Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 10, No. 1 (2011)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol10-Issue1-fulltext-132
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ISSN 0717-7798
ISSNe 0718-6924

VOL. 10, Nº 1, (ENERO-JUNIO) 2011

 

 

 

 

 

 

LOS LOCUTORIOS COMO ESPACIOS DE INTEGRACIÓN: LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN DE REDES E IDENTIDADES (**)

 

TELEPHONE BOOTHS AS  PLACES OF INTEGRATIONS: INFORMATION AND COMMUNICATION TECHNOLOGIES IN THE CONSTRUCTION OF NETWORKS AND IDENTITIES

Luz María Martínez (*)
Universidad Autónoma de Barcelona, España

María Carmen Peñaranda-Cólera
Universidad Autónoma de Barcelona, España

Anna Vitores
Universidad Autónoma de Barcelona, España

Lupicinio Iñiguez-Rueda (*) (**)
TIC-Migrations. FMSH-París, Francia

Resumen: La acelerada y masiva implementación de las TIC en las sociedades contemporáneas  pone de manifiesto el relevante papel que éstas toman, no sólo  como medio de acceso a la información, sino especialmente como forma de integración y participación ciudadana en un mundo de carácter glocal. De ahí que los espacios de acceso público a las TIC (cibercafés, bibliotecas, telecentros o locutorios) aparezcan como enclaves esenciales en los que indagar el impacto social que producen las nuevas tecnologías en sujetos y colectivos, así como para analizar las apropiaciones que sus usuarios/as hacen de las TIC, especialmente aquellas dirigidas a generar y consolidar redes sociales. En este artículo, tras revisar la literatura científico-social de los principales lugares de acceso público a TIC, nos acercaremos concretamente a los espacios denominados locutorios, tratando sus características y las formas específicas de vinculación y relación que sus usuarios/as más frecuentes, la población migrante, establece en ellos. En la discusión defenderemos el concepto de estación de asociaciones como útil antropológico para caracterizarlos.

Palabras clave: lugares públicos de acceso a TIC: locutorios; migración; estación de asociaciones.

Abstract: It`s clear that the accelerated and massive implementation in contemporary societies of ICTs makes their role ever more relevant, not just as means of information access but especially insofar as the role they play in forming citizen integration and participation modes that have a glocal character. Hence, public ICT access spaces (cybercafés, libraries, telecenters, or public call centers (locutorios)) appear to be essential enclaves where one can investigate the social impact produced by these new technologies on subjects and collectives, as well as to analyze how users put them to use, particularly those ICTs aimed at the promotion and consolidation of social networks. This article first offers a review of the scientific-social literature focused on the principal public ICT access spaces. It treats the specific characteristics and means of the links and relationships frequent users, the immigrant population, establish in the public call center. As such, it is treated as a place-metaphor for migratory processes in a globalized world. The discussion defends the concept of association stations as an anthropological tool to help elucidate the characteristics of this spaces.

Keywords: public ICT access spaces public; call centers; migration; association stations.

(*) Autor para correspondencia: Grupo de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Departamento de Psicología Social. Universidad Autónoma de Barcelona. Edificio B. 08193 Bellaterra (Barcelona). Correo de contacto: luzmaria.martinez@uab.cat

(**) Trabajo financiado por la DGEyC (Ministerio de Ciencia y Tecnología) (SEC2002-03446): “Impacto psicosocial y cultural de las innovaciones tecnocientíficas: procesos de cambio y reproducción social vinculados a la implementación y uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC’s)”. Trabajo realizado en e marco del GESCIT (Grup d’Estuids Socials de la Ciència i la Tecnologia, UAB) y del grupo TIC_Migrations (FMSH y TELECOM ParisTech). 


Introducción

El estudio del impacto de las innovaciones tecnocientíficas no puede obviar las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), teniendo en cuenta que éstas resaltan por su masiva y rápida implementación, y por el cada vez más sencillo acceso de los y las ciudadanos/as a ellas gracias a la existencia de diferentes espacios públicos que permiten su uso. De este modo, lugares como cibercafés y locutorios van destacando, al igual que las TIC, por su presencia habitual y en alza en nuestros escenarios urbanos, aunque, en tanto que servicio, ambos presenten una imagen un tanto estereotipada: los locutorios como espacios “estigmatizados” por asociación con la población inmigrante y con núcleos simbólicos de ésta como la irregularidad, la ilegalidad y el fraude (Garay, Martínez y Peñaranda, 2004), y los cibercafés (e inclusive algunos telecentros) como espacios vinculados a jóvenes y a ciertas prácticas de “adicción al juego” (Feliu, 2006) y a las propias tecnologías.

Pero una mirada más dinámica y menos cosificada a ese tipo de espacios y a las propias TIC puede mostrar su dimensión generativa de prácticas y acciones colectivas, por ejemplo como punto de relación de la población en tránsito y migrante (Martínez y Peñaranda, 2005) o de encuentro de jóvenes (Gil y Feliu, 2004; Gil, 2006). Así, y puesto que la articulación de personas y colectivos en espacios de acceso a TIC está contribuyendo actualmente a configurar, mantener o transformar redes sociales, un primer interés que ha dirigido nuestra investigación hacia ellos es precisamente que la importancia de las innovaciones tecnocientíficas en los entornos colectivos de conexión no sólo reside en su uso como herramienta de comunicación y de transmisión de información, sino en que, a partir de su uso, también se están generando y consolidando redes sociales (Martínez y Peñaranda, 2005; Mena, Palou y Garay, 2005; Peñaranda, 2005). Evidenciar las apropiaciones que se están dando en los espacios colectivos de acceso a TIC, identificar y analizar redes sociales de los/las usuarios/as de dichos lugares, puede dar cuenta del impacto tecnológico en el desarrollo de nuevas formas de in-formación y participación ciudadana en el tejido social.

Un segundo motivo, nacido del anterior, que nos lleva a investigar estos espacios, es que permiten reflexionar y repensar de forma situada las complejas relaciones entre sociedad (y la ciencia y su producción de conocimiento es parte y reflejo de ella) y tecnología. Así, si las innovaciones tecnocientíficas han sido contempladas tradicionalmente como propulsoras de cambios sociales per se o debidos a su funcionalidad como técnica, la aproximación a los espacios públicos de acceso a ellas nos obliga a cuestionar los enfoques deterministas de la tecnología, a situar ésta en la sociedad en la que se desarrolla y a desactivarla como el motor de explicación de los cambios que acontecen. Por eso, indagar sobre prácticas sociales concretas allá donde se insertan dichas innovaciones nos permite acceder a algunas dinámicas y procesos que hacen inteligible la tecnología y la dotan de sentido. Como apunta Gil (2006, p. 50): “las máquinas no cambian la sociedad sino que, cuando la máquina entra en nuestra vida, es que la sociedad ya ha cambiado”.

Un tercer interés que supone el estudio de los espacios públicos de acceso a TIC es, según lo anterior, que nos permiten aproximarnos de forma “micro” a ciertas reproducciones de dinámicas “macro”. Como espacios tecnosociales, dibujan un escenario donde se ponen en juego aspectos de dimensión macro-social – como ciertas condiciones económicas y legales - y micro-social – vinculados a procesos de subjetivación, interacción interpersonal e identificación-construcción de categorías.

En este sentido, y dado que nuestro trabajo se focaliza en el espacio específico de acceso a TIC que denominamos locutorio, podríamos decir que percibir un locutorio como analogía de procesos que tienen lugar en nuestra sociedad más allá de él, nos permitirá entenderlo:

Como una metáfora de la inmigración donde se entrecruzan desde aspectos definitorios de la globalización actual (preeminencia del mercado, desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación y su consecuente influencia en la conceptualización y usos del tiempo y del espacio así como de sus efectos de precarización) hasta sus implicaciones en la redefinición de las prácticas familiares, identitarias y personales (Garay, Martínez y Peñaranda, 2004, p. 7).

La Indagación Científico-Social de los Lugares Públicos de Acceso a las TIC

Una mirada a la literatura sobre los lugares de acceso público a las TIC permite mostrar una panorámica del estado de la cuestión en ciencias sociales (en cuanto a las preocupaciones, intereses y perspectivas de estudio desde las que se abordan tales espacios), y al mismo tiempo permite confeccionar un marco conceptual desde el cual elaborar un análisis de los acontecimientos que se dan en los diferentes espacios públicos de acceso a TIC, tratando los usos y apropiaciones tecnológicas que hacen sus usuarias/os y consumidores, y a su vez las dinámicas identitarias, relacionales, comunitarias y organizacionales que se generan allí.

La producción de conocimiento hallada en torno a los lugares de acceso público a las TICs, se mueve fundamentalmente en dos niveles distintos que se entrecruzan e interaccionan. Un nivel, en cierto modo general, tiene  que ver con la tecnologización de la sociedad actual y la “inclusión digital” de poblaciones y sujetos, y en este sentido, el acceso público a las TIC iría vinculado a posibilitar funciones colectivas y/o de orden público como la superación de la denominada brecha digital (que afecta a la ciudadanía, a comarcas o a diversas zonas urbanas y rurales de los países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo), la generación y gestión de comunidades y redes “reales y virtuales” (en proyectos regulados por las administraciones, pero también desregulados o fomentados por colectivos), o la transnacionalización de las comunicaciones, lo que hace de las TIC y sus lugares de acceso puentes local/globales.

Un segundo nivel, más específico pero en intersección con el primero, permite entender los espacios que ofertan TIC al público desde sus tipologías concretas y sus diferentes caracterizaciones, lo que significa usos y prácticas diferenciales en ellos y también, a menudo, perfiles de usuarios/as y redes diferentes. En este sentido, locutorios, cybercafés, bibliotecas y telecentros, todos ellos espacios de acceso a TIC, son tratados en los estudios revisados como lugares físico/virtuales diferenciados, más allá incluso de las definiciones estándar que nos indican que los telecentros son espacios físicos de acceso libre a TIC (principalmente a internet) con asistencia a los/las usuarios/as y con actividades de formación, que las bibliotecas son espacios de soporte a la educación que ofertan gratuitamente diversos servicios TIC (internet, CD-ROM de áreas de conocimientos, cursos interactivos, material multimedia en documentación, etc...), que los cybercafés son espacios de conexión a la red virtual concebidos como lugares de encuentro u ocio, o que los locutorios son comercios polifuncionales que combinan el acceso a TIC con otros servicios como el envío de dinero.

Expresadas así, esas definiciones tipológicas podrían dar a entender que las diferencias entre los distintos lugares son debidas a la tecnología concreta y los recursos accesibles en cada local, pero los estudios revisados señalan que no se deben sólo a los servicios ofertados, sino que también tienen que ver con sus usuarios/as habituales y con las apropiaciones que éstos hacen de los espacios y de las tecnologías que contienen. Y en este aspecto encontramos cierta estereotipación en muchos de los materiales revisados, puesto que, por ejemplo, mientras los locutorios son asociados habitualmente con población migrante (en ocasiones se identifican como “comercios étnicos”), los cybercafés a su vez se vinculan a los jóvenes y la cultura juvenil con una visión de esto último bastante homogeneizadora y estereotipada, ya que se habla a menudo de adicción al juego o de consumo de drogas en ese tipo de locales. En cuanto a los/las usuarios/as de telecentros, no queda tan señalado un grupo social concreto que los frecuente, más allá de ser población con perfiles formativos (y rural y adulta en los centros de teletrabajo), aunque en algunos países como Brasil queda más delimitado que se trata de servicios comunitarios para evitar la exclusión social (Ferreira, Mielniczuk y Caregnato, 2006), y por tanto, sectores marginales serían su población habitual.

Cybercafés

Existen multitud de estudios específicos acerca de  estos espacios, estudios que mayormente están centrados en los usos de las TIC más frecuentes en ellos (correo electrónico, hablas en chat, juegos, búsqueda de información, consulta de páginas pornográficas, etc.), y en las características y el perfil de sus usuarios/as (jóvenes en especial, pero también estudiantes o trabajadores).

Los cybercafés parecen estar presentes en buena parte del mundo, dado que hemos encontrado trabajos sobre ellos en países tan diferentes como México (Castro y Zepeda, 2004), Taiwán (Chao, Wang, Lin, Lee, et al., 2005), India (Chawla y Behl, 2006), Turquía (Gürol y Sevindik, 2006), Londres (Wakeford, 2003) y Reino Unido (Lee, 1999; Liff y Steward, 2003), Bostwana (Mauta y Mutula, 2004), Tanzania (Loth, 2001), China (Hong y Huang, 2005), Suecia (Ferlander y Timms, 2006), Escocia y Noruega (Laegran y Stewart, 2003) o Trinidad (Miller, 2004). Como hemos avanzado anteriormente, la gran mayoría de estos estudios hace referencia al uso “juvenil” de dichos espacios, pero también encontramos algunos artículos que los conciben en términos de sus funciones de  socialización y relación (Wakeford, 2003), percibiéndolos como espacios particulares de actividad que no se limitan a reproducir prácticas esterotipadas y dadas de antemano. También, puesto que los cybercafés son espacios públicos de acceso a TIC vinculados al ocio (en sus inicios a restaurantes y cafeterías; Tomassello y McClure, 2003), en general parecen representar una mayor libertad y permisividad de usos del espacio físico y virtual que la que presentarían otro tipo de espacios como las bibliotecas o telecentros, que en principio conllevan mayor control y rigidez normativa. Sin embargo, en varios de los estudios revisados aparece y se justifica una necesidad de regular y normativizar este tipo de espacios por parte de administraciones o gobiernos (así pasa en los estudios de Turquía – Gürol y Sevindik (2006) - y China – Hong y Huang (2005)), especialmente en lugares o países de baja penetración tecnológica en los que los cybercafés han supuesto una forma importante de inclusión digital para sus ciudadanos/as.

Por otra parte, las deficiencias tecnológicas de las naciones, la dinamización tecnosocial de sus comarcas y poblaciones (Berenguer, 2003), la potenciación de las redes sociales (Berenguer, 2003; Peiró Rubio, 2007), el “empoderamiento” que proporciona la tecnología (Hand, 2005; Ferreira, Mielniczuk, Caregnato, 2006), o la inclusión digital (Liff y Steward, 2003; Ferreira, Mielniczuk, Caregnato, 2006) y las “brechas” tecnológicas (Ferlander y Timms, 2006; Peiró Rubio, 2007), son ideas que encontramos, no sólo en relación a los cybercafés (algunas de ellas aparecen en estudios como el de India o Suecia, por ejemplo), sino también vinculadas al resto de espacios de acceso a TIC que hemos ido tratando: a los locutorios, en cuanto a lugares de comunicación transnacional posibilitadores de redes de colectivos con dificultades sociales, pero más directamente a bibliotecas y telecentros, puesto que esos lugares forman parte de las políticas de acceso a la comunicación y la tecnología llevadas a cabo por entidades y administraciones públicas.

Bibliotecas y Telecentros

Las referencias bibliográficas que hemos manejado sobre bibliotecas y centros comunitarios de acceso a TICs, aunque diferentes, tienen en común un cierto marco ideológico que, en el contexto de la sociedad de la información, entiende que ésta debe ser un bien accesible a todas las personas, con independencia de su nivel socioeconómico. Por ello, tanto las bibliotecas como los telecentros, en sus características distintas, están concebidos para ser proveedores de dicho acceso, procurando así la inclusión digital del mayor número de personas posible. Esa inclusión digital, sin embargo, conlleva grados, puesto que, como consideran algunos autores, el acceso a las TIC no garantiza la capacitación técnica, educativa y cultural de las personas para manejarlas, como tampoco el consumo de tecnología supone necesariamente la agencia o autonomía respecto a la misma. Así que los telecentros, “que cumplen la función de acercar las TIC a la población y al sector empresarial” (Peiró Rubio, 2006, p. 26), son los espacios teóricamente encargados de promover actuaciones, programas, intervenciones, materiales didácticos y talleres para lograrlo, y su trabajo se dirige “no sólo a personas individuales, sino que también interviene en la sociedad civil, en empresas, administraciones y sus plantillas“ (Peiró Rubio, 2007, p. 26).

Atendiendo a esto último, la creación de redes de aprendizaje y comunicación parece algo básico (el artículo de Liff y Steward (2003) vincula estos aspectos a la inclusión social), y en coherencia con la frase anterior de Peiró Rubio (2007) (la cual atañe a un estudio de telecentros de Asturias), la red que conecta y coordina estos espacios en  Catalunya, lugar éste donde desarrollamos nuestra investigación, tomó como objetivo crear y gestionar una versión virtual de los telecentros basada en el establecimiento de tres comunidades de ese tipo: teletrabajo, social y ciudadanía, todas con centros de soporte y dinamización. Iniciativas como esas nos señalan las nuevas políticas de las administraciones para relacionarse con la ciudadanía (Gómez, 2003), supuestamente rápidas, cercanas  y eficaces gracias a las TIC, pero que, sin embargo, al menos no se dieron así en el caso de nuestra experiencia de investigación. Lo que sí parece cierto es que, en la globalización actual que contextualiza la implantación de estos espacios tecnosociales, los procesos transnacionales, la movilidad de nuestras sociedades (Hiernaux, 2005) y la emergencia de las TIC están produciendo una redefinición del concepto de ciudadanía y de la gestión de su participación que será necesario analizar.

Locutorios

Por otro lado, y siguiendo con la tipología de lugares de acceso a TIC, la revisión efectuada no muestra demasiada producción académica escrita sobre “locutorios”. Esto puede tener que ver con el hecho de que no en todos los países existen locutorios, aunque sí hemos encontrado espacios de acceso a TIC en algunos países europeos que podrían ser considerados similares a lo que denominamos como tal en el estado español. Por ejemplo, las “téléboutiques” o “taxiphones” presentan características similares a las que suelen ser utilizadas para identificar los “locutorios”: son descritas como comercios de caracterización “étnica”, donde se da un uso de nuevas y variadas tecnologías, son transitadas por población migrante, están situadas en barrios de inmigración y funcionan como espacios de encuentro y de socialización en los que establecer vínculos transnacionales (Scopsi, 2002). Y en cuanto a los locutorios, a pesar de que el concepto de “comercio étnico” esté en discusión, encontramos de forma continuada en la literatura revisada su caracterización como tal espacio étnico, lo que ha llevado a algunos autores como Garcés (2006) a aclarar que un locutorio es más que eso si tenemos en cuenta que sus productos y servicios también van dirigidos a otras poblaciones. Así, este autor considera los locutorios como negocios híbridos más que étnicos, puesto que vienen definidos por su polifuncionalidad, socialidad (en cuanto a satisfacción de necesidades propias de las comunidades inmigrantes y alejadas de lo estrictamente comercial), y por la presencia en ellos de posibles hitos identitarios que remiten a comunidades desplazadas o territorios de origen.

La producción sobre locutorios, como vemos, vincula un acceso concreto a las TIC con las poblaciones inmigradas, pero muchas de las referencias bibliográficas que acercan los tópicos de inmigración y TIC los relacionan sin circunscribirlos a locutorios o a otros espacios concretos de acceso tecnológico, de una forma más global y genérica. Siguiendo esa línea, podemos encontrar trabajos en los que el acceso a las TIC contribuye a la aculturación e integración de migrantes en las sociedades de destino o, por el contrario, trabajos en los que las TIC refuerzan el sentimiento de comunidad mediante interrelaciones locales y transnacionales que posibilitan (Benítez, 2006), entre otras cosas, la reunificación familiar de personas migrantes y/o la reorganización de interacciones socioculturales de ese tipo de comunidades (Mandaville, 2001; Brouwer, 2006).

Los Locutorios: Un Locus Privilegiado de Construcción Social

Al acercarnos a los locutorios, nos propusimos de modo general considerar efectos psicosociales y culturales que pueden provocar o potenciar las innovaciones tecnocientíficas asociadas al desarrollo de las TIC, cuando éstas se ofrecen en ámbitos públicos. Estimábamos que las TIC permiten nuevas formas de gestionar y administrar el conocimiento y de entender las relaciones sociales, actuando como palancas que permiten alcanzar tanto nuevas formas de actividad económica como nuevas formas de organización social, y esto justificaba nuestra pretensión.

Así pues, con el fin de centrar nuestro objetivo nos emplazamos en los locutorios, pues los entendimos en un primer momento como lugares de tecnología y, especialmente, de fácil acceso a ésta, una condición que buscábamos en nuestro planteamiento. Se trata de espacios que desde hace unos años podemos encontrar en las ciudades del estado español como comercios de finalidad lucrativa que ofrecen principalmente servicios tecnológicos variados (servicio telefónico, venta de tarjetas prepago para usar ese tipo de comunicación, servicio de fotocopia y fax, recarga de móviles, incluso envíos de dinero y paquetería), y pueden parecer a priori enclaves marginales para un/a investigador/a que pretenda dar cuenta de algunos de los procesos que acontecen en nuestra sociedad y en nuestras ciudades. Sin embargo, precisamente nuestras ciudades los han visto proliferar como negocios y los mantienen como enclaves de consumo tecnológico orientado a la comunicación a distancia, y en ese sentido, su habitual presencia en el tejido urbano y, porqué no decirlo, sus características de espacios de interacción persona-tecnología en contextos a menudo definidos como “comercios étnicos”, los hacen susceptibles de indagar algunas formas actuales de pensar y hacer sociedad, aunque sólo sea por las apropiaciones simbólicas de las TIC que parecen representar los locutorios (a priori bajo su denominación de negocios “étnicos”, que en sí misma llama la atención), o por acercarnos a un tejido de prácticas sociales (de comunidades y ciudadanos/as) que interaccionan con lugares y con TIC y los configuran, algo que puede ilustrar un locutorio.

La población inmigrante es quien habita mayoritariamente estos lugares, pues aunque son espacios utilizados por múltiples personas y gentes, ellos son quienes ocupan una centralidad especial en los mismos, tanto por el uso que hacen de sus servicios como por la cotidianeidad con la que los habitan. Sin embargo, nuestra aportación y acercamiento a esta población específica la realizamos, no desde un estudio exhaustivo de la inmigración, sino, como hemos señalado en nuestro planteamiento, desde el estudio de la tecnología y de los efectos de ésta en la vida cotidiana de la gente. De este modo, al transitar por los locutorios podemos ver cómo la tecnología está presente en la vida cotidiana de la población migrante. Pero no sólo esto, ya que la “excusa” de aproximarnos a la tecnología nos ha permitido también descubrir e indagar la construcción de un espacio complejo y transfronterizo como el locutorio, en el cual suceden más cosas que una simple llamada telefónica o un contacto a través de internet.

Ahora bien, indagar la construcción del locutorio nos ha obligado también a revisar prácticas discursivas que se producen en torno a él. En ese sentido, tan sólo intentado hacer una sencilla búsqueda de documentos en ‘Google’ cruzando los términos “tecnología”. “inmigración” y “locutorios”, hallamos ya tres núcleos de significado o discursos que, curiosamente, coinciden bastante con la imagen pública que se puede tener de estos lugares. Por un lado, encontramos un discurso centrado en el carácter económico del lugar, en el que se entiende el locutorio como negocio en alza. Por otro lado, encontramos cierta vinculación del locutorio con el eje significativo  legalidad/ilegalidad. Y por último, encontramos que el locutorio también se vincula directamente a la inmigración en diversos documentos que hacen referencia a la localización en ellos de esta población particular, de modo tal que los locutorios se muestran vinculados a degradaciones urbanísticas a veces  atribuidas a la llegada de población inmigrante, o son vistos como lugares donde se realizan campañas de localización policial de inmigrantes sin regulación.

Los discursos de este tipo que circulan en torno al locutorio van con-formando algunos de los imaginarios que la población autóctona tiene sobre esta clase de espacios. Así, con la idea del/la inmigrante como habitante del locutorio estamos asistiendo a cómo se vincula el uso de estos espacios a la población migrante, ya sea porque quien lo regenta lo es (y de ese modo el locutorio se vincula a la idea de negocio -“étnico”-), ya sea porque la mayoría de sus usuarios/as lo son (y de ese modo el locutorio se relaciona con la imagen de localización de  inmigrantes). Y también se han relacionado e identificado los locutorios con cierta clandestinidad e ilegalidad, una imagen que se vió reforzada en el estado español, lugar donde se localiza este estudio, con los hechos acontecidos el 11 de marzo de 2004 en la estación de Atocha de Madrid y la vinculación concreta de algunos de los terroristas acusados de ellos con un locutorio del barrio de Lavapiés de la capital española. Pero estas imágenes son, ciertamente, estereotipadas. Nuestra pretensión, tras la entrada y estancia en los locutorios, es más bien reconceptualizar estos lugares mirándolos de otro modo, desde otro punto de vista.

Entrada y reconceptualización en/del locutorio

A fin de conocer la cotidianeidad de los locutorios, nos planteamos realizar una investigación de carácter etnográfico (Hammersley y Atkinson, 1983; Velasco y Díaz de Rada, 1997), puesto que la etnografía posibilita una inserción en el campo de estudio que permite ver los juegos discursivos y de prácticas en acción, más allá de que sean después reterritorializados en matrices fijativas o discursos establecidos como los que asientan la imagen pública “marginal” del locutorio. También consideramos que es un método adecuado para captar la naturaleza divergente y fluida de un lugar, ya que, desde el conocimiento “a priori” familiar que comporta cualquier espacio cotidiano, y luego desde el extrañamiento que supone la entrada a un campo de investigación con el fin de captar sus sentidos, el/la investigador/a etnográfico busca comprender y hacer evidente el proceso que ha seguido para conocer “dónde está, en qué lugar se encuentra” (Hine, 2004). Su labor, de hecho, consiste en captar las contingencias y las acciones múltiples de sujetos y tecnologías diversas, relacionándose con ellas para ir consiguiendo códigos que le proporcionen la conexión y relación con el medio en el que está y la orientación en el mismo (Spink, 2005).  La etnografía es una suerte de modo de vinculación a un lugar, o, como dice Augé (1995, p. 30): “una reflexión renovada y metódica sobre la categoría de alteridad”.Un método que nos permite interactuar, observar qué sucede y escuchar lo que se dice en la cotidianidad de estos comercios era, por tanto, adecuado a nuestros propósitos.

Seleccionamos un conjunto de locutorios en la ciudad de Barcelona y su área metropolitana, siguiendo criterios de proximidad a nuestro lugar de trabajo y/o a nuestro lugar de residencia, a fin de vincularnos al espacio precisamente desde la posibilidad de cotidianidad, de hacernos habituales residentes en éste. De esta forma, hemos realizado   observaciones participantes no encubiertas (lo que significa que los/las dueños/as y encargados/as de los establecimientos siempre sabían la razón por la que estábamos allí) en locutorios situados en los barrios barceloneses de Ciutat Vella, Sant Antoni, Fort Pienc, Sants, Poble Sec, Eixample y Gràcia, y en las localidades metropolitanas de Cerdanyola del Vallés, Sabadell y Castellar del Vallés. Cabe señalar que en las observaciones, llevadas a cabo en sesiones múltiples y en distintos momentos entre los años 2003 y 2008, el registro de los sucesos, acontecimientos e interacciones que se fueron produciendo fue hecho sin establecer a priori ninguna primacía, predominio o excepcionalidad en cuanto a lo observado, y que los datos e informaciones recogidas han incluido las reflexiones, interpretaciones, experiencias y vivencias subjetivas que tuvimos en los locutorios.

Las observaciones realizadas fueron registradas en diarios de campo. A su vez, y como parte del carácter etnográfico de nuestro estudio, en el transcurso de las observaciones identificamos informantes clave con quienes acordamos la realización de entrevistas. También, adicionalmente hemos realizado cuatro grupos de discusión que pudiesen dar lugar a compartir o contradecir discursos o vivencias de los/las usuarios/as migrantes de  locutorios. Estas entrevistas y grupos han sido transcritos y adjuntados a dichos diarios.

Por tanto, como resultado del trabajo de campo contamos con un total de 16 diarios derivados del trabajo de observación participante, 27 entrevistas y 4 grupos de discusión. Debemos decir también que la mayor parte de la población observada, la gente con la que nos vinculamos y a la que entrevistamos, procede de Latinoamérica, y muy especialmente del cono sur del continente americano. Esto tiene una importante justificación si tomamos en cuenta que, por una parte, para realizar el estudio etnográfico necesitábamos cierta competencia lingüística en el trato con los/las usuarios habituales de locutorios, actualmente la población migrada a Cataluña desde el exterior del estado español , como ya hemos señalado. Y, por otra parte, podemos tomar en cuenta también, a modo aclaratorio y significativo, que la procedencia originaria de un número muy elevado de los/las inmigrantes extranjeros/as en Catalunya en los últimos 10 años está en Latinoamérica y, mayormente, en el cono sur americano. Los datos de 2001 recogidos por IDESCAT del censo y la vivienda del INE, por ejemplo, arrojaban que de los 310.307 extranjeros registrados en ese año en Cataluña, 112.687 procedían del continente americano (el mayor número de inmigración de origen no europeo, algo más elevado que el número de personas de procedencia africana y mucho mayor que el de las de Asia y Oceanía). Y de entre ellas, 93.653 personas habían llegado de países de América del Sur, frente a las 19.034 venidas de América Central y Norteamérica. Esa continuaba siendo la tendencia originaria inmigratoria en Cataluña en los años de realización de nuestro estudio , y se reflejaba a menudo en la población que encontrábamos en los locutorios en que nos emplazamos. Además, los/las inmigrantes extranjeros/as extracomunitarios/as se han instalado en mayor número en la ciudad de Barcelona y las comarcas más cercanas a la capital catalana, y en menor proporción en otras áreas provinciales (Solé, 2000), lo que también encuadra de forma significativa el área metropolitana en que hemos seleccionado los establecimientos de la muestra.

Así pues, y como acabamos de expresar, nuestras interacciones fundamentales y las entrevistas que realizamos fueron hechas con personas procedentes de Latinoamérica (en concreto, los países de procedencia de los/las entrevistados/as fueron Colombia (8), Chile (2), Argentina (4), Perú (4), Venezuela (1), República Dominicana (3), Puerto Rico (1), Cuba (1), Honduras (1) y Bolivia (2). Las edades de los participantes se incluyen sobre todo en el grupo de edad de 26 a 45 años (22 participante), pero también fueron entrevistadas personas de 18 a 25 años (3 participantes), y de más de 45 años (2 participantes). En cuanto a los grupos de discusión, se han realizado de modo que uno de ellos se compone de estudiantes de máster de una universidad pública (como uno de los perfiles de la población inmigrante usuaria de locutorios), otro de personas que han participado en un proceso de reagrupación familiar, ya sea como reagrupadores/as o como reagrupados/as, y los otros dos grupos han englobado una variedad de participantes (principalmente procedentes de Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia) contactados a través de asociaciones socio-culturales de migrantes. 

Para el análisis de los diarios de campo, las entrevistas y los grupos de discusión, hemos utilizado la técnica del análisis de contenido temático (Vázquez, 1996), un procedimiento de codificación que permite categorizaciones temáticas sobre un corpus, no sólo de textos, sino también de imágenes.

Las observaciones realizadas han hecho emerger una perspectiva mucho más cotidiana, normalizada y lábil de las acciones e interacciones que se producen dentro de un locutorio. Desde ellas precisamente fundamentamos una reconceptualización de este tipo de espacios, desplazando la definición estereotipada de lugar étnico, de sospechosas asociaciones y marginal, por otra conceptualización que lo percibe como un espacio rédico y transfronterizo. En ese sentido, entendemos y proponemos entender el locutorio como estación de relaciones, como un lugar de paso y fluido en el que su amalgama de elementos, entre los que sobresalen pero no sólo sus TICs diversas, facilitan e incluso promueven el establecimiento de conexiones vinculares, de forma momentánea o temporal, con intensidad débil o fuerte y de características globales, al establecerse esos puentes de relación y vinculación, cualesquiera que sea su fuerza y su temporalidad, con la localidad de llegada de sus usuarios/as y con las de procedencia. Veamos algo de lo que encontramos que nos ayuda a concebirlos así.

Conexiones y redes desde el locutorio o el  agenciamiento de la “integración”

En la revisión de la literatura científica que hemos realizado al inicio, se ha apuntado la idea presente en algunos trabajos de que la creación de redes de aprendizaje y comunicación parece algo básico para lograr la inclusión social (Liff y Steward, 2003). En la teoría de redes, una red es sencillamente un conjunto de enlaces entre una serie definida de elementos o nodos (Molina, 2004). En ese conjunto, cada enlace puede equivaler a una red diferente, de distinta índole. Así, hay redes formales e informales, redes de amistad, familiares, de quién informa a quién, etc.

En nuestras visitas a los diferentes locutorios, siendo estos distintos y ubicados en barrios y localidades diferentes de Barcelona, algo que quedó claro desde el principio fue que se trataba de lugares a los que se acude a conectarse en un sentido amplio y no únicamente tecnológico, lugares donde procurarse relaciones nuevas en el área local y a su vez mantener o reordenar las establecidas fuera.

TGD03_ P4: [ #1no sé eh… #] Bueno no, digo que… ella… no, que, básicamente sería (suena una sirena de ambulancia de fondo) pues lo mismo que acaban de decir los compañeros, un centro donde pues… uno va para tratar de comunicarte con la familia, y con la gente que está en el extranjero e… como dice Luis también esto, (suena un móvil) nos juntamos varios grupos de personas ahí, y básicamente extranjeros, ¿no? O sea, qué te digo, gente que ha venido de otro país, porque muy poco, #1’’# puedo encontrar gente de acá de Barcelona o de España, entonces mayormente, ahí nos comunicamos pues lo que es, pues los extranjeros. 

Investigador 1: ¿Qué es lo que la gente va a hacer a un locutorio?

Regente Locutorio: Pues la gente lo que principalmente va a hacer, pues, es..., llamar por teléfono, ya, como su nombre indica, ¿no? Aparte de eso, pues va... a lo que es utilizar internet, a comprar tarjetas, a hacer envíos de dinero, también va a enviar lo que es paquetes, ehh, pasar fax, y a parte de esto también va en busca de relacionarse con otras, con otra gente de su, de su, de su ciudad de origen, ¿no?... Eso es lo principal, más que nada que acá, como por ejemplo, los españoles utilizan los bares, la gente inmigrante pues utiliza el locutorio para relacionarse también (Investigador 1, Entrevista 1).

Por tanto se establecen redes de comunicación social, y parece que los/las usuarios/as migrantes de los locutorios tienen claro que esa es una de las funciones más destacables e importantes del lugar, entre todas las demás que les proporciona ese espacio. No se trata, en este caso, de una función que implique pago monetario, y eso en cierto modo hace incompleta su simple definición clasificatoria como negocio tecnológico, o al menos hibrida esa definición. Por eso sostenemos, desde las observaciones que hemos realizado, la concepción que apuntaba Garcés (2006) de los locutorios como negocios híbridosmás que étnicos, de cambiante polifuncionalidad y de emergencia de socialidad, puesto que satisfacen necesidades propias de las comunidades inmigrantes que están alejadas de lo estrictamente comercial.

Las funciones marcadamente sociales que se practican en los locutorios no han venido establecidas de antemano como ofertas o eslóganes del lugar, ni como parte de la búsqueda de un segmento del mercado por quienes dirigen estos negocios. Han sido, más bien, apropiaciones “ad hoc” llevadas a cabo por la gente que transita los locutorios, que a su vez son toleradas e incluso posibilitadas y/o promovidas por sus administradores y dueños. Pero, podemos preguntarnos, ¿potencian la inclusión e integración social de los inmigrantes en el lugar de acogida las redes de comunicación que se establecen siempre entre extranjeros y al parecer sin enlaces visibles con nodos autóctonos?, ¿cómo pueden hacerlo?

Autores que han trabajado la inmigración en Catalunya (Solé, 2000) consideran que la integración sociocultural de los inmigrantes extracomunitarios en la sociedad receptora está condicionada fundamentalmente por la inserción de éstos en una economía recesiva, así como por tener ciudadanía o no ciudadanía española. Atendiendo a la inserción, podemos decir que las conexiones y prácticas sociales desarrolladas en los locutorios se orientan también en esta dirección, es decir, en el enlace de redes laborales y económicas.

Casi todos los inmigrantes aquí, sobre todo los latinoamericanos, han conseguido una ayuda o una vivienda a través de un locutorio, porque nosotros tenemos esas carteleras (…), donde se colocaba “se comparte habitación”, o “se comparte piso”, o “se alquila habitación”; entonces normalmente al inmigrante le va muy bien (Investigadora 5: Diario de campo / Entrevista 1)

Había un chico de Perú, que vino de Perú, ¿ya?, y pues y..., y había un señor de Argentina, y esta persona de Argentina necesitaba pues una persona para hacer de albañil, una persona para que le ayude, ¿no? Y pues el otro chico, el de Perú, como estaba recién llegado, pues y no tenía trabajo, pues leyó el anuncio, y, y se conocieron, se conocieron en el locutorio prácticamente, y me parece que todavía sigue trabajando, no lo sé. La última vez que supe de él seguía trabajando con ese señor (...). Y por ejemplo hay chicas que no tienen trabajo pues, y, y..., muchas personas que han estado con anterioridad aquí pues le llaman a la madre Encarnación, hay una, una..., una monjita que , pues, les da trabajo, ¿ya?, que les da trabajo, pues y..., hay mucha gente, pues que..., pero eso te digo, eh..., hay mucha gente que se conoce en el locutorio, a través por ejemplo, o le han recomendado, ¿no?, ‘pásate donde la madre Encarnación que ahí encuentras trabajo (Investigador 1, Entrevista 2).

Entonces aquí (en el locutorio) es un punto donde consigues muchísimas cosas y particularmente, también lo que digo mucho, es que se consigue trabajo. Por ejemplo, una persona que ya trabaje en una casa de familia, en el caso de las mujeres, cuando ya conocen a esa chica ecuatoriana, peruana, colombiana... bueno, venezolana, como sea, a través de ella, le recomiendan conseguir alguna persona para algún familiar de un patrón español o, de aquí, una familia catalana, entonces, “¡Mire! Consígueme una chica como tú” y ésta trae a otra y a otra... y así se consigue empleo. A una chica que ya la conozcan por referencia […] ella ayuda a conseguir otro empleo recomendando a otros emigrantes (Investigadora 5: Diario de campo / entrevista 1).

Pese a la precariedad ocupacional que se vislumbra, a tono con características de la inmigración actual recibida en Catalunya que, a diferencia de la antigua inmigración interior “no está determinada por la incorporación de trabajadores a una economía expansiva con necesidad de mano de obra en muchos sectores económicos, sino en aquéllos más regresivos o con mayores dificultades de cambio tecnológico” (Solé, 2000, p. 213), podemos ver que algunas de las conexiones establecidas en locutorios mediante mensajes, conversaciones o TICs actúan como puentes de intermediación que enlazan a los sujetos, más allá de las puertas del locutorio, con nodos integrados en  redes particulares del tejido social local. En ese sentido, es factible decir que la socialidad conectiva practicada allí puede abrir oportunidades de integración a las personas inmigrantes.

Hay otra forma de expresar esto mismo, es decir, la capacidad integradora que puede representar un locutorio, si lo concebimos desde la idea ya apuntada por uno de los usuarios de que, en general, no se acude socialmente a estos locales con el grupo de amigos o con las personas con las que se está más fuertemente asociado. Más bien, la función social que cumplen los locutorios para una persona migrante es, además de la de sostener y/o reorganizar las redes personales del lugar de origen, la de forjar relaciones con desconocidos, lo que quiere decir que los nuevos lazos de socialidad que pueden emerger en un locutorio son más identificables como lazos débiles (aquellos que nos unen a nivel de “conocidos/as”) que como vínculos fuertes. Pero un lazo débil no es simplemente una conexión trivial entre conocidos (Granovetter, 1976), sino que puede ser un puente crucial entre las redes de pertenencia de ambos, un potente conector. La teoría reticular, de hecho, considera que los sistemas sociales que carecen de lazos débiles estarán fragmentados y serán inconsistentes, y los locutorios, puesto que parecen cumplir esa función de promover enlaces débiles, tendrían por tanto cierta potencia de cohesión social.

Hemos dicho anteriormente que no sólo las redes de comunicación, sino también las redes de aprendizaje parecen entenderse como básicas a la hora de lograr la inclusión social (Liff y Steward, 2003). Y en los locutorios, algunas de las conexiones tecnosociales más habituales que hemos registrado han sido colaborativas y de aprendizaje informal. Así, no sólo hemos visto realizar indicaciones, aconsejar, ejemplificar o mostrar apoyos instrumentales entre los usuarios/as acerca de la tecnología que allí se usa (fax, correo, internet y sus servicios world wide web, telefonía y ofertas de llamadas o cheap calls), sino que además hemos registrado oportunidades, acciones y formas de enseñanza destinadas a lograr que las personas recién llegadas a Barcelona desde otros países puedan ubicarse en su nuevo destino y conocer los códigos y referentes fundamentales que necesitarán para conducirse en él.

Vi una señora sentada mirando a la gente. Al salir de la cabina y dirigirme a pagar ella me detiene y me dice: ‘amigo, ¿sabe cómo llegar al registro civil de Barcelona?’. Yo le respondo que no, ella me sonríe y me da las gracias. Se me ocurrió que si hubiera internet pediría tiempo y lo averiguaría con ella. Luego ella le pregunta a otra joven que salía de otra cabina que si le sabe decir, ésta se lo explica y le pregunta si sabe cuáles documentos hacen falta para tramitar la nacionalidad, a lo que ella responde que sólo sabe tramitar el permiso de estudio y que no sabe, que es la misma respuesta que le di yo cuando me preguntó luego. Además me di cuenta que yo sí que conocía el sitio, alguna vez que acompañé a mi padre a hacer trámites suyos, pero no sabía que ese fuera el registro civil de Barcelona. Entonces le pido a José que nos ayude y lo busque por internet desde su PC, la información de los documentos necesarios para tramitar la nacionalidad española. Él responde que estaba haciendo los mismos trámites y que esa información no la encontraba en internet, que tenía que ir allí mismo para que se la dijeran. Me llamó un poco la atención el hecho de que la señora no se hubiera dirigido directamente a José para consultar la duda, sino que se fue dirigiendo a los clientes, en este caso a la joven y a mí, no sé si antes le había preguntado a más gente. Al final fui yo el intermediario entre ella y José (Investigador 1: Diario de Campo).

En cierta forma, hemos entendido esas acciones como prácticas de apoyo y capacitación ciudadana, ya que, informalmente, se están “formando” ciudadanos/as en el nuevo entorno y en las distintas dimensiones que implica la definición de ciudadanía: derechos y deberes legales, relaciones con las instituciones, conocimiento de los cauces burocráticos para lograrlo, información sobre asociaciones y movimientos sociales, sobre rutas virtuales y reales para encontrar apoyos de vivienda, etc. Por eso, creemos que el que diversos locutorios ofrezcan, junto a los instrumentos tecnológicos, recursos tales como información de ofertas de trabajo y vivienda, o como intercambios de informaciones útiles para cualquier recién llegado/a, evidencia de nuevo la existencia en esos lugares de prácticas de conexión y vinculación con el entorno local que pueden ser defendidas como formas de inclusión.

Así pues, las dimensiones social, laboral y de ciudadanía, aquellas que han orientado en algunos casos programas de intervención institucional en los telecentros destinados a la inclusión tecnológica y social de los/las ciudadanos/as, son dimensiones que hemos descubierto también en nuestro estudio en las acciones y prácticas llevadas a cabo en los locutorios, aunque en estos últimos lugares emerjan de manera espontánea e interactiva y desde la agencia de las personas que los transitan.

Nosotros/as, como investigadores, hemos intentado entender el concepto de integración desde la conexión y participación de la población inmigrante en redes que potencien vínculos con lo local a nivel administrativo y cultural. Discutimos en determinados contextos el empleo del término si conduce a considerar el sometimiento de las diferencias culturales, y compartimos la idea de Sánchez Ferlosio (2000) de que la tendencia a apelar a la cohesión social es síntoma de la actual pasivización y reificación de las personas. Si cohesión alude a sujetos inertes y se corresponde con unidad, concordia alude a sujetos activos y se relaciona con la amistad. Esta última idea, al menos en su versión de sujeto agente y vincular, está más próxima a nuestra construcción etnográfica del locutorio y sus habitantes.

Reafirmaciones identitarias o estrategias de adecuación al nuevo entorno

En las primeras incursiones que hicimos en locutorios para realizar el trabajo de campo, nuestras anotaciones iniciales iban reflejando cómo estos espacios se nos presentaban, en sus distintos modelos , como lugares en cierto modo paradójicos. La mayor parte del grupo de investigadores/as habíamos sido alguna vez usuarios/as de establecimientos de TIC, y dado que la oferta de un locutorio es ésa: las TIC, las tecnologías de comunicación e información que conectan dos o más puntos distantes, considerábamos que, en general, esos servicios no conllevan la necesidad de que un usuario/a interactúe con nadie fuera de su conexión concreta a alguna tecnología (de hecho, nos costaba prever la posibilidad de cómo llegar a dialogar con la gente sin que pareciesen forzados a dejar su conexión TIC). Tampoco creíamos que las actividades que implican las TIC  hicieran necesario o importante que el/la usuario/a se identificara a sí mismo de algún modo o que diese cuenta de quién es. Es decir, a priori nos parecía que, como las pantallas, los cables y las ondas inmateriales que definen la actividad comercial de un locutorio, éste sería en coherencia un espacio previsiblemente fluido, de circulación, de entradas y salidas y anónimo; algo así como un territorio ‘neutral’ o fronterizo (teniendo en cuenta que las fronteras son lugares no identitarios, sino sólo límites entre dos demarcaciones), un espacio que cruzamos momentáneamente para conectarnos con algún punto concreto virtual o geográfico por medio de las TICs.

Pero no. Lejos de ser espacios “neutros”, momentáneos y sin interacción significativa fuera de la de sujeto-tecnología, podemos decir, desde nuestras observaciones, que los locutorios muy comúnmente llegan a  investirse de simbología y marcas identitarias.

Locutorio Latino es el nombre de este lugar (...). En la decoración del locutorio se pueden observar banderas de países latinoamericanos y otros objetos característicos de diferentes regiones del mundo, por ejemplo: platos con imágenes de Venecia, transportes de Venezuela, muñecos con vestimenta de Cuba, bailarinas de Brasil, un mapa de Colombia (Investigador: Diario de Campo).

Anuncian Dinero Exprés BBVA, Telegiros Transfer, Telefónica, Movistar, Vodafone, mini super productos latinos, periódico “Latino” (Investigadora: Diario de Campo).

Tienen relojes con horas de países diferentes: 1) Perú, Colombia, Ecuador; 2) Senegal, Marruecos; 3) Bolivia, Paraguay  (Investigadora: Diario de Campo).

Al salir de la cabina y pagar el tiempo de uso, me doy cuenta de que en el mostrador tienen pulseras a la venta, pulseras que son tejidas con hilos de colores y tienen diferentes nombres de personas, países y signos. Le pregunto por el costo y si las traen de algún lugar.(...). Le encargué una pulsera con los colores de la bandera de México y con el nombre de uno de mis compañeros de piso (Investigador: Diario de Campo).

No todos, por supuesto, pero muchos de los locutorios observados son usados preferentemente por una comunidad cultural o nacional particular:

[...] me agrada la idea de encontrarme con gente de Sudamérica, si es peruana mejor ¿entiendes? Me, como que me reconforta un poco más, la falta de mi familia que no está (Investigador: Diario de Campo).

Éstos evidencian en el espacio, mediante símbolos materiales, tal identidad. Así,  en un locutorio del barrio de Sants se promovían conciertos de música colombiana, por ejemplo, al tiempo que se participaba directamente en la organización del día de la independencia de Colombia  y se publicitaban negocios de compatriotas tan variados como una clínica dental, una sala de fiestas, incluso cursos de baile o de cocina colombiana, etc. Del mismo modo, y tal como  apreciamos en otro locutorio situado en el barrio de Sant Antoni, la persona que regentaba ese locutorio nos relató, entre la diversidad de servicios que se ofrecían allí, que se  daba apoyo a personas dominicanas (nacionalidad de la propietaria) en la búsqueda de empleo o en el asesoramiento jurídico-legal (algo que ya hemos mencionado en cuanto al análisis de las posibilidades de integración de estos lugares).

Así pues, en diversos casos el locutorio parece devenir un espacio de construcción identitaria nacional, y se reafirma también en ese sentido como lugar de construcción de imaginarios que se concretizan y evocan a partir de elementos tales como fotografías, emblemas, música, alimentos y objetos diversos, cumpliendo la función de actualizar las ideas y sentidos compartidos de la nación de origen y de poder recrearse en ellos.

TGD01_ P3: es realmente un servicio de que cuando tú entras puedes sentir un locutorio que lo que vas es a conectarte con tu gente, con tu familia y aparte de eso a veces hasta tienen los chicles de tu país, te encuentras con las #lunas# los chupetes, en fin, cositas de tu país que realmente te dan un servicio de comunicarte, de internet y también es como un momentito tuyo, un momento en el que vas a desconectarte del sitio donde estás para recordarte a tu tierra, a tu familia.

[Como nos comentaba una de las usuarias entrevistadas] Y la música… es como un domingo. Tú ven, porque en el domingo hacen comida aquí de mi país, aquí de Perú. Yo vengo un domingo y ponen música de mi país, y me transporto, como si estuviera un domingo en casa, o ahí, en un sitio, en un restaurante, de mi país, y me relajo y me lo paso… escucho música y de ahí que me apetezca tomarme una clarita, y comes algo de tu país (Investigador 2: Diario de campo / Entrevista 2).

Estas marcas de identidad, en este caso nacional, que a veces encontramos en los locutorios, parecen suplir una falla y una necesidad simbólico-cultural de los/las inmigrantes extracomunitarios llegados a Barcelona. Como marcas identitarias diferenciales que se enarbolan en el contexto de la cultura de acogida, podrían interpretarse (y de hecho, a menudo se interpretan) como falta de integración en la sociedad de acogida, como rechazo manifiesto a dicha integración o como un repliegue identitario que, en todo caso, la dificulta. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, este hecho tiene mucho que ver con las funciones de acomodación en un nuevo contexto que sugieren De la Haba y Santamaría (2004) cuando exponen que:

En entornos urbanos, la constitución de (auto) dominios específicos (incluso marcados étnicamente) es un modo inmediato de acomodación del que disponen los grupos en situación de cohabitación pluricultural. En estos contextos, la afirmación identitaria sobre el espacio público, sobre sus objetos y referentes físicos, no debe de ser interpretada de forma unívoca como una negación de la coexistencia, sino más bien como un reflejo de las distancias sociales o culturales, y sobre todo, como un modo –variable, inacabado y sujeto a permanentes reformulaciones o compromisos- de gestión de los alejamientos y reconocimientos socioculturales (p. 6). 

Solé (2000) considera que el concepto de integración implica que los inmigrantes se aproximen, sea cual sea su procedencia geográfica y teniendo en cuenta una situación objetiva de clase y una autoidentificación subjetiva con la sociedad receptora, a la situación y posición social de los autóctonos. Pero continua diciendo, en relación a la identidad, lo siguiente: “ahora bien, en virtud del mismo razonamiento, puede significar que los inmigrantes reclamen la consideración o el reconocimiento de sus propias características étnicas y culturales, y al mismo tiempo acepten la forma de vida, las instituciones y los símbolos de la sociedad receptora” (Solé, 2000, p. 217). Por eso podemos pensar y sostener que la reafirmación identitaria nacional de ciertas comunidades de inmigrantes que hemos registrado en parte de los locutorios observados es una estrategia situada de conexión de cierta comunidad de intereses comunes a través de la experiencia del paisanaje (Martínez Veiga, 2004).

En cualquier caso, al salir de los locutorios, y tengan o no marcas identitarias éstos, ya no podemos concebirlos simplemente como espacios fronterizos usuario/TIC, sino más bien como lugares transnacionales que se constituyen, gracias a las demandas, necesidades, usos y apropiaciones de las gentes que los frecuentan y habitan, en espacios transnacionales, de interpenetración cultural. Y la integración o inclusión de las distintas comunidades de una sociedad, probablemente no pueda llevarse a cabo  hoy en día sin pasar por procesos de ese tipo.

Finalmente, nos queda subrayar que con la entrada al campo de estudio y la producción de datos sobre el mismo, la definición del espacio “locutorio” ha quedado descentrada  de sus discursos fijativos más frecuentes, para complejizarse y volverse flexible, fluida e  incierta. Así, el discurso que fija el concepto “locutorio” como comercio étnico queda desafianzado por la relevancia que toman en él funciones no lucrativas. De igual modo, la imagen generalizada como “sospechosa” e “ilegal” del locutorio queda cuestionada desde algunas prácticas que se generan en él, tales como las de integración laboral o las  de capacitación ciudadana que hemos podido observar en ellos. Y por último, también la vinculación del locutorio con la inmigración y la degradación urbana y social de las ciudades se desdibuja si tenemos en cuenta los servicios y recursos que promueve este establecimiento, que actúan más como forma de contrapeso de la precariedad que como fomento de ésta.  

Discusión

¿Cuál es entonces la aportación de las TIC en la caracterización de la nueva inmigración?

En nuestra época, la tecnología ha permitido resignificar las antiguas coordenadas de referencia de tiempos y espacios, haciendo posible la borrosidad de sus límites, es decir, allanando esperas para volverlas “instante” y espectaculares “ahora”, y comprimiendo espacios en puntos conectables entre sí. Los/las inmigrantes recurren constantemente a los instrumentos relativizadores de la distancia (teléfono, internet, transportes, etc.) como forma del “marcharse sin irse del todo” (Aparicio, 2002), manteniendo los lazos con la comunidad de origen e incluso pudiendo participar en tiempo real en la vida de su comunidad de origen (Cavalcanti, 2004). De esta manera, transitan entre dos lugares (la sociedad de origen y la sociedad receptora) y juegan con una doble presencia y ausencia, con una forma de cercanía y lejanía que era impensable antes de la existencia de las TIC. 

En este sentido, consideramos que la existencia de redes sociales y de intercambios que vinculan de forma cotidiana y permanente las comunidades de origen y destino, así como el intercambio y circulación entre ambos polos de gente, dinero, bienes e información, provoca la presencia de una nueva forma de vida y existencia social. La circulación continua se presenta como un desplazamiento recurrente bajo la forma de un continuo intercambio de personas, bienes, símbolos e información, que traspasa las convencionales fronteras políticas, geográficas y culturales (Goicoechea y Ramírez, 2002). De esta forma, las redes sociales se articulan como elementos posibilitadores de integración, entendiendo ésta como posibilidades de conexión, de red, de establecimiento de contactos que mejoren la vivencia del/la inmigrante en todos sus sentidos.  

Tal vez podamos decir que una de las diferencias más importantes que aporta la actual época tecnológica y de marca cibernética al carácter del mundo y de nuestras experiencias sea precisamente la velocidad, la aceleración continua del movimiento. Hoy en día nunca estamos en reposo aunque físicamente estemos quietos,  puesto que nos movemos sin necesidad de viajar, accediendo de forma casi instantánea a espacios lejanos, lejanos tanto del lugar en el que nos encontramos como lejanos entre sí, por medio de las diferentes TIC: mediante el mando de los canales de TV que nos hace entrar a territorios extranjeros en décimas de segundos, mediante internet, el teléfono, etc. Gracias a los desarrollos tecnológicos, por lo tanto, las distancias parecen haber dejado de ser un obstáculo para nosotros/as, ya que se necesitan pocos segundos para conquistarlas (Bauman, 1998).

Pero las nuevas TIC y las comunicaciones multimedia no sólo han contribuido a hacer saltar los límites tradicionales del espacio: también han posibilitado, en ese mismo sentido, una cierta ruptura con la lógica lineal tradicional desde la que comprendíamos y experimentábamos el tiempo, desde el momento en que gracias a las TIC éste puede yuxtaponerse y comprimirse en una acumulación de instantes para los sucesos, reduciendo a la nada las demoras. Esta posibilidad de eliminar las demoras y continuidades temporales subraya en nuestras experiencias cotidianas la importancia que la “instantaneidad” adquiere como esencia del tiempo, a resultas de la velocidad y conectividad que las TIC imprimen al trazado del mundo.

Así pues, la época actual, veloz y en movimiento, resignifica mediante la tecnología las antiguas coordenadas de referencia de tiempos y espacios haciendo posible la borrosidad de sus límites. Estas son características de nuestra actual etapa tecnonatural, y podemos decir que traen consigo repercusiones sobre el espacio antropológico, sobre el sujeto y su experiencia, que transcienden el uso de las TIC. Por eso, pensadores como Bauman (1998) consideran que el movimiento continuo y la rapidez nos permean en un sentido profundo y no meramente técnico y tecnológico, haciendo de cada uno de nosotros/as seres nómadas, viajeros, en tránsito y siempre conectados.  

Los locutorios muestran en cierto sentido esa clase de experiencia. Son lugares urbanos en los cuales se puede acceder al uso de distintas tecnologías a precios relativamente asequibles o económicos, y su actual y constante proliferación nos los señala como espacios de elevado interés para el estudio de los procesos y cambios que están teniendo lugar en nuestra sociedad postmoderna, ya que por sus propias características de ser espacios de tránsito y conectividad, tanto en cuanto a la tecnología que define su existencia como en cuanto a los usuarios que los “habitan” pululando por ellos, parecen encajar a la perfección en la definición de los denominados, por autores como Augé (1995), “lugares postmodernos” o “nuevos espacios antropológicos”. Además, el interés de estos espacios como un ámbito de investigación de formas sociotécnicas producidas por las TIC queda subrayado por el hecho de que los locutorios son espacios eminentemente urbanos que conjugan elementos diversos y heterodoxos, humanos y no humanos, ya que, como apunta Nupia (2000) las TIC se han sumado a toda la complejidad de interacciones que se perciben con sistemas de comunicación como el ferrocarril, el automóvil y el teléfono; además se reconocen innegablemente como un atributo de la urbanidad.

En conclusión, como se desprende de lo expuesto, se puede afirmar que los locutorios son estaciones de asociaciones que sirven de enlace a las personas en tránsito, que les permite conectar puntos (entre lejanías o proximidades) y crean la posibilidad de estar sin “estar” en más de un lugar. Como se muestra en nuestro trabajo, se trata de un espacio rédico desde el que se pueden articular conexiones y redes sociales dobles de diferentes naturalezas: de un lado, las redes establecidas con los lugares de origen, redes sociales que posibilitan la participación en la cotidianeidad de la comunidad de origen, de la familia, de los amigos; por otro lado, redes que se articulan aquí, en el lugar de llegada, con iguales con los que se comparte el espacio del locutorio, y que podrían estar facilitando la integración y cohesión social en la sociedad de acogida (en parte, como se ha podido observar, por el acceso a diversas informaciones que ofrecen estrategias de adaptación y movilidad social).

Lejos de ser espacios neutros, muchos locutorios están impregnados de símbolos, de significados, de marcas identitarias, y se constituyen como centros donde es posible generar una colectividad con intereses comunes y establecer relaciones y redes con las personas que quedaron allá pero también con los que circulan por el espacio. Los locutorios hacen posible, en definitiva, nuevas formas de estar en sociedad y habitar los espacios.

Consideramos que el concepto de estación de asociación permite dar cuenta de la conjunción de tránsito y fluidez vincular que hemos observado que definen las formas de habitar los locutorios, lo cual nos remite a las TIC como mediadoras de relaciones y como parte de aquello que conforma el sentido y definición de estos espacios.

En algunos artículos revisados (Tomasello y McClure, 2003) se utilizan hasta 8 modelos de acceso público a TIC (Public Libraries, Public Schools, Cybermobiles, Public Housing, Community Technology Centers, Community Networks, Kiosks y Cyber Cafés), pero las 4 tipologías que abordamos son generales y de literatura más ampliamente encontrada, e incluso pueden incluir algunos de los modelos mencionados en esos estudios.

También encontramos trabajos específicos sobre inmigración y uso de TIC: sobre teléfono y tarjetas prepago (Vertovec, 2004; Cavalcanti, 2004), teléfonos móviles (Horst, 2006) e Internet (Brouwer, 2006) entre otros.

Hacemos esta aclaración porque, durante mucho tiempo, la expresión “inmigrantes” ha sido atribuida semánticamente y casi de forma exclusiva en Catalunya a las personas procedentes de otras zonas del estado español e instaladas allí (Solé, 2000).

Las estadísticas del año 2007, por ejemplo, recogen mayor procedencia americana que africana, y en la primera dominan las personas procedentes de Ecuador, Colombia, Bolivia y Argentina (IDESCAT, 2008).

Porque, como dice una de nuestras compañeras investigadoras en su diario de campo, los locutorios, al igual que cualquier otro establecimiento, como una carnicería o una panadería, son más grandes, más pequeños, más discretos, más llamativos, más bonitos, más “antros”, con relojes y sin relojes, con nevera y sin ella, regentados por gente diversa como magrebíes, pakistaníes, latinoamericanos, etc.

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