Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 17, No. 2 (2018)

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doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol17-Issue2-fulltext-1180
Castillo-Gallardo, Peña, Rojas Becker, and Briones: El pasado de los niños: Recuerdos de infancia y familia en dictadura (Chile, 1973-1989)



Los niños no tienen pasado, prácticamente no debieran tener memoria, ya que todo se les va a olvidar, o como bien dice Valeria Llobet (2015): “¿y vos qué sabés si no lo viviste?”, refiriéndose a una frase que circula en el mundo adulto cuando se habla en particular de violencia y dictadura.

El pasado de los niños es una situación que se construye a posteriori, y por lo tanto, es siempre víctima de la significación tardía de los hechos, de las interferencias y correcciones de los otros. Tener un pasado es, en resumidas cuentas, haber llegado a un cierto consenso con otros respecto a lo que en determinado momento sucedió. Es decir, se es dueño de nada, pues la escritura de ese pasado es anónima o es de todos (Ricoeur, 1995).

Este artículo de investigación es un esfuerzo por hacer dialogar dos fuentes en torno a la experiencia de las niñas y niños que habitaron la dictadura cívico-militar chilena: 1) objetos creados por niñas y niños entre 1973-1990 (cartas, dibujos, tarjetas, diarios de vida, etc.); y 2) relatos construidos a partir de entrevistas realizadas a adultos que vivieron dicha etapa histórica, a través de la evocación que produjo el encuentro con los objetos mencionados en el punto uno donados para la construcción de un archivo patrimonial.

Se presentan los resultados de un proceso de categorización y análisis en torno al tópico de violencia, familia y ejercicio parental. Es decir, se desarrollará un relato que pone en el centro la pregunta por el modo en que los niños(as) registraron en el pasado, y significan en el presente, su infancia en dictadura, particularmente en lo que se refiere a la vida cotidiana al interior de una familia (Castillo, & González, 2015b).

Este estudio se inscribe en los nuevos estudios de la infancia, un campo de las ciencias sociales que entiende a los niños(as) como sujetos plenamente sociales y define a la infancia como una construcción socio histórica y una institución (Pavez, 2012; Vergara, Peña, Chávez, & Vergara, 2015) en permanente relación con las transformaciones sociales y con otros ámbitos como género, familia, clases sociales, etnicidad, entre otros (James y James, 2004). En concordancia con lo anterior, la infancia es entendida como una noción relacional que remite a la construcción de la infancia y adultez en forma complementaria e interdependiente (Mayall, 2001).

A través del análisis narrativo de los corpus descritos, se propone identificar el proceso en que se construye el sentido socio-afectivo y político de las vivencias cotidianas dentro de los contextos familiares, entendiendo que muchas de estas experiencias han sido resignificadas en la experiencia adulta. Las fuentes que se buscaron confrontar (objetos y relatos retrospectivos) no deberán asumirse como complementarias (Castillo, 2018). Esto pues se trata de fuentes de naturaleza distinta y, por ende, al hacerlas dialogar en el análisis develan fisuras e inconcordancias, cuya importancia está en ilustrar el modo en que se transmiten las vivencias en la niñez, y el peso de la violencia de Estado, como un acto que no cesa de escribirse en el pasado, a través de la resignificación de la experiencia infantil en el recuerdo.

Historia, Recuerdo y Memoria

La historia de la infancia constituye un campo amplio de estudios (Ariès, 1987; DeMause, 1995; Pollock, 1990; Riché, & Alexandre-Bidon, 2005; Rodríguez, & Mannarelli, 2007; Rojas Flores, 2007; Sosenski, & Jackson Albarrán, 2015) que de algún modo ha permitido acceder a una serie de antecedentes que han sido difíciles de encontrar a través de otros objetos históricos (familia, educación, generaciones, etc.). Ahora bien, la gran mayoría de estos saberes históricos han reconstruido los discursos a través de los cuales los niños(as) han sido hablados y no el modo en que ellos mismos han dejado registros de sus diversas experiencias. La transformación del estatuto de la niñez, a partir de la década de 1990 en América Latina, ha obligado poco a poco a que el campo de los estudios de la infancia deba desplazarse lentamente hacia una historiografía de las prácticas y experiencias de la niñez (Sosenski, 2010, 2015) y, por ello, a situar la vida cotidiana como escenario de dichos acontecimientos.

Todo este proceso se ha dado en un breve tiempo y no ha sido sin conflictos. Una buena parte de los problemas radica en cuestiones de fondo, es decir, remite al estatuto de veracidad o verosimilitud que se le otorgará a los testimonios infantiles (incluyendo en esto enunciaciones en distintos formatos).

En ese sentido, está investigación se sitúa al interior de lo que se denomina como historia de las mentalidades (Le Goff, & Nora ed., 1974), específicamente en la microhistoria, cuyo objeto, como indica Chartier (1994), no se ubicará “en las estructuras ni en los mecanismos que rigen, fuera de todo subjetivismo, las relaciones sociales, como sí en la racionalidad y las estrategias que ponen en funcionamiento las comunidades, las parentelas, las familias, los individuos” (p.42).

La niñez se constituye, en este trabajo, en un objeto cuyo seguimiento permite reconstruir narrativamente los hilos invisibles de la afectividad e identidad social en un determinado tiempo histórico. Para construir la historia de la infancia en Chile, hasta ahora, se han utilizado fundamentalmente las autobiografías y/o relatos retrospectivos; fuentes que se inscriben mejor en el campo de la memoria, y por tanto, en una tradición diferente a la de la historiografía clásica (mucho más concentrada en los archivos). En ese sentido, los aportes de Tzvetan Todorov (2008) y Paul Ricoeur (2004) sobre el tema, han permitido reunir archivo y memoria como una suerte de corpus dialectivo que, aunque incompleto, permite proponer una forma de construir una historia que considere los ejercicios de memoria como una matriz de las historias (Ricoeur, 2004, p. 121). En cuanto a la veracidad de ésta finalmente no puede ser dirimida más que por el destinatario, la discusión pública y la memoria colectiva (Castillo, & González; 2015b).

En dicho nudo, entre memoria-archivo, ubicaremos el “recuerdo de infancia” (Braunstein, 2008). Este concepto, de difícil formalización, remite a una serie de elementos subjetivos que caracterizan el relato retrospectivo (memoria) sobre un periodo hasta cierto punto evanescente. Se apela a identificar, en las desfiguraciones de la memoria, los bordes de una estructura que de todas formas permite describir ‘algo’ de la experiencia infantil en una determinada circunstancia histórica. El “recuerdo de infancia” puede ser definido como una narración que refiere a un tiempo pasado que incluye y reconstruye los vacíos de una experiencia vivida, en la que todas las coordenadas temporales y físicas del sujeto están desaparecidas o en ruinas, y sobre la que no es posible recuperar fácilmente la senda en la que aquello fue desapareciendo o cambiando (cuerpo, ciudad, aprendizajes, etc.) (Castillo, Peña, Garrido, & González Trujillo, 2017).

La articulación entre memoria y archivo se ubica en este trabajo en el lugar de la evocación del “recuerdo infantil”. Las producciones infantiles (pertenecientes a niños(as) entre 1973-1990) permiten, de algún modo,

desandar el camino de la desfiguración de esos recuerdos a través del relato retrospectivo, ello significa acompañar esas evidencias (objetos) de un análisis que se produce dialógicamente en el encuentro entre dos yo, el yo del niño que guardó o registró y el yo del presente que se encuentra atravesado por otras categorías y saberes. Ese diálogo al que se asiste en estos encuentros adquiere formas que de algún modo permiten figurar cuestiones claves de la experiencia infantil en toda época, la memoria sensorial, la perspectiva sobre los lugares y espacios de la ciudad, o bien, el modo de relacionarse con los hechos de violencia que irrumpieron en sus vidas” (Castillo, Peña, Garrido, González, &Trujillo, 2017, p.19).

Es por lo anterior que el presente artículo busca hacer confluir, en torno a la experiencia de infancia en dictadura, ambas fuentes de modo articulado, lo cual permitirá construir una narración que aborde un más allá de la descripción de cada corpus por separado.

Registro, Coleccionismo y Resistencia

Muchas de las enunciaciones íntimas del universo infantil pueden interpretarse como formas de resistencia. Es decir, los seres humanos -en el proceso de constituirse en sujetos de la cultura-, reproducen, pero sobre todo re-crean los significantes que circulan en el entorno. En esta re-creación les asignan un significado singular a las propuestas provenientes del medio social. Dicho proceso de construcción de la subjetividad requiere un espacio privado, a resguardo del mundo adulto, que depende del sistema de codificación que cada niño(a) invente para proteger su proceso (Castillo, & Peña, 2015).

Los registros infantiles generalmente están codificados en un lenguaje otro, una versión figurativa, que se cuela entre palabras que se toman prestadas del entorno y se utilizan para nombrar cuestiones muchas veces innombrables. Más aún cuando de lo que se trata es de resguardar una historia propia -un futuro pasado- en circunstancias históricas en las que guardar registro es considerado peligroso y está prohibido por el mundo adulto.

En ese sentido, las enunciaciones infantiles pueden interpretarse como una alternativa de manifestación subjetiva ante la censura y el silencio impuesto por las instituciones adultas. Es así como el “recuerdo de infancia” (Castillo, Peña, Garrido, González, & Trujillo, 2017) opera muchas veces como el testimonio vivo de una resistencia inexorable -“yo lo viví así”-, conserva el carácter subjetivo de la experiencia, a través de la cual se inscribió en la memoria. Permanece, muchas veces resistiendo, por fuera del consenso social que dio origen al discurso público acerca de lo que “verdaderamente” ocurrió.

El despliegue de la dinámica subjetiva que opera en la construcción del “recuerdo de infancia”, y los registros infantiles pertenecientes al archivo Infancia en dictadura, esclarece la lectura en primera persona de los(as) niños(as) acerca de la situación en el país y, a su vez, sobre los mandatos parentales de la época. Manifestando, en algunos casos, acuerdo y participación con los ideales familiares, y en otros, abiertas críticas al respecto. Las emociones sentidas y la formación de una opinión, son procesos activos que se realizan con autonomía del sistema familiar y por ello, se trata de espacios de resistencia1. (Castillo, & González, 2015a, 2015b; Castillo, & Peña, 2015; Castillo, Peña, Garrido, Trujillo, & González, 2017).

Parentalidad e Infancia en Dictadura

Las representaciones de los niños, en relación a la parentalidad, han sido escasamente estudiadas. Los estudios que constituyen dicho campo se ocupan antes bien de cuestiones relacionadas con la perspectiva de los adultos implicados en esa relación; o bien, sobre la perspectiva de los niños y niñas respecto al ejercicio normativo de los adultos y la justificación del mismo (Mayall, 2002). En el último tiempo, los estudios sobre parentalidad evidencian que esta relación intergeneracional entre niños(as) y adultos(as) se despliega en un marco social y cultural caracterizado por importantes transformaciones (Chávez, & Vergara, 2017; Vergara, Chávez, Peña, & Vergara E., 2015). Las relaciones entre padres e hijos son profundamente sensibles a los cambios que se han producido en las categorías de infancia. Por ello, la forma en que los niños(as) experimentan y significan las prácticas de cuidado están justamente en relación a las categorías culturales que los definen.

Este campo de estudios, por ser muy reciente en América Latina, aún no aborda fenómenos relacionados con la violencia política; o bien, con la manera de representar retrospectivamente estos vínculos por parte de los niños y niñas. Por ello, los avances en esta materia corresponden al análisis micro histórico y/o sociológico cuyos resultados dan cuenta de una constelación de significados que pueden distinguirse fundamentalmente por la adscripción ideológica de las figuras significativas (Pavez, 2015) y los vínculos de la familia política (no biológica) que se constituyó alrededor de los espacios de resistencia a las dictaduras latinoamericanas de la década de 1970. (Castillo, & González, 2015a, 2015b).

Es importante considerar que, durante la dictadura cívico-militar en Chile, la intervención de la prensa a través de la censura y manipulación de la información por parte del régimen, hizo por momentos imposible sostener la legitimidad de una “verdad oficial” (Castillo, & Peña, 2017). Ello potenció en los niños(as) la búsqueda de la verdad, inherente a la condición de niñez, pero esta vez incluyendo temas políticos, imprimiendo en ellos la condición de testigo respecto al juicio de dicho periodo histórico2.

El grupo familiar primario, institución dinámica y en constante reconstrucción, se muestra como un espacio profundamente sensible a los hitos políticos, sociales y culturales del país. La dictadura militar, como coyuntura socio histórica ineludible, transformó para siempre la vida de muchos de esos núcleos.

Entre los participantes de este estudio, por motivos políticos -militancia en partidos de izquierda y/o acción social ligada a la resistencia-, gran parte de los sistemas familiares sufrieron fragmentaciones. El caso de transformación familiar más dramático es el de las familias en la que uno de los miembros fue detenido y/o desaparecido (Verdejo, Dalla Porta, & Maureira, 2014). Al respecto se ha construido el concepto “orfandad suspendida” (Basile, 2016) el cual describe la incertidumbre respecto a la función de esa figura en el escenario familiar, y en particular, en el de la crianza.

En el caso de los exiliados3, las familias se separaron dando paso a nuevas formas de organización de la crianza (Verdejo, Maureira, & Dalla Porta, 2015) lo que en algunos casos se tradujo en la proliferación de familias ensambladas; pero en otros, de alternativas de cuidado infantil en la que adultos sin vinculación consanguínea cumplieron la función de padres sociales4. Para quienes se quedaron en el país, la prisión política y la relegación fueron otras formas de asedio que afectaron fuertemente a los núcleos familiares y, por ende, a los(as) niños(as).

Método

La metodología que siguió esta investigación se enmarcó en los enfoques interpretativos y discursivos (Potter, Wetherell, & Wetherell, 1987) de la Nueva Historiografía. Método que se ejecuta proponiendo un cruce entre los estudios en torno a la memoria (Halbwachs, 1925; Ricoeur 2004) y la microhistoria (Ginzburg, 1999; Levi, 1993; Pasek de Pinto, 2006) a partir de un análisis hermenéutico (Ricoeur, 1997) de un recuerdo que se construye a partir del estímulo generado por el encuentro con un objeto personal producido en un contexto histórico determinado. La interpretación de ese recuerdo no sólo descansa en una construcción discursiva del adulto que fue niño; sino que también se ancla en un objeto que porta su propia determinación histórica. De esta forma, se amplían las posibilidades de interpretación, abriendo nuevos espacios entre el recuerdo y el objeto, en este cruce entre memoria y microhistoria. Se busca abarcar una experiencia subjetiva y heterogénea a partir de relatos retrospectivos y objetos significativos producidos en un período y contexto determinado. Este período está delimitado por un criterio de selección temporal que va desde el golpe de Estado en 1973 hasta el fin de la dictadura militar, en 1989.

Fuentes

Las fuentes utilizadas corresponden a: 1) producciones simbólicas hechas por niños(as) chilenos(as) durante la dictadura (cartas, dibujos, diarios de vida, esquelas, etc.) y 2) los relatos retrospectivos de los(las) que, ahora adultos(as), produjeron esos objetos. El espacio que se abre entre el objeto y el que lo recuerda, permite explorar un ámbito de la memoria que entrega otros elementos cotidianos no considerados por una memoria emblemática o traumática (Jelin, 2002), donde el recuerdo se ancla en un espacio material concreto y abarca todo lo que lo circunda en el proceso de creación o de conservación.

El objeto producido es una fuente que se aborda desde una perspectiva micro histórica, desde el pasado, mientras que los relatos se abordan desde un ejercicio de memoria realizado en el presente. Si bien son fuentes distintas, en ese puente que se establece entre una y otra, se van asomando elementos que dan cuenta de una serie de temas, tanto generales como el contexto social y político del país, como particulares en la relación entre el(la) niño(a) y el mundo adulto reflejado en su familia.

Tabla 1

Criterios para selección de participantes

Criterio Participantes
Criterio generacional Hombres y mujeres nacidos en Chile entre 1965 y 1980.
Criterio ideológico Posición política: involucrados y no involucrados en la resistencia organizada según los adultos protectores en su niñez.
Criterio de género Segmentados por género.

[i] Fuente: Elaboración propia

La selección de producciones infantiles se hizo en base a la colección que se ha construido durante estos años en el marco de esta investigación. La formación del corpus que componen estas fuentes, se remonta a la campaña de recolección de producciones infantiles hechas por niños(as) chilenos(as) durante la dictadura cívico-militar en el país. La campaña se desplegó durante el 2015 a nivel nacional e internacional y consistió en un llamado a donar producciones propias o de un tercero. Los objetos donados correspondieron a diarios de vida, cuadernos, libros escolares, dibujos, cartas, agendas, fotografías, entre otras muchas producciones. De esta forma, el Fondo “Infancia en dictadura” se compone de 1.581 producciones, las cuales fueron revisadas en su totalidad para este trabajo. Por otra parte, de los participantes de esta campaña, se seleccionaron a 24 donantes para ser entrevistados. La selección de estos fue en base a criterios de saturación estructural (Callejo, 1998; Canales, & Peinado, 1995) que buscan abarcar los pares opuestos en la selección de entrevistados, a modo de tipos polares según los objetivos de la investigación.

De esta forma, de los 24 entrevistados, 15 correspondieron a mujeres y 9 a hombres; 16 fueron considerados en el criterio de involucrados y 8 en no involucrados.

Análisis

El carácter biográfico y narrativo de las entrevistas realizadas, fue producto de un análisis que permitió articular categorías en base a los elementos que fueron emergiendo en el relato del (la) entrevistado(a) a partir de una experiencia vivida. La construcción de estas categorías es el resultado de una lectura interpretativa y hermenéutica que se va construyendo en el cruce entre el recuerdo de infancia, el objeto significativo y el proceso de entrevista.

Tras la transcripción de cada entrevista y aplicando un análisis narrativo (Clandinin, 2006), se definieron una serie de categorías que responden a las representaciones en torno a las relaciones filiativas parentales. Estas categorías se construyeron bajo una lógica de codificación in vivo, surgidas de las propias palabras de los informantes o de sus producciones (Strauss, & Corbin, 2002).

Tabla 2

Categorías para análisis narrativ o

Categoría Códigos
“La dictadura no sólo mató gente, dividió familias” Formas en que se marca un antes y un después en la relación dictadura y familia.
“Pero yo tuve una infancia feliz” Representaciones del contexto nacional y el espacio familiar.
“Anoticiarse del horror: O por supuesto que yo no lo creo” Interpretaciones respecto al horror.
Exilio y relegación: “Exilio maricón me cagaste a mi familia” Representaciones de los procesos de exilio en la estructura familiar.
La exo-familia política Representaciones de los procesos de reestructuración del grupo familiar.

[i] Fuente: Elaboración propia.

Los resguardos éticos considerados implicaron la firma de un consentimiento informado por parte de todos(as) los(as) entrevistados(as), como también de los(as) donantes de producciones infantiles, donde se informó respecto al alcance, método y resultados de la investigación.

Resultados

“La dictadura no sólo mató gente, dividió familias”

La dictadura cívico militar puede ser identificada como un acontecimiento que marca un antes y un después en la realidad de muchas familias chilenas. Evelyn enuncia: “la dictadura no sólo mató gente; dividió familias” (Evelyn, entrevista personal, 18 de noviembre de 2015). Y su frase evoca un fenómeno mucho más profundo, pues Evelyn, en su enunciado, hace una equivalencia entre las ejecuciones y los desaparecimientos y el efecto que tuvo el exilio en su familia, incluyendo en el plural “familias” a otras familias y, con ello, a otras formas de separación que también fueron efecto de la dictadura cívico-militar. Es decir, “dividió familias”, y ahí es necesario incluir otras divisiones, esas por las que algunos miembros se fueron de Chile para no volver, pero también las que se producen por desacuerdos políticos irreconciliables entre adultos. Es decir, “la dictadura fue un quiebre total, cambió todo, o sea, te quedaste sin primos, sin familia; mis tíos se fueron, mis primos se fueron” (Mijal, entrevista personal, 10 de noviembre de 2015), y ello no siempre fue producto del exilio.

Las experiencias y relatos recogidos sobre el desmembramiento del grupo familiar se asocian a razones políticas, es decir, adherencia y/o militancia de los padres en organizaciones políticas de izquierda y opositoras al régimen militar, tanto de forma activa como no involucrada. La persecución que emprendió el Estado para apresar, torturar y/o asesinar a quienes formaban parte de la oposición, forzó a éstos a tomar decisiones en torno a sostener la resistencia activa, ocultarse y permanecer prófugo, o bien, salir del país. En cualquiera de las tres alternativas, la familia se vio afectada directamente en su cohesión y estructura.

Exilio y relegación: “Exilio maricón, me cagaste a mi familia”

Cabe distinguir tres formas que toma el exilio para la experiencia de los niños(as) que lo vivieron: la de quienes se tuvieron que ir del país solos sin sus hijos por miedo o necesidad; la de los hijos que se fueron junto a sus padres; y la de los hijos que se fueron del país sin sus padres. Estas tres experiencias se subjetivan de forma distinta para cada caso analizado. Pareciera que quienes más manifiestan dolor, tanto en sus producciones como en sus relatos retrospectivos, fueron los hijos/niños que se quedaron en Chile. Si bien, sus vínculos con los adultos exiliados fueron constantes, y ello lo testifican sus archivos de infancia, pues puede observarse gran cantidad de tarjetas y cartas provenientes de otros lugares del mundo. El hecho es que esa comunicación lejos de aproximar, se transformó, de algún modo, en una constatación cotidiana de la distancia.

Como se puede ver en la Figura 1, Alejandro, su autor, escribe en una hoja de cuaderno: “Exilio maricón, me cagaste a mi familia alejándome de mi papá”. Una idea que puede sintetizar en parte el sentimiento de muchos(as) niños(as) que estaban pasando por una situación similar.

Figura 1

Hoja de cuaderno de Alejandro, sin año. Fuente: Fondo Infancia en Dictadura

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Esto también puede encontrarse en el relato de Marta, cuando señala que su padre, profesor universitario, fue becado a Alemania para no ser capturado por los aparatos de represión del régimen:

“yo viví una adolescencia sola acá, con mi abuela; mi papá en Alemania, mi mamá en Argentina (…) y yo de repente empiezo a analizar y dije: esto no lo debería haber vivido” (Marta, entrevista personal, 5 de marzo de 2016).

En ese sentido, el término orfandad suspendida, que tradicionalmente se ha ocupado para caracterizar el dolor del duelo prolongado de los hijos de detenidos desaparecidos, parece adquirir sentido también para estos casos de hijos de exiliados que se quedaron en Chile. El duelo referiría a las funciones que se le atribuyen a las maternidades y paternidades “normales” y que se denuncian como no ejercidas. A ello lo acompaña la incertidumbre de no saber si el otro realmente va a volver, o si está bien; y la rabia muchas veces reprimida de suponer que el otro no hace los esfuerzos suficientes por regresar porque no lo desea.

Presos políticos y relegados

El exilio no fue la única forma de separar materialmente a las familias. La prisión política y la relegación fueron parte también de ese escenario. Sin embargo, en estos casos la sensación de proximidad con el sentenciado es mayor y ello permitió en los(as) niños(as) el despliegue de un conjunto de preguntas respecto a las razones del castigo, como se puede ver en la Figura 2.

Figura 2

Carta a papito, sin año. Fuente: Fondo José Alegría, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

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Papito lindo: tengo pena porque tu no vienes papito, te quiero mucho y te espero porque eres bueno y no eres malo, pobre papito, me acuerdo mucho de ti y más te quiero. Papito, en la escuela tengo notas lindas y estudio mucho para que no tengas una hija floja, mamita dice que debo portarme bien y estudiar mucho para que tu vengas, con la Lulu no sabemos porque nos quitaron al papá, mi mami dice que cuando seamos grandes entenderemos estas cosas, que ahora.

Esa proximidad psicológica con la situación, permitió que los(as) niños(as) desarrollarán sus propios actos políticos instigados muchas veces por sus madres o por los propios prisioneros y relegados, desarrollando conductas que suponían como esperadas (mejorar el rendimiento en la escuela o portarse bien en la casa) con la esperanza de que ello ayudará a traer de vuelta a casa a sus padres. Estas acciones fueron cuidadosamente registradas y reportadas a los distintos involucrados (Léase la carta de la Figura 2). Estos actos se pueden entender como tácticas infantiles, pues se organizan en torno a fantasías de protagonismo en la solución del conflicto, pero a su vez nos muestran dolorosamente como al considerarse parte de la solución, de algún modo, estos(as) niños(as) develan la forma en la que también estuvieron incluidos en el castigo que la dictadura asignó a sus padres.

“Pero yo tuve una infancia feliz”

Los recuerdos de infancia de los adultos involucrados o no involucrados en la resistencia, y que son evocados a través de las producciones infantiles, resaltan la existencia de juegos entre pares y la capacidad de los padres para generar ambientes cálidos y alegres, a pesar de la situación política que ocurría en el país. Así lo relata Mijal, cuando señala que sus padres habrían tenido la capacidad de, a pesar de mantenerse siempre vinculados con la resistencia, mantener como la alegría en mi casa.

‘Yo creo que la infancia de los niños en dictadura es una infancia como de resiliencia porque tu vai[sic] avanzando en la vida, yo por lo menos creo haber tenido una infancia feliz’ (Mijal, entrevista personal, 10 de noviembre de 2015).

Los entrevistados se recuerdan a sí mismos como niños(as) con gran capacidad de adaptarse, donde la familia se describe como un pilar fundamental para que, a pesar de lo que estuviera ocurriendo en el contexto nacional, los(as) niños(as) tuvieran una infancia feliz. Esta capacidad de adaptación no es concebida como un atributo individual, sino más bien como el resultado de los espacios distendidos y protegidos que las figuras significativas brindaron por fuera del ambiente sociopolítico.

Un elemento que parece ser identificado con la protección y el cuidado de la infancia es el grado de control de los círculos de confianza que poseían los adultos, como señala Evelyn:

‘Mi infancia no fue muy terrible, yo tuve una infancia -dentro de lo que se podía en esos años- bastante bonita, protegida, muy cuidada, muy encerrada también; era muy de casa, muy de jugar con la familia, con los primos (…) muy para adentro, no mucho de salir fuera, o de tener tantos amigos fuera de los círculos donde nos movíamos’ (Evelyn, entrevista personal, 18 de noviembre de 2015)

Por su parte, Rodrigo atribuye a sus padres la realización de esfuerzos de protección, sin embargo, a su vez evidencia lo inevitable de encontrarse con la militarización de las calles y con ese saber que circula, aunque el adulto no lo quiera:

‘nosotros vivíamos en una casa donde había una mampara, entonces a veces pasaban los milicos y agarraban mujeres, abusaban de ellas… entonces nosotros algo cachábamos[sic] que pasaban cosas, pero los papás siempre como que protegen’ (Rodrigo, entrevista personal, 23 de noviembre de 2015).

Otra medida de protección es la señalada por Ana María quien fue matriculada en un colegio administrado por una congregación religiosa católica:

‘mi mamá lo hizo para salvaguardar un poco mi integridad física, porque yo pertenecía al movimiento, estuve en la federación de estudiantes secundarios. Mi papá era militante comunista, entonces ella sentía que en ese colegio iba a estar más segura’ (Ana María, entrevista personal, 13 de agosto de 2015)

Este despliegue de tácticas de protección, que de algún modo propició una sensación de infancia feliz, es necesario analizarlo en su contexto. Esto es, en un escenario donde la violencia de Estado se hacía presente en diferentes espacios. Eso parece ser lo que resume Marta al señalar que “esa soledad también te da resiliencia; te da una situación de rearmarte, y estos detalles son los que te hacen pensar que tenías una familia que se congeló, y que, en gran parte, la dictadura es culpable” (Marta, entrevista personal, 5 de marzo de 2016). Sin embargo, la infancia feliz parece ser una suerte de reconocimiento al esfuerzo del mundo adulto por intentar dejar afuera del horror a sus hijos, aun cuando ello no fuera posible conseguirlo del todo.

Anoticiarse del horror o “por supuesto que yo no lo creo”

El golpe de Estado y la dictadura cívico-militar irrumpió de forma general en la vida de las familias, sin embargo, las formas a través de las cuales ese hecho se inscribió en la memoria de los(as) niños(as) fue diversa. Para algunos la fractura se produjo el mismo 11 de septiembre de1973, día del golpe de Estado, como se puede ver en la Figura 3, una página del diario de vida de Karol, quien relata el temor vivido ese mismo día:

Figura 3

Diario de vida de Karol, 1973. Fuente: Fondo Infancia en dictadura.

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‘Martes 11 de septiembre de 1973.

Querida Pati: Estalló el golpe militar y tengo un susto derrocaron a nuestro gobierno. Desde las 10 de la mañana que estamos oyendo radio me vine de la escuela a las 10 porque suspendieron las clases en Santiago están peleando bombardearon la moneda y la casa del presidente y oímos por una radio argentina que se había suicidado el presidente, oímos la radio argentina porque aquí en Chile silenciaron las radios izquierdistas. A mi mami le dio pena y se puso a llorar’ (Diario de vida de Karol, 1973, Fondo Infancia en Dictadura).

Sin embargo, muchos de los participantes de este estudio no habían nacido para el momento del golpe o eran muy pequeños en ese entonces, por lo que el miedo entró en sus vidas por otros caminos. En el caso de los padres y madres militantes de la resistencia, los(as) niños(as) se fueron involucrando en los espacios de participación política fundamentalmente porque, por diversas razones, no podían dejarlos(as) fuera de las actividades. Su participación, a veces disfrazada de juego, permitió que estos(as) niños(as) identificaran tanto la importancia de sus acciones como el peligro en el que, aunque no se explicitase, se involucraban. Un buen ejemplo de esto es el relato de Marta, quien porta en su recuerdo infantil conocimientos específicos respecto a los pasos que debía realizar en caso de la captura de su padre por algún organismo de seguridad:

‘sabía que tenía que ir al quiosco, sabía que no me tenía que mover de ahí; andaba con mi dirección y todas las cosas en los bolsillos porque mi papá en cualquier minuto podía desaparecer’ (Marta, entrevista personal, 5 de marzo de 2016).

La participación de los niños en los distintos espacios de la resistencia, se fue plasmando en los dibujos y otras producciones simbólicas infantiles. La Figura 4 muestra el dibujo de Elisabeth retratando una olla común5, una escena recurrente en los sectores populares durante este periodo. Así mismo, se observa en este dibujo la habilidad etnográfica de algunos(as) niños(as) y su capacidad para aprehender la realidad.

Figura 4

Dibujo de Elisabeth, sin año. Fuente: Fondo Vicaría, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

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En otras familias no involucradas en la resistencia a la dictadura, el horror de la represión ingresó a través de la prensa y de las conversaciones que los adultos intentaron silenciar. Tales fisuras imposibles de evitar impactaron de tal forma a los(as) niños(as) que se impuso la necesidad del registro. En la Figura 5, se puede ver una página del diario de vida de Evelyn, donde narra lo ocurrido a Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri6, y expresa su molestia sobre la manipulación de la información que presentan los militares a través de la prensa.

Figura 5

Página de diario de vida de Evelyn, 1983-1988. Fuente: Fondo Infancia en dictadura.

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‘16/8/86. Sabes diario, ocurrió un crimen horrible (hecho por los milicos) quemaron a dos jóvenes Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana Arancibia. El 1ero está en el cielo con el tatita Dios y Carmen está grave. Sabes lo que han hecho estos desgraciados para tratar de distraer la atención de la gente inventaron que habían encontrado como 5 toneladas de armamento (seguro que ellos lo pusieron) por supuesto que yo no lo creo’ (Diario de vida de Evelyn, 1983-1988, Fondo Infancia en Dictadura).

Esto también se puede ver en la impresión que le causó el “Caso degollados”7, cuando recuerda:

‘Entonces, escribí sobre lo que pasó porque para mí fue así como “yo tengo que recordar esto”, para mí fue así como “yo me tengo que acordar, yo quiero recordar los nombres de estas personas, yo no me tengo que olvidar de esto que pasó’ (Evelyn entrevista personal, 18 de noviembre de 2015).

La irrupción del horror en la vida de niñas(os) está fuertemente relacionada con una serie de episodios que dieron sustancia a un lenguaje de exterminio, en el que algunas palabras fueron re-semantizadas para incluir prácticas de la violencia de Estado que las personas no han olvidado: desaparecido, degollado, quemado, etc. Todas palabras que es posible encontrar en las narraciones de los adultos que vivieron ese periodo siendo niños(as).

La Exo-Familia Política

Una de las consecuencias, ya analizadas, y que se puede observar tanto en los objetos como en los relatos obtenidos; consiste en la reestructuración del grupo familiar, tradicionalmente consanguíneo, ante el cual emerge en el mismo nivel de importancia afectiva una familia política y, en ocasiones, lo que se puede denominar como una familia artística. En este marco, la transmisión del sentido de los acontecimientos tiene un lugar primordial, pues permitió reconstruir lazos colectivos de identidad y conciencia histórica a partir de escenas de solidaridad y reconocimiento entre miembros de un mismo bando político o víctimas de una misma persecución. En muchos casos de niños(as) cuyas familias se encontraban involucradas en la resistencia, estos escenarios de protección exógamicos permanecen intactos en el recuerdo infantil.

La familia política no es una consecuencia de la dictadura, sino más bien un nicho de unificación que se consolidó y fortaleció durante el periodo. Ello de algún modo muestra el conjunto complejo de sentidos que los(as) niños(as) le dan a la militancia de los padres, que incluye los momentos de incertidumbre respecto a la dimensión del peligro cotidiano que se advierte en las calles y en los espacios de clandestinidad; pero también la sensación de seguridad que dicha red de apoyo exogámica hacía sentir en los diferentes espacios. Esto se puede ver reflejado en el relato de Nicolás,

‘recuerdo harto[sic] como los amigos que tenían mis viejos, eran los compañeros del MAPU8, eran como bien familiares para nosotros, íbamos a hartas peñas, estamos harto[sic] con algunas familias me acuerdo bien cercanos, donde compartíamos con sus hijos” (Nicolás, entrevista personal, 15 de agosto de 2016).

En ese sentido, aparece la expresión artística como vehículo de conformación de grupos afectivos y de vínculos sociales. Es el caso de Carlos, en Chile, y Marco, en Quebec, Canadá, donde la adscripción a una exo-familia artística les otorgó un propósito y una vía de reconocimiento. Carlos, por ejemplo, acompañó durante años a sus abuelos en peñas clandestinas en distintos sectores populares de Santiago.

‘Era como una cosa de todos los fines de semana, porque siempre había algo, siempre había que apoyar alguna causa’ (Carlos, entrevista personal, 19 agosto de 2016).

Para él, sus abuelos fueron las principales figuras significativas de la niñez y lo incluyeron en este grupo de músicos, permitiéndole ser parte de una familia artística cuya finalidad era ayudar a las familias de escasos recursos a través de sus presentaciones. Marco, por otro lado, desarrolló, de niño, actividades folklóricas en su exilio en Quebec. En este espacio, se encontró con otras familias chilenas donde montaban representaciones artísticas típicas del país y socializaban símbolos culturales propios de la escena popular chilena como el organillero:

‘hacían este tipo de cosas para que nosotros no nos olvidáramos del lenguaje y supiéramos de la cultura chilena’ (Marco, entrevista personal, 27 de agosto de 2016).

Es posible entonces, identificar en las narraciones el papel de la música, la danza y el teatro como lenguajes que permiten incluir a los(as) niños(as) en prácticas políticas de resistencia, que así mismo, se tornan afectivas y son reconocidas como parte estructural de las experiencias que el mundo adulto proveyó, a veces sin quererlo, para entender el contexto social y elaborar el dolor en colectivo.

Discusión y Conclusiones

A partir de los resultados de este trabajo, se puede establecer que las relaciones entre hijas/hijos y madres/padres pueden leerse involucradas en lo político, es decir, en relaciones más amplias con otros miembros de la familia o con los grupos de afinidad. Tanto las producciones infantiles, como relatos retrospectivos se estructuran como una mezcla de estos dos campos, donde los participantes no necesariamente jerarquizan, ni los entienden como complementarios, más bien se van presentando simultáneamente, a veces más cercano a lo íntimo y a veces a lo social/político, por lo que el análisis debe incorporar ambas dimensiones para comprender el fenómeno en su profundidad y complejidad.

En ese sentido, el aporte de este trabajo guarda relación con el modo en que se iluminan aspectos desconocidos de la vida privada de los niños(as) y del modo subjetivo en que se construyen las certezas que posteriormente serán juicios respecto al pasado vivido. A su vez, ello permite pensar en una historiografía de la niñez que se compromete con la perspectiva protagónica de los niños(as) y con ello aporta también a la reflexión metodológica sobre los modos de construir las historias de otros sujetos subalternos.

Si bien, todos los ambientes familiares pueden ser analizados bajo el prisma de la ambivalencia y el continuo entre confianza y desconfianza, gratificación y persecución, o amor y frustración; en las narraciones de recuerdos de infancia emerge una tensión constante que pone en movimiento la dialéctica entre historia y memoria. Muchas de las situaciones en las que se recuerda haber disfrutado durante la infancia, durante la narración se desnaturalizan y se resignifican a partir de la conciencia actual del riesgo asociado a esas experiencias. La tonalidad afectiva cambia y la melancolía tiñe las narraciones de la época, permitiendo el esbozo de un sutil juicio generacional a la exposición implícita que la generación de los padres no vio o no quiso ver.

El contexto de la dictadura hizo que muchos grupos familiares sufrieran transformaciones forzadas o voluntarias que respondieron a la coyuntura social y política del periodo. Rupturas y fragmentaciones que fueron transformando las interpretaciones que los(as) niños(as) hacían de su propia cotidianidad y de sus figuras protectoras más cercanas.

La división forzada de las familias, la experiencia de la represión bajo distintos formatos y la participación política de las figuras paternas, fueron configurando figuras con los(as) niños(as) interpretaban la realidad sociopolítica en Chile. A pesar de este sufrimiento, destacan los espacios que se dejan ver, tanto en producciones como en relatos, para la infancia feliz, momentos íntimos o colectivos que se marcaron en el recuerdo por asociarse a la felicidad, el placer o el amor asociado a las figuras significativas y a las relaciones que se establecieron en una comunidad exogámica. De esta forma, los recuerdos de infancia se mueven de forma ambivalente entre tonos nostálgicos, alegres, tristes y reflexivos, donde una misma escena permite observar las acciones de amor y protección de los padres, así como la impotencia de dichas prácticas ante la persecución del Estado. Esta ambivalencia, en la que por momentos prima el horror y la melancolía, es un primer punto de reflexión y análisis que por ahora no hemos podido abordar y nos permite pensar nuevas líneas de investigación que puedan profundizar en la pregunta respecto a ¿Cómo la violencia de Estado se sigue reescribiendo en los recuerdos? Y que de ello puede conmoverse.

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Financiamiento

3 Financial disclosure Fondecyt Iniciación 11140271, Chile.

Nota

4 Esto se puede encontrar fácilmente en los llamados relatos de filiación (Roos, 2013; Viart, 2001). En el caso chileno, estos pueden leerse en las novelas de Alejandro Zambra (2011, 2014), Alejandra Costamagna (2013), Andrea Jeftanovich (2011), y en el caso argentino y mexicano, podemos encontrar el trabajo de Laura Alcoba (2007) y María Osorio Gumá (2012).

Nota

5 Ver sobre esto el documental “Los niños prohibidos” (1986) de Augusto Góngora.

Nota

6 Cerca de 400.000 personas, según Norambuena (2000).

Nota

7 Ver Documental de Macarena Aguiló (2010) “El edificio de los chilenos”.

Nota

8 Las ollas comunes nacen de la iniciativa popular, religiosa o estatal como respuesta momentánea al problema de alimentación y la imposibilidad de asumirlo por parte de la familia.

Nota

9 El “Caso quemados”, episodio ocurrido en 1986 en el marco de una protesta masiva contra la dictadura, donde un grupo de militares interceptó, golpeó, roció con combustible y quemó a dos jóvenes, Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri, resultando la primera con quemaduras graves, y el segundo, fallecido.

Nota

10 El caso “degollados” fue un episodio ocurrido en 1985 donde tres miembros del Partido Comunista de Chile, Santiago Natinno, Manuel Guerrero y José Manuel Parada, fueron secuestrados y asesinados por la policía hacia finales de la dictadura. Fueron degollados y abandonados en un fundo cerca de la ciudad de Santiago.

Nota

11 MAPU, siglas de Movimiento de Acción Popular Unitaria, organización de izquierda que se formó de la escisión de un sector rebelde de la Democracia Cristiana.