos familiares pierden sentido y continuidad dado un contexto y tiempo determinado. Por tanto, implica nuevas aperturas a los emergentes sociales, cuidando de no excluir el lugar protagónico de las madres y padres adolescentes en relación al cuidado de sus hijos/as y sus propias trayectorias.

Notas

  1.  Una de las principales conclusiones que se desprenden de entrevistadas realizadas  en el marco del proyecto FONDECYT 1080370 “Familias, maternidad y paternidad adolescentes en Chile. Magnitud, características, distribución geográfica, sentidos subjetivos y prácticas” es que ellos se sienten familia, y que no son reconocidos por los adultos y el medio como tal. Las respuestas ante la pregunta de cómo definirían lo que ellos están formando son: “Familia, ella es parte de mi hijo y es parte mía”. (Ayser, 19 años, no escolarizado, Alto Hospicio, tiene pareja). “Familia, yo con mis hijas” (Camila, 16 años, no escolarizada, Región Metropolitana, no tiene pareja). “Familia, así se llama a papá, mamá e hijo” (Zeugma, 18 años, escolarizado, Región Metropolitano, tiene pareja). 
  2. Refiere a si al momento de la entrevista asiste con regularidad a un establecimiento educacional
  3. Refiere a cuando el/la entrevistado/a señala que son pareja con la madre o padre de su hijo/a
  4. Refiere a si al momento de la entrevista asiste con regularidad a un establecimiento educacional. 
  5.  Mito casero de colocar un papel mojado en la frente del bebe cuando este tiene hipo.
  6. Modismo chileno: ser capaz de lograr una tarea u objetivo
  7. Modismo chileno: no es posible quejarse
  8. Modismo chileno : cometer un grave error
  9. Modismo chileno: niña pequeña
  10.  Modismo: dinero
  11. Modismo chileno: limosna
  12. Modismo chileno: malas calificaciones escolares
  13.  Modismo chileno: niña pequeña
  14.  La mayor fecundidad adolescente disminuye significativamente en la medida que se aleja de las condiciones de pobreza. A ello se agrega que la paternidad o maternidad se traduce en una mayor vulnerabilidad (educacional y laboral) para su vida futura. Un grupo significativo (un 48%), según un estudio hecho el 2003  dejó de estudiar, para encontrarse trabajando en un 84% entre los 25 y 29 años, en comparación con los que no tienen hijos (58%), o de aquellos que tuvieron hijos después de los 20 años (79%) (Madrid, 2006).
  15.  En la Ley Nº 19.688, artículo único, de Agosto de 2000 se señala lo siguiente: El embarazo y la maternidad, no constituirán impedimento para ingresar y permanecer en los establecimientos de educación de cualquier nivel. Estos últimos deberán además otorgar las facilidades académicas del caso. Recuperado de:http://www.infojoven.cl/pf/derechos_1.php

Referencias

  1. Arriagada, I. (2004). Transformaciones sociales y demográficas de las familias latinoamericanas. Papeles de Población, 10(40), 71-95. Recuperado de http://www.redalyc.org/pdf/112/11204007.pdf
  2. Arriagada, I. (2005). Los límites del uso del tiempo: Dificultades para las políticas de conciliación, familia y trabajo. En I. Arriagada (Ed.), Políticas hacia las familias, protección e inclusión social (pp. 131-148). Santiago de Chile: CEPAL, UNFPA.
  3. Arriagada, I. (2007). Transformaciones familiares y políticas de bienestar en América Latina. En I. Arriagada (Coord.), Familias y políticas públicas en América Latina: Una historia de desencuentros (pp. 125-152). Santiago de Chile: CEPAL, UNFPA.
  4. Astelarra, J. (2005). Políticas conciliatorias: Conceptualización y tendencias. En X. Mora, M.J Moreno & T. Rohrer (Eds.), Cohesión social, políticas públicas conciliatorias y presupuesto público. Una mirada desde el género (pp. 27-38). México D.F.: Fondo de Población de las Naciones Unidas.
  5. Bardin, L. (1986). Análisis de Contenido. Madrid, España: Ediciones Akal.
  6. Birraux, A., Frioni, M., Gines, A., Huerre, L., Kancyper, L., Lauru, D., Maggi, I., Marty, F., Ouvry, O., Pelento, M., Pommier, F., Prego, C., Ulriksen, M. & Viñar, M. (2005). Adolescentes hoy. Montevideo: Trilce.
  7. Celedón, R. & Garri, M. (diciembre, 2010). Familias adolescentes: Conflictos y tensiones entre ser y no ser. Ponencia presentada en el Seminario Internacional “Familia: economía, Estado y sociedad”. Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Santigo de Chile, Chile.
  8. Chemama, R. & Vandermersch, B. (2004). Diccionario de psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu.
  9. Espíndola, E. & León, A. (2002). La deserción escolar en América: Un tema prioritario para la agenda regional. Revista Iberoamericana de educación, 30. Recuperado de http://www.rieoei.org/rie30a02.htm
  10. Hernández, R., Fernández, C. & Baptista, P. (2001). Metodología de la investigación. México: McGraw-Hill.
  11. Instituto Nacional de Estadísticas (1982). Organización del XV Censo Nacional de Población y IV de vivienda. Recuperado de http://www.ine.cl/canales/usuarios/cedoc_online/censos/pdf/censo_1982_volumen_III.pdf
  12. Madrid, S. (2006). Paternidades adolescentes y ordenamiento de género en Chile. Revista del Observatorio de la Juventud del Instituto Nacional de la Juventud, 10(3), 40-49.
  13. Mannoni, O., Deluz, A., Gibello, B. & Hébrard, J. (2001). La crisis de la adolescencia. Barcelona: Gedisa.
  14. Olavarría, J. (2000). De la identidad a la política: Masculinidades y políticas públicas. Auge y ocaso de la familia nuclear patriarcal en el siglo XX. En J. Olavarría & R. Parrini (Eds), Masculinidad/es. Identidad, sexualidad y familia (pp. 11-28). Santiago de Chile: FLACSO, UAHC.
  15. Olavarría, J. (2008). Madres y padres matriculados en el sistema escolar chileno: Factores asociados al rendimiento, retención y deserción. Santiago de Chile: Fondo de Investigación y Desarrollo en Educación (FONIDE).
  16. Olavarría, J. (2011). Hombres en Chile. Conciliación, corresponsabilidad y uso del tiempo: Tensiones y conflictos entre familia y trabajo. Proyecto FONDECYT N°1110553.
  17. Olavarría, J. & Madrid, S. (2005). Sexualidad, fecundidad y paternidad en varones adolescentes en América Latina y El Caribe. México: UNFPA/FLACSO Chile.
  18. Organización Internacional del Trabajo/ Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (2009). Trabajo y familia: hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social. Recuperado de http://amexcid.gob.mx/boletin/0210/docs/TRABAJO%20Y%20FAMILIA.pdf
  19. Parsons, W. (2007). Políticas Públicas. Una introducción a la teoría y la práctica del análisis de las políticas públicas. Buenos Aires: Miño y Davila.
  20. Pautassi, L. (2007). El cuidado como cuestión social desde un enfoque de derechos (Serie Mujer y Desarrollo). Santiago de Chile: CEPAL.
  21. Pautassi, L. (2008). Nuevos desafíos para el abordaje del cuidado desde el enfoque de derechos. En I. Arriagada (Ed.), Futuro de las familias y desafíos para las políticas públicas (pp. 59-76). Santiago de Chile: CEPAL, UNIFEM, UNFPA.
  22. Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (2010). Desarrollo humano en Chile. Género: los desafíos de la Igualdad. 2010. Santiago de Chile: PNUD.
  23. Rawls, J. (1995). Teoría de la justica. México: Fondo de Cultura Económica.
  24. Servicio Nacional de la Mujer (1993). Informe Comisión Nacional de la Familia. Santiago de Chile: Comisión Nacional de la Familia.
  25. Servicio Nacional de la Mujer (2009). Valorización del trabajo doméstico no remunerado (Encuesta de Uso del Tiempo Documento de Trabajo Nº 111). Santiago de Chile: Departamento de Estudios y Capacitación del SERNAM.
  26. Silva, P. (2002). Conciliación, vida laboral y familiar: un desafío para las políticas públicas. En J. Olavarría & C. Céspedes (Eds.), Trabajo y familia. ¿Conciliación? Perspectivas de género (pp. 107-118). Santiago de Chile: CEM, FLACSO, SERNAM.
  27. Stone, D. (1997). Policy paradox, the art of political decision making. New York: W.W. Norton and Company.
  28. Valdés, X. (2007). Lo privado y lo público: Lugares de desigual disputa. Recuperado de http://www.lazoblanco.org/wp-content/uploads/2013/08manual/bibliog/material_masculinidades_0308.pdf