Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 16, No. 3 (2017)

Doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol16-Issue3-fulltext-1037
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Ruperthuz Honorato and Lévy Lazcano: “Triunfar ante la vida relámpago”: Saberes psi en clave de autoayuda en Chile y España (1940´s)



El presente trabajo es el resultado de una primera experiencia de colaboración entre investigadores de Chile y España dedicados a la historia y sociología de los llamados saberes psi - entendidos como el conjunto de conocimientos que hacen referencia a lo psicológico o mental, los que están compuestos por la psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis (Dagfal, 2009; Rose, 1998) - y sus relaciones con el mundo público. Específicamente, en este caso, buscamos pesquisar el desarrollo de una incipiente cultura terapéutica - en clave de autoayuda - en ambos países en la década de 1940, tratando de analizar sus condiciones de producción, oferta y consumo. A partir del análisis histórico cultural de dos cursos de autoayuda, ¡Controle su cerebro! (1946) en Chile y ¿Cómo Triunfar? (1945) en España, examinando sus especificidades y diferencias, pondremos el foco en cómo los desafíos de la modernidad y la modernización en ambos países - impulsada por la introducción de cambios tecnológicos y sobretodo económicos a través de un modelo capitalista más acentuado- pusieron a prueba a los sujetos en su capacidad de adaptación a las nuevas condiciones sociales y cómo los saberes psi habrían participado impulsando nuevas pautas de relación entre los sujetos y, simultáneamente, de ellos consigo mismos.

Particularmente, pondremos énfasis en la experiencia de la aceleración del tiempo propia de la implementación de los procesos de la modernidad y la modernización -trabajada por varios autores entre ellos E. P. Thompson (2000), Benjamín Coriat (2015), Serge Latouche (2016) y Manuel Cruz (2016) en términos generales y cómo estos idearios alimentaron los procesos de modernización que vivieron ambos países en las primeras décadas del siglo XX y que han sido registrados por interesantes investigaciones dedicadas a sus capitales nacionales (Errázuriz, 2014; Errázuriz, 2010; Otero, 2010) - y cómo estos se vincularon con los saberes psicológicos. Ambos cursos, como veremos, hacían referencia a la llamada vida relámpago y sus consecuencias en la vida mental de los individuos. Esta oferta terapéutica popular, apuntaba a entregar herramientas para poder superar y sobrellevar estos males.

En consecuencia, algunas categorías y herramientas de la psicología -como por ejemplo el concepto de personalidad y el uso rudimentario de cuestionarios psicológicos, entre otras- habrían sido presentadas a los sujetos de la época para conocer sus experiencias, evaluar sus acciones y, en definitiva, sancionar su forma de ser. Es lo que Nikolas Rose (1998) denomina la ética de la libertad, basada en la autonomía del yo. Para llevar a cabo este trabajo, nos basamos en la hipótesis de la existencia de procesos culturales y sociales amplios de reinterpretación de estas disciplinas - las que tenían una larga data en ambos países en los círculos académicos- en clave terapéutica de consumo masivo. Al mismo tiempo, consideraremos estas dos fuentes como objetos en sí mismos, ricos en información que ayudarán a reconstruir los imaginarios sociales que circulaban a mediados de los 40´s y que promovían todo un nuevo ficcionario moderno.

Como se desprende, este escrito se vincula activamente con los trabajos realizados por Eva Illouz (2010) y Nikolas Rose (1998, 1999) quienes han explicitado cómo el ser humano basaría su propia existencia en imágenes, valores, creencias y normas que provienen muchas veces desde la psicología como campo científico, guiando sus acciones y, sobretodo, proporcionándole explicaciones sobre sí mismos. Lo anterior permitiría tener en cuenta que, como lo plantea Tomás Ariztía (2012), los saberes científicos no sólo habitan los circuitos académicos (aulas y campus universitarios), sino que transitan y actúan en el mismo mundo que la ciencia social desea comprender.

La ciencia social, según Claudio Ramos (2012), gracias a sus operaciones descriptivas, interpretativas y explicativas, produciría hechos científicos y sociales al mismo tiempo. Esto implica ser conscientes del ensamblaje agencial existente entre la ciencia y el mundo, el que claramente es bidireccional debido a su mutua influencia. Por otro lado, en términos locales en Chile no existen investigaciones como la presente, salvo aquellas que se han ocupado con más detalle sobre el impacto del freudismo y sus relaciones con el mundo social (Veto, 2013; Ruperthuz, 2012, 2014a, 2014b, 2014c, 2014d, 2015, 2016), pero que hasta ahora han dejado espacios en blanco sobre el nacimiento de la autoayuda de manera más particular. En el caso de España, en las últimas décadas se han realizado una serie de trabajos que, en el marco de la historia de la ciencia, han producido una importante literatura sobre técnicas y prácticas de subjetivación (Balltondre, 2015; Mülberger, 2014), historia cultural de la psiquiatría (Campos 2012, 2013, 2016; Huertas, 2004, 2012), así como, sobre la recepción y circulación de las ideas psicoanalíticas (Carles, Muñoz, Llor, & Marset, 2000; Druet, 2011; Lévy, 2016, 2016a). No obstante apenas existen trabajos que, desde esta perspectiva, profundicen en el lugar que ocupa la autoayuda en el contexto socio-político que pretendemos abordar, siendo particularmente significativo en España el análisis de la tensión tradición-modernidad que la aparición de esta forma de saber psi plantea.

La relevancia de este trabajo, además, es que se aproxima a una porción de la historia cultural -afirmación que justificaremos mejor en el apartado metodológico- de ambos países, los que, enmarcados en procesos sociales, políticos y económicos diversos, habrían logrado lentamente la introducción de un pensamiento psicologizado que permeó en las respectivas sociedades, haciéndolo consumible masivamente. Como lo han demostrado recientes investigaciones, las conexiones iberoamericanas en lo que respecta a la historia de los saberes psi fueron permanentes desde muy temprano en el siglo XX. Específicamente, no hay que olvidar que la primera traducción de las obras de Sigmund Freud a cualquier idioma fue al español, gracias al impulso del filósofo José Ortega y Gasset en 1917 (Sánchez-Barranco, & Vallejo, 2005). Específicamente, se ha especulado que la visita de Ortega y Gasset a Chile en 1928 habría ayudado a la difusión de esta traducción a nivel local (Ruperthuz, 2016). En este mismo sentido, destacados médicos, juristas, psiquiatras e intelectuales chilenos y españoles tuvieron importantes intercambios desde mediados de los años 30´s. Así los españoles -muchos exiliados a causa de la dictadura de Francisco Franco- Emilio Mira y López, Luís Jiménez de Asúa, César Camargo y Marín, por nombrar algunos, tomaron intercambio con sus pares chilenos Oscar Fontecilla, Juan Marín e Israel Drapkin (Ruperthuz, 2016). Habría que nombrar, además, cómo esta nutrida receptividad se vio complementada aún más con el papel de Pablo Neruda luego de su regreso a Chile como cónsul en España tras la Guerra Civil Española y sus intentos por darle asilo político a Sigmund Freud (Ruperthuz, 2014c).

Bajo este contexto, la relevancia del presente trabajo es que aporta una primera aproximación a un campo escasamente investigado en ambos países, estableciendo los primeros pasos para una experiencia investigativa transcultural más amplia. Visto así, la densidad de los intercambios intelectuales en el campo de la llamada alta cultura, como mencionábamos, abre paso ahora a analizar estos documentos- simultáneos temporalmente -los que construidos bajo ciertos parámetros compartidos- mostrarían cómo los saberes psicológicos se difundieron en espacios populares y masivos en ambos países. Al decir de Eva Illouz (2010) investigar estas experiencias ayudaría a comprender como la alta cultura y la cultura popular compartirían las mismas claves de sentido, donde en la última, los saberes psicológicos serían un componente central para entender el reordenamiento de la vida cotidiana y el desarrollo de una nueva morfología del yo a comienzos del siglo XX, junto con el desarrollo incipiente de cierta cultura de la autoayuda. Las preguntas que guían el análisis son: ¿qué lugar social ocupaban en el momento de su publicación?, ¿a quienes estaba dirigido?, ¿en qué medios se publicó? ¿se puede decir a qué tipo de lectores estuvo dirigido, y qué lectores tuvo? y ¿Qué representaciones psicologizadas vehiculizaban?

Los saberes psi y su capacidad morfológica del yo

Si se piensa en términos histórico-sociales, muchos de los juicios que los individuos hacen en su vida cotidiana estarían basados en unidades analíticas que provienen de las disciplinas psicológicas, otorgándole sentido a sus acciones y administrando las relaciones con los demás (Illouz, 2014). Lo interesante en términos investigativos, por lo tanto, sería pensar que este fenómeno, que hoy puede ser observado (y experimentado) de manera naturalizada, en alguna época anterior no fue así, planteando un interrogante en términos histórico-sociales muy valioso. Es decir, se trataría de perseguir histórica y localizadamente algunos de los procesos que le dieron forma al yo moderno. Este proceso de morfología del self (yo) se define como:

(…) el modo en que un saber particular describe la forma, las funciones y las lógicas a las que responde aquello de lo que está constituida la persona. La descripción de estas morfologías del self suele implicar al mismo tiempo la definición de un rol terapéutico para estas disciplinas (Battezatti, 2014, p.29).

A partir de lo anterior, se puede afirmar que existiría una deriva histórica con claras consecuencias sociales, donde en algún momento los saberes psicológicos fueron presentados al gran público -acompañados de un sentimiento de novedad- con el fin de enriquecer y renovar el arsenal personal y experiencial que poseían para dar cuenta de su propia vida. Esta característica de los saberes psi y su divulgación, ayuda a entender un poco más la relación que existiría entre el conocimiento experto y el sentido común, pensando en que su interacción nunca es sencilla, sino que implicaría interesantes procesos de hibridación. Por lo tanto, se podría decir, que estamos hablando de saberes que desbordan los circuitos estrictamente científicos en los que fueron pensados (IDES, 2015).

De esta forma, los saberes psi serían un conjunto disciplinar con cierto objeto epistemológico (en tanto corpus de conocimientos sobre el sujeto y el mundo), cuyos usos estarían en función de intereses socio-culturales diversos, determinados por intereses políticos, sociales, económicos, epistémicos, etc. Ya Michel Foucault (2007) en sus investigaciones sobre la locura en Europa, mencionaba la importancia de cómo en la segunda mitad del siglo XVIII, se generaron las condiciones históricas que hicieron posible el nacimiento posible de la psiquiatría y la psicología, logrando de ese modo que el hombre se convirtiese “(…) en una especie psicologizable. Se nos narra, en definitiva, el nacimiento del homo psychologicus” (Castro, 2014, p. 31). En esta dirección Eva Illouz (2014) ha caracterizado este nacimiento como el paso en que los sujetos han dejado de tener alma para ser poseedores de una psique individual, favoreciendo así, todo un mundo de representaciones sobre sí mismos y las respectivas ofertas y soluciones para tramitar la subjetividad.

Según un grupo de investigadores brasileros esta individualización o individualismo “(…) constituye una laicización y universalización del conocimiento, la constitución de instituciones políticas pautadas por el ideario de igualdad y de libertad, la propia singularización e interiorización de los sujetos” (Dias Duarte, Russo, & Venâncio, 2005, p. 7). Todo lo anterior, comienza a perfilar un problema de investigación interesante: la historia de la psicologización, donde se evidencia un proceso histórico de conformación de un cúmulo de conocimientos, discursos y prácticas a partir de términos psicológicos, los que ayudaron a pensar antiguos problemas y a crear unos nuevos como veremos más adelante. La psicologización, implicaría un proceso en el cual los saberes de las disciplinas “psi” (psicología, psiquiatría y psicoanálisis, entre otras) se hacen partícipes del mundo público “(…) formando, organizando, diseminando e implementando verdades sobre las personas” (Rose, 1998, p. 59). ¿Quiénes realizan esta tarea? Una amplia y compleja serie de agentes, sitios, prácticas y sobretodo técnicas de producción, circulación, legitimación e utilización de las “verdades” psicológicas. Ejemplos son las investigaciones de Ana María Talak y colaboradores (2008), y Philip Cushman (1995) en la Argentina y Estados Unidos respectivamente, por nombrar algunos.

Transnacionalidad de los saberes psi : emociones, capitalismo y autoayuda

Como este trabajo reúne la experiencia sobre la autoayuda en dos países, inevitablemente nos lleva a pensar la dimensión transnacional de la expansión de los saberes psi, apuntado a las consecuencias de su implantación en los diferentes espacios nacionales. Por de pronto, específicamente, queremos señalar cómo su permeabilidad sirvió para la implantación de verdaderas hegemonías representacionales y emocionales sobre los propios sujetos. Así, según Uffa Jensen (2013) -y pensando principalmente en el caso del psicoanálisis- se destacan tres aspectos: a) su dimensión como discurso cultural y social; b) Los saberes psi como terapia; c) Los saberes psi como una comunicación transcultural.

El paso que transformó la clásica alma a la psique -siguiendo a Eva Illouz (2014)- ayudó a que la racionalidad y la racionalización se apoderaran de la subjetividad, especialmente del terreno de las emociones y la vida emocional de los individuos. Ella lo afirma diciendo:

Tener un alma “pura” o “malvada” refleja un orden moral en el que las personas y las acciones están organizadas jerárquicamente. La psique, tal y como entendemos hoy el mundo, apunta a una historia privada que no puede evaluarse de acuerdo con tal jerarquía moral, sino según su propia coherencia, y cuya lógica narrativa interna deber ser descubierta por el sujeto, si es posible mediante un trabajo formal de análisis (2014, p.10).

Así, la creación de verdaderos estándares emocionales a nivel cultural y social, están facilitados por el éxito de la psicología como disciplina, la cultura del consumo y la popularización de las ciencias. A diferencia de las culturas premodernas - basadas en cánones morales tradicionales y religiosos - la modernidad inauguró una forma científica de vivir, con sociedades secularizadas, dominadas por el consumo capitalista en las que la psique, según Illouz, serían un objeto medicalizado.

La estandarización del yo y sus emociones, han consolidado la imagen de un yo emocional privado e individual. Los saberes psi, desde una perspectiva crítica, influirían en la capacidad de gobernabilidad de estos sujetos, quedando por ello vinculados con las estrategias de los dispositivos disciplinarios que, apoyados en la constitución de horizontes sociales basados en el consumo, el éxito y la felicidad, los hace compatibles con el liberalismo y la democracia (Foucault, 2002; Castro 2014).

Podríamos decir que la legitimación de las herramientas de la psicología para resolver los conflictos personales de los sujetos ha sido más que extendida en occidente. La presencia de los profesionales psicólogos en los múltiples ámbitos de la vida humana es más que un hecho, explicitando la legitimidad cultural a través de una variedad de grupos sociales e instituciones. Los profesionales de la salud mental, una vez fuera de los circuitos intelectuales, comenzaron a hablarle al gran público en clave legal: tenían la autoridad para decir lo que era correcto sentir y vivir. Desde la década de los años 1920, la literatura de consejos se hizo cada vez más popular, diseminando formas de ser estandarizadas y normas emocionales transversales. Este tipo de profesionales estaba autorizado para hablar de los más variados temas (la crianza, la familia, la pareja, el trabajo, etc.). ¿Y qué pasa con la autoayuda? Illouz (2014) la caracteriza como aquella literatura que:

(…) debe ser por definición, de característica general: es decir, debe usar un lenguaje similar al legal, que le confiera autoridad necesaria para hacer afirmaciones similares a las afirmaciones legales. Este tipo de afirmaciones (por ejemplo: “Los celos son un síntoma de baja autoestima”) descontextualizan las emociones y, en ese sentido, pueden aplicarse más fácilmente a una variedad de contextos sociales e individuales. (…) Además, si la literatura de autoayuda ha llegado a ser un producto de consumo habitual, se debe a que trata problemas variados, aunque dejándolos en un lenguaje y una fórmula estándares (2014, p. 43).

Por último, si hay algo que podríamos agregar sobre el caso de la autoayuda son sus intentos por la democratización de la ayuda psicológica. La cura de la psique en este caso se basaría en la autorreflexión, fomentando la productividad, el consumo y la superación. El domino emocional se traduciría en muchos beneficios sociales y económicos futuros.

La modernidad, modernización y la experiencia de aceleración del tiempo en Chile y España de mediados del siglo XX

Creemos necesario en este punto, explicitar la complejidad inherente en el uso de categorías como modernidad y modernización para dar cuenta de las experiencias con el tiempo que empaparon a los chilenos y españoles de comienzos del siglo XX. Destacamos que se trata de sociedades disímiles, con experiencias histórico sociales muy diferentes -por ejemplo, la cercanía con las Guerras Mundiales y la Guerra Civil en el caso español- y con una tradición que las pondría en la clásica distinción de centro (europeo) y periferia (latinoamericana). De todas maneras, creemos que ambos países compartieron un imaginario común sobre los sujetos y su participación en las reformas sociales, políticas y económicas para ambas naciones. Esto lo comentaremos más adelante. Por ahora, cabe mencionar que la noción de modernidad es problemática y que ha sido interpretada y reinterpretada de varias maneras, pero a pesar de esto, se comparte -como lo afirma en su excelente trabajo Bernardo Subercaseux (2015)- que la modernidad promovió el imaginario colectivo en el que los sujetos pueden construir su propia historia personal más allá de los designios divinos. La individuación y la autoconstrucción, en consecuencia, son factores cruciales, lo mismo que la instrumentalización de la razón como estandarte. Según Habermas (2008) la modernidad es un proceso inacabado, generando la oportunidad para sus respectivas versiones locales -como lo han manifestado otros autores (García de la Huerta, 1999; Garretón, 1999)- con resultados, densidades y velocidades particulares, las que habrían tenido al progreso como la teleología de la historia, buscando dejar atrás las llamadas sociedades tradicionales (Germanini, 1969). Otros autores, como por ejemplo Walter Benjamin, señalan los aspectos destructivos asociados a la modernidad (1989).

Bajo este contexto, distintos trabajos han hecho referencia a los cambios que se experimentaron con la modernidad en los sujetos, alterando los vínculos sociales a través de la idea de progreso que el capitalismo - pensando como único orden social naturalizado, el que se asume como una condición ineluctable (Cruz, 2016) -, ha fomentado con la introducción de nuevas tecnologías de producción y la cuantificación del tiempo. Así, según Iván Illich (1977), el hombre moderno vive en una “(…) aceleración exigida de sus deseos [lo que] aumentará su aprisionamiento y, que una vez realizadas, sus reivindicaciones marcarán el término de su libertad, sus distracciones e independencia” (Illich citado en Latouche, 2016, p. 16). Los mayores niveles de industrialización y racionalización del trabajo introdujeron un nuevo agente de control social: el reloj, el que marcaba una nueva forma de producción.

En este sentido, los trabajos del historiador inglés E. P. Thompson ayudan a pensar en cómo la modernidad, específicamente desde finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, implantó una nueva racionalidad. Según Thompson, la decadencia de la magia, la brujería y las supersticiones serían un síntoma del cambio de las costumbres en la cultura y las sociedades llamadas modernas. La distancia vital entre patricios y plebeyos, se hizo cada vez mayor. La cultura popular, llena de tradiciones, modos de ser y ver el mundo -costumbres- se enfrenta a las imposiciones que las elites patricias tratan de implantar, degradándola bajo acusaciones de ser acientíficas. ¿Por qué es importante esto? Para Thompson la transición vivida durante el siglo XVIII y XIX permitió ver una versión más compleja y conflictiva de la cultura y la tensión que se experimentó entre las distintas tradiciones que coexisten en ella. Vale decir para el historiador inglés las sociedades tradicionales experimentaron una aceleración del tiempo que busca el cambio a través de la educación formal, la que se aleja del saber tradicional, reglamentándolo, desmitificándolo, apoyándose en el capitalismo, exhortado por el poder político y la sustracción de sus derechos consuetudinarios. Por otro lado, se establecen nuevos mecanismos de producción en los que “Los nuevos hábitos de trabajo se formaron, y la nueva disciplina de tiempo se impuso, de todos modos: la división del trabajo, la vigilancia del mismo, multas, campanas, relojes, estímulos en metálico” (2000, p. 442).

Estos cambios, como veremos más adelante, de seguro trajeron -y pusieron a prueba- la salud mental de los sujetos, exigiéndole nuevas coordenadas sociales, políticas y sobretodo económicas en las que la exigencia de la producción se vincula con no desperdiciar el tiempo, porque el tiempo es dinero (Berman, 1984). Es la sustitución del tiempo cíclico por el tiempo lineal de producción, ya lo dice de manera más que clara Benjamín Coriat en su trabajo El Taller y el cronómetro (2015):

Con la entrada del cronómetro en el taller, la revolución que se emprende tiene una dimensión múltiple. […] al asegurar la expropiación del saber obrero y su cosificación por la dirección de la empresa, el cronometro es, ante todo, un instrumento político de dominación sobre el trabajo. Tecnología y táctica pormenorizada del control de los cuerpos en el trabajo (2015, p. 2).

Creemos oportuno introducir, en este punto, el uso del concepto de modernización el que según Marshall Berman (2010) involucraría procesos de cambio, desarrollo económico, social y político, junto con la presencia de descubrimientos científicos, industrialización y la implantación del capitalismo como sistema económico. Es la presencia de la “vorágine de la vida” que se traduce en un perpetuo devenir de cambios materiales que tienen su propia autonomía y donde los sujetos no les queda más que subirse.

Ya más específicamente, pensando en las particularidades y el contexto que envuelven a los discursos de autoayuda que se analizarán, es imposible pensar el caso de España de mediados de los años 40´s sin hacer referencia a la reconstrucción del país en términos materiales y sociales luego de la Guerra Civil (1936-1939). Este conflicto social, político y bélico de proporciones que puso fin, de manera traumática, a la Segunda República Española (1931-1939) y abrió paso a lo que el bando franquista llamó el Nuevo Orden. La postguerra les dio la oportunidad a los vencedores de implantar -pensando por ejemplo en el caso de Madrid, tal como lo registra Luis Otero (2010)- reformas urbanas significativas que consolidarían una ciudad que buscaba dejar atrás un modelo más restringido y rural. Hay que recordar que el impulso modernizador de Madrid venía produciéndose desde 1860, cuando se llevó a cabo el ensanchamiento de la ciudad para acercarse, a principios del siglo XX, al perfil de una metrópoli. Se inauguran redes de ferrocarril, metro, autobuses, tranvías eléctricos y automóviles (particulares y de alquiler), lo que aceleró el ritmo de vida de la población.

A principio de los años 40´s se presentó un Plan Urbanístico a cargo del arquitecto Pedro Bidagor -que fue aprobado en 1946-, “el que buscaba que Madrid fuera una ciudad donde se alojara la santidad de la familia y la sana alegría del Pueblo” (1939). En términos sociales los trabajos de Salvador Cayuela (2014) y Ricardo Campos y Ángel González de Pablo (2016) se logra ver cómo el franquismo se sirvió de los principios de la higiene mental y la eugenesia para reforzar la idea de salud de la raza.

Por su parte, la vida en Chile se ha caracterizado por un desarrollo desigual enfocándose en Santiago como sede del poder político y administrativo del país. Así, desde comienzos del siglo XX se experimentó un auge modernizador que Tomás Errázuriz (2014, 2010) y Rodrigo Booth (2013) han descrito en función de cómo la motorización de la ciudad se apoyó en discursos higienistas para apoyar la introducción de autos, tranvías eléctricos y autobuses, reemplazando la clásica tracción animal. Más aún, la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931) se comprometió fuertemente en un plan de desarrollo urbano que generó ciertamente nuevas formas de moverse en la ciudad, promoviendo nuevos ideales sociales. Se experimentó una aceleración del ritmo de vida, el que en términos de circulación en la ciudad promovía perfiles de sujetos alertas a las condiciones de tránsito, evitando ser embestidos por los móviles.

A modo de síntesis, este periodo (1920-1950) -que abarca los Gobiernos de Arturo Alessandri Palma (en dos oportunidades), hasta el fin de los llamados Gobiernos Radicales (de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla)- se puede caracterizar por: a ) La ampliación del Estado Social (o Benefactor) a través de la regulación del trabajo y la seguridad social incluyendo, por primera vez, a los sectores populares; b) el control de precios y fomento de la industrialización; c) el fomento de un “desarrollo hacia dentro” y la d) Incorporación de las demandas sociales en el sistema político gracias a la elección de parlamentarios que representaban a los trabajadores.

Por último, problemas como la pobreza urbana, el crimen, la locura y las llamadas enfermedades de trascendencia social (sífilis y gonorrea), son atacadas con fuertes campañas comunicacionales que hablaban de fortificar la raza chilena, generando también -gracias a la adopción de modelos menos deterministas que se alejaban de una lectura a partir de la teoría de la degeneración- la posibilidad de preocuparse por el ambiente y su influencia en la vida de los sujetos (Ruperthuz, 2016).

Metodología

Nuestro marco metodológico se declara como parte de la llamada historia cultural (Burke, 2006), tratando de reconstruir cómo el lenguaje terapéutico circuló más allá de los circuitos institucionales, empapando la vida cotidiana de muchos chilenos y españoles. Es de nuestro interés pesquisar de qué modo el lenguaje de la psicología -ofertada en una modalidad de autoconsumo - reconfiguró nuevas posibilidades de entender al yo y sus conflictos. Se trata de un estudio de carácter exploratorio por lo reducido de las fuentes analizadas, sin embargo, estamos convencidos de que la historia de los saberes psi va más allá de una historia gremial enfocándonos, tal como lo afirma Eva Illouz (2010), cómo el lenguaje terapéutico “(…) brinda marcos causales y metáforas para entregarle sentido a esos problemas y restringe los modos en que las emociones son expresadas y manejadas” (p.22). Si sólo se piensa en el caso de la historia del psicoanálisis, este ha mostrado, la capacidad para ir más allá de las referencias exclusivas a psicoanalistas, pacientes y asociaciones. Cómo lo hemos planteado antes, cualquier estudio que quiera considerar las relaciones entre la historia de los saberes psi y sus vinculaciones con el mundo social más allá de las instrucciones oficiales, implicaría un ejercicio metodológico que debería tener al menos tres consideraciones:

a) Suspender cualquier definición apriorística de lo que se podría entender por saberes psi. Esta maniobra metodológica ayudaría a hacer hablar a los “nativos” del pasado. Lo importante no es lo que nosotros, como investigadores, entendamos por psicoanálisis, sino lo que los Otros definían por tal. Es la ética del historiador cultural, que según Eva Illouz (2010) se aleja de la epistemología de la sospecha y de cualquier análisis cultural de cómo deberían ser las cosas. Por lo tanto, inspirados en una maniobra antropológica implica sostener una actitud de exotismo permanente (Segalen, 2017).

b) Entender -siguiendo a Mariano Ben Plotkin (2003) que los saberes psicológicos son un claro ejemplo de un proceso de recepción activo y múltiple de carácter transnacional de ideas y creencias. Por eso que su llegada a cualquier espacio nacional -en nuestro caso a Chile y España- implicaría un proceso activo de recepción de parte de una serie de agentes locales que lo adaptan creativamente para compatibilizarlo con las tradiciones locales de pensamiento. Ellos buscan también responder a problemáticas particulares que son sensibles y que este tipo de saberes podría ayudar a responder.

c) Tener en cuenta la capacidad que tienen los saberes psi para convertirse en un marco explicativo en los lugares donde es recepcionado e implantado, generando una verdadera forma de mirar el mundo cotidiano.

Con todo, se justifica la posibilidad metodológica -inspirada en una mirada antropológica- de hacer frente al pasado entendiendo a los saberes psi como un conjunto de ideas y creencias de carácter transnacional, que generaron un cúmulo de prácticas y discursos sobre el sujeto y su “mundo interior”. Visto así, se respeta claramente los principios de la llamada historia con espíritu etnográfico del historiador Robert Darnton (2013).

Bajo esta óptica, queremos afirmar, que investigar una porción de la historia de los saberes psi en Chile y España, desde esta perspectiva, ofrece la posibilidad de investigar una parte de la historia cultural de nuestros países, recuperando, por ejemplo, un fragmento de la historia de las emociones, la familia, la infancia, el crimen, la sexualidad, el trabajo, la enfermedad mental, entre otros tantos campos de estudio.

En este sentido seguimos igualmente la obra de Rafael Huertas, en tanto propone repensar la historia de las prácticas y discursos sobre la locura, donde su apuesta fundamental es la consideración de una historia “desde abajo”, en la que poder recuperar y subrayar el lugar de las producciones del sujeto, más allá de los discursos estandarizados, hacia una historia psi en términos de historia de la subjetividad (Huertas, 2012)

Fuentes, selección y su tratamiento

Las fuentes son aquellos documentos, obras o materiales que sirven para obtener información del fenómeno estudiado siendo, como dice su nombre, la “fuente” de donde se alimentará la investigación (Kelleher, 2009) y respondiendo a nuestro interés investigativo hemos establecido los siguientes criterios de inclusión. A saber:

  1. Documentos que se publiciten a sí mismos como cursos de autoayuda;

  2. Qué estén construidos a partir de un lenguaje psicológico o psicoterapéutico: usando conceptos, metáforas y definiciones a partir de teorías psicológicas;

  3. Qué no se circunscriban a un público especializado, sino que se oferten, publiciten y dirijan a un público masivo;

  4. Que hayan sido ofrecidos durante las primeras cinco décadas del siglo XX (1900-1950) y

  5. Que se encuentren disponibles en los catálogos de la Biblioteca Nacional de Chile y la Biblioteca Nacional de España.

Luego de la búsqueda se seleccionaron los siguientes materiales:

1. Por un lado, en Chile pudimos recuperar: ¡Controle su cerebro! (1946) del cual tenemos a nuestra disposición la cartilla que publicitaba dicho curso (Figura 1). No pudimos llegar al material final ya que éste se solicitaba a vuelta de correspondencia. Este folleto, editado por el Centro de Estudios Psicológicos Modernos, se encontraba en la Sección Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile (ubicación 1 (148-17)), y

2. ¿Cómo Triunfar? (1945), editado en España, específicamente en la ciudad de Valencia, de autoría de Salvador Iserte Badenas (Figura 2). En este caso contamos con el cursillo completo, con sus sesiones y metodología de trabajo. Esta fuente fue recuperada de la Biblioteca Nacional de España, en la Sección General, sede Recoletos (ubicación VC/1824/14).

Hemos decidido utilizar ambos materiales, entendiéndolos como continuidad de la oferta y la implementación de los cursos de autoayuda en ambos países. Por un lado, el caso chileno ayudaría a reconstruir la manera en que estos cursos eran ofrecidos al público y, por otro, el curso español podría reflejar la manera en que ellos se llevaban a cabo.

Figura 1

Portada del folleto que ofrecía el curso ¡Controle su cerebro! (1946). Fuente: Autores

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Finalmente, Ginzburg emparenta a Morelli y Holmes, precisamente con Sigmund Freud y su método psicoanalítico. Freud a partir del análisis de los síntomas histéricos lograba dar con la real evidencia traumática presente en las historias clínicas de sus pacientes. Su trabajo muestra de manera detallada una cuestión metodológica: el análisis histórico a partir de los datos marginales, poco importantes o verdaderamente triviales. En resumidas cuentas, para Ginzburg es posible hablar del paradigma indiciario, donde el historiador lograría armar un panorama mayor a pesar de sus limitaciones o pequeños rastros de evidencia a los que puede enfrentarse en su búsqueda.

Esta lógica, permitiría realizar un análisis historiográfico a partir de documentos que pudieran ser valorados como marginales.

Resultados

Controle su cerebro (1946): cursos de autoayuda de inspiración psicoanalítica para auxiliar los males de la “vida relámpago”.

Si bien este curso fue detectado anteriormente (Ruperthuz, 2016) sólo fue analizado en función de su filiación psicoanalítica.

Aunque aquí expondremos algo de este costado, la cartilla de 12 páginas entrega más información interesante. En este sentido, este curso se ofrecía bajo el título ¡Controle su cerebro! En 1946 este curso seguramente, implicaba cierta novedad en cómo las personas podían acceder a distancia a las llamadas “sesiones” terapéuticas. Evidentemente, la modalidad del curso podría implicar que los consumidores escribían y a la vuelta -mediante un pago por su puesto- de correo podían tener las enseñanzas. La imagen que decora el folleto es una cabeza -la que hace recordar las viejas imágenes de la frenología- encabezada por la frase, en imperativo: ¡Controle su cerebro! (construida a partir de retazos de un discurso más biologicista de la mente). Se enmarca todo esto con la frase: “Con las sesiones de REEDUCACIÓN CEREBRAL [las mayúsculas son fieles al original] será libre de estas penosas impresiones psíquicas” (1946, p. 1).

Como se puede ver, adscritos a una terminología freudiana, esta cartilla le proponía al público superar una serie amplia de males, entre los que se contaban: el temor, la obsesión, la preocupación, el rubor, los complejos, el desaliento, la timidez, el insomnio y los sentimientos de inferioridad. Se agregaba, además:

  • Las “sesiones” de reeducación cerebral tienden a: Guiar y reeducar a los que han perdido el control de sus pensamientos.

  • Ayudar a los que sienten incapacidad para organizarse a sí mismo.

  • Dar mayor eficiencia en los estudios o empresas.

  • Conversar la presencia de ánimo ante cualquier persona o circunstancia.

  • Controlar los impulsos emocionales.

  • Cambio voluntario de pensamiento.

  • Cultura y empelo de la mirada y la voz.

  • Combatir el pesimismo.

  • Dar calma, confianza y seguridad.

  • Eliminación de ideas parásitas o fóbias.

  • Dominar la timidez.

  • Eliminación de temores, ansiedad y cobardía.

  • Desplazamiento de los sentimientos de inferioridad.

  • Facilitar la adquisición del control nervioso y cerebral.

  • Reeducar la emoción exagerada del rubor.

  • Desarrollar la facultad de concentración.

  • Cultivar el hábito del éxito (Centro de Estudios Psicológicos Modernos, 1946, p.2).

Por otro lado, el curso presentaba a esta psicología moderna como más cercana a la llamada psicología experimental, diciendo que: “Los ESTUDIOS PSICOLÓGICOS MODERNOS desempeñan una función que ningún Laboratorio Científico puede desempeñar, proporciona PAZ, TRANQUILIDAD y FELICIDAD psíquica a los que a él recurren” (1946, p. 3).

Además, el folleto, en un tono empático, afirma que la larga serie de trastornos emocionales, serían la reaparición de una lamentable reminiscencia que desea ser olvidada. En un código claramente freudiano y un tono imperativo afirman que estos males:

son fenómenos que causan indecibles mortificaciones, ansiedad y angustia por el recuerdo constante de una impresión ingrata. Contra estos males tan extendidos, tiene que tomar la persona que los siente, una RAPIDA reacción de dominio sobre sí mismo pues las consecuencias de pasividad son lamentables al correr el tiempo (1946, p. 4).

Si el sujeto debía actuar rápido y no dejar que el tiempo pasara, la cartilla hace alusión a la modernidad y sus consecuencias en el malestar psicológicos de las personas. Para ello acuñan el concepto de la Vida Relámpago. Esta se caracterizaba por un ritmo de vida acelerado:

La vida actual con todos los artificios impuestos por una civilización agitada, sin paz para concentrar la atención, de una continua acumulación de imágenes e ideas, viajes, negocios, cine, radio, vida de sociedad, trabajo excesivo intelectual y manual, fracasos, etc. hacen que nuestra VIDA PSÍQUICA se convierta en VIDA REPÁMPAGO. Surgen entonces la confusión, insomnio, nerviosidad, preocupaciones, fobias, temores, celos, etc. que se agravan y se exageran dando origen a variadísimas preocupaciones y tristezas. ¡Controle su imaginación y sus nervios! Solicite hoy mismo las curativas “sesiones” de reeducación cerebral (1946, p. 12).

¿En qué consistían estas “sesiones”? ¿Cuál era su metodología? Al parecer se ofrecía al público una serie de ejercicios, los cuales se debían implementar en casa. Así al menos lo refleja la siguiente cita:

Las “sesiones” de REEDUCACIÓN CEREBRAL de los ESTUDIOS PSICOLÓGICOS MODERNOS transforman su abatimiento dándole ÁNIMO, FORTALEZA Y VOLUNTAD. Los que se RUBORIZAN fácilmente tienen con las “sesiones” de REEDUCACIÓN CEREBRAL los ejercicios necesarios para DESARRAIGAR la impresionabilidad exagerada que motivó el rubor y cuyo ORIGEN, en gran parte de los casos, se remonta un suceso impresionante acontecido tiempo atrás que quedó profundamente grabado en el subconsciente (1946, p. 5-6)

Vale la pena destacar cómo este curso exhibe una lógica freudiana para dar cuenta de los síntomas que los “pacientes” podían sufrir. Como se anunciaba era necesario combatir las impresiones penosas alojadas en lo subconsciente (o inconsciente). Se prometía éxito comprobado: “Otros, que a causa de un trauma psíquico olvidaron hasta su propia identidad, las recobraron” (p. 4). Por otro lado, los síntomas eran explicados por la incapacidad de la mente de “(…) no pudiendo contener el exceso de una emoción recibida, utiliza el cuerpo para desahogarse, cuyas consecuencias son una serie de desequilibrios físicos que suelen producir efectos perniciosos” (1946, p. 7).

La fuente clínica de la cartilla era expuesta en base a lo ocurrido en las Guerras Mundiales, basándose en lo que les ocurría a los soldados tras volver del campo de batalla:

La guerra dio un considerable estímulo al tratamiento de los trastornos nerviosos y mentales por medio de la “reeducacion cerebral”. Los soldados que habían sido mortificados con toda índole de desarreglos psíquicos por el recuerdo de estas visiones tremendas de los campos de batalla, eran inducidos a olvidarlas (1946, p. 4).

¿Cuál era el público al que estaba dirigido este curso? Los creadores apuntaban a dos tipos de público: uno general y otro específico. Así, cualquier persona podía acceder a esta oferta, pero, además, se pensaba que los profesores y maestros del país eran un público objetivo circunscrito. Estos eran vistos como los formadores del capital humano -entendido como el recurso más preciado para el futuro de la patria- del país:

Los maestros son, en gran parte, responsables de los actos de los hombres y mujeres del mañana. El formar complejos en los niños y jóvenes es un verdadero crimen. ¡AQUIERA! las “sesiones” de REEDUCACION CEREBRAL (1946, p. 9-10).

La cartilla, finalmente, incluía testimonios de recuperación de personas de distintos países de la región: Venezuela, Perú, Argentina, Brasil, Panamá y Bolivia. Dos ejemplos interesantes, presentados de la siguiente manera:

De las miles de cartas, como testimonios de gratitud, recibidas por los ESTUDIOS PSICOLÓGICOS MODERNOS, entresacamos las siguientes: TRANSITO M. de C. (Venezuela). Antes de empezar a prácticas las “sesiones” de Reeducación Cerebral sufrí de un rubor exagerado que me amargaba atrozmente. Comencé a practicar estas “sesiones” y desapareció por completo. [Y se agrega] PADRE A. GONZALEZ (Perú). Teniendo como sacerdote la alta misión de predicar a mis feligreses, un inexplicable temor de presentarme en público me impedía mi sagrado deber (1946, p. 12).

En último lugar, para adquirir las “sesiones”, los usuarios debían escribir al “Centro de Estudios Psicológicos Modernos” dirección postal “Clasificador 682. Correo Central. Santiago” (1946, p.12). El folleto no individualizaba a alguna persona o doctor nacional (o extranjero) que respaldara o promocionara la propuesta. Tampoco alguna sociedad médica o científica “formal”, sino que su clave de valor se centraba en lo convincente de sus argumentos, los que aparentemente podían ser decodificados por un chileno o chilena promedio.

¿Cómo triunfar?: Un cursillo de ocho semanas sobre perfeccionamiento individual (1945)

En 1945, en pleno régimen franquista, aparece al público el texto titulado: ¿Cómo triunfar? Acompañado de la afirmación: Un cursillo de ocho semanas sobre perfeccionamiento individual. Salvador Iserte Badenas, un vegetariano que más tarde se convertirá en pastor adventista, publicó durante su vida una serie más que extensa de libros de autoayuda en España, en distintas versiones y reediciones. Iserte, nacido en Barcelona en 1907, había sido calificado en un reportaje de 1999 (Ávila, 1999) como “el pionero de los libros de autoayuda” (p.52) en España. Los cursos de Iserte eran publicitados en la prensa diciendo que:

Es evidente que el estudio del profesor Iserte tiene un contenido fundamentalmente ético, por cuanto su propósito es preparar a los jóvenes para practicar una nueva y mejor forma de vida. En este sentido, el libro va de dentro afuera; de lo que es el hombre a lo que debe ser social y moralmente. “Pretende despertar -señala el prologuista, el profesor Alcayde- afanes de superación y señalar el procedimiento para que lleguemos a ser todo lo que somos capaces de ser, según nuestra individualidad (ABC, 1966, p. 99).

De este modo la apuesta de Iserte pretende reforzar la idea de la autonomía del sujeto para mejorar su estado: “Usted puede mejorar su situación. Su porvenir solamente depende de usted” (1945, p. 2). Precisamente, este autor propone una tipología de los sujetos exitosos -más específicamente los llamados “jóvenes de hoy en día”- quienes superan los tiempos complejos:

Pero los tiempos fáciles pasaron, y en la actualidad sólo triunfan en la lucha por la vida los mejores, los más activos y los bien preparados. La época maravillosa en que vivimos requiere nuevos métodos y grandes iniciativas. Si usted quiere vencer tiene que entregarse de lleno a la gran batalla, con todo su corazón y con todas sus energías: haga dela vida un deporte, juegue con apasionamiento, procure marcar puntos, ame su trabajo y no pierda tiempo en la carrera de la vida porque se quedará rezagado. A mediados del siglo XX sólo los zapadores triunfan (1945, p. 3).

Figura 2

Portada del curso ¿Cómo triunfar? (1945). Fuente: Autores.

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Iserte, en cuarenta y tres páginas, proponía una metodología que se basaba en el desarrollo de cuatro habilidades y destrezas básicas: la Decisión, el Entusiasmo, la Audacia y el Heroísmo. Su curso consistía en que sus usuarios debían leer las lecciones de cada habilidad -contenidas en un capítulo- el mismo durante toda una semana -tratando de estudiarlas por ocho semanas. Prometía que si se era riguroso seguramente se produciría una transformación personal. El catalán estimulaba a sus lectores diciéndole: “Luche hasta forma en las filas de la aristocracia de la voluntad. Sea un jefe. ¡Buen ánimo y a la lucha!” (1945, p.3). Luego justificaba estas habilidades básicas como parte de un proyecto mayor de “personalidad exitosa”:

¿Qué cualidades se necesitan para triunfar? La inicial es la Decisión, porque el que nunca se decide nunca empieza. La segunda es el Entusiasmo, a mejor arma para la lucha, la que vence las montañas. Luego viene la Audacia - el amor a los peligros -, que es la que le hará hacer el voto solemne de no declararse jamás vencido, pase lo que pase. Finalmente, una vez adquiridas estas tres cualidades no le será ya muy difícil llegar hasta las cumbres del Heroísmo” (1945, p. 3).

El producto final era un hombre ambicioso, decidido y resuelto. Se recomienda: “¡Qué impresión más distinta causan dos jóvenes, el uno decidido y el otro indeciso ¡Muéstrese resuelto y firme! Sea un hombre decidido” (1945, p. 9). La carátula del curso de Iserte mostraba justamente al hombre moderno: rodeado de las nuevas tecnologías y todas ellas dibujadas en perspectiva, exhibiendo una actitud de velocidad: un avión, un hombre cayendo en paracaídas, un dirigible, un trasatlántico, un auto en carrera, un tren, un rascacielos y un hombre hablando a través de un micrófono haciendo escuchar sus palabras a través de una antena. La contratapa era igual de interesante: aparece un avión y un mundo que gira a gran velocidad, con la leyenda: “La conquista de la vida. Una nueva forma de vivir. ¿Quiere Ud. Triunfar? ¡Desarrolle su personalidad!” (1945, p. 43).

La propuesta de Iserte también deja ver los nuevos horizontes moldeados por la modernidad:

Los jóvenes han sido preparados para trabajos para trabajos ya clasificados, pero los inventos modernos han creado nuevos oficios - que son de fácil acceso para los que piensan en ellos a tiempo -, mientras que han hecho desaparecer otros. Ya no se puede ser el hombre de un solo oficio, un solo oficio, sino de diferentes profesiones, que exigen aptitudes semejantes, porque hay oficios que nacen y otros que mueren ¿Quién preveía hace unos veinticinco años el gran desarrollo de la aviación y la disminución correspondiente que tendrá lugar de los viajes y de los transportes por mar o por tierra?” (1945, p. 27).

El curso, de esta manera, entregaba cada vez lecciones para desarrollar las cuatro habilidades básicas que planteaba: para Decidirse (informarse, reflexionar, decidirse de manera categórica); para tener Entusiasmo (no ser optimista a ultranza, rechazar el pesimismo, ser realista, tener un motivo poderoso en la vida); para tener Audacia (matricularse en la Escuela de la Adversidad, mantener una vida combativa y desear con avidez ir más alto); y, finalmente, como ser Héroe (emprender la mayor labor que las fuerzas personales permitan, ser resuelto y desarrollarse moralmente). Iserte luego de cada lección semanal, les planteaba a sus lectores que resolvieran un pequeño cuestionario el que, según el número de respuestas positivas a la semana -de domingo a lunes-, iba mostrando los avances de cada uno. Así, por ejemplo, en el caso de la decisión se formulaban las siguientes preguntas:

¿Ha llevado alguna decisión a la práctica?, ¿ha vencido hoy la indecisión? ¿Decide rápidamente las pequeñas cosas de la vida diaria?; ¿Ha escogido hoy en primer lugar la tarea más desagradable? ¿Prefiere entre dos caminos el que sube, no el del placer inmediato? (1945, p. 14).

Luego, según las respuestas se podía interpretar los resultados de respuestas positivas y negativas, según la siguiente tabla: “4 respuestas afirmativas… se estaba en camino de la decisión. 10 respuestas positivas… es un hombre resuelto.15 respuestas positivas… pocas cosas podrán detener su marcha triunfal” (1945, p. 14).

Por otro lado, el curso de Salvador Iserte no estaba exento de referencias raciales, las que servían para explicar el éxito futuro:

La degeneración de la raza negra obedece, en parte, a la misma causa. No viéndose obligados a trabajar para comer, se fueron relajando hasta perder la noción de sembrar para recoger, el clima adverso, la necesidad de trabajar para comer, vestirse y edificar moradas han impulsado a los hombres a la actividad y el progreso, y la civilización ha ido emigrando a las zonas frías. La Enseñanza de la historia es que la excesiva abundancia ha sido más perjudicial para los pueblos que una relativa escasez (1945, p. 24).

Finalmente, Iserte admira al eugenista y racialista francés y ganador del Premio Novel de Medicina en 1912 Alexis Carrel- presentado por él como Alejo Carrel, incluyendo un dibujo de este autor bajo la consigna: “el Dr. Alejo Carrel, que se proponía la creación de un nuevo ser humano” (1945, p.34)- destacando su obra El hombre ignoto afirmando: “La energía moral, el equilibrio nervioso y la resistencia orgánica aumentan en las personas acostumbradas a resistir el frío y el calor, la sequía, la humedad, el sol abrasador y la lluvia helada, la nieve y las ventiscas” (1045, p. 34). Merece la pena destacar el pensamiento profundamente reaccionario de Carrel, trabajado por Reggiani (2007) y Campos (2007), entre otros.

Discusión y Conclusión

Nos queda claro que los llamados “saberes psi” tuvieron una temprana presencia al comienzo del siglo XX en ambos países, mostrando un circuito de recepción y, especialmente, de circulación por fuera de las instituciones psicológicas oficiales. En Chile, por ejemplo, la psicología vendrá a institucionalizarse recién en 1947, pero ya tenía una vida ligada a la pedagogía, la psiquiatría y una serie de discursos educativos (Ruperthuz, 2016).

Por su parte en España, si bien es cierto que el comienzo del siglo XX supuso el inicio de una renovación científica y cultural que tendría su inmediato reflejo en la consolidación de un incipiente saber psi, ligado a diversos ámbitos de la vida política, social y cultural, el estallido de la Guerra Civil y el posterior período franquista influyeron, sin lugar a dudas en esta situación, imprimiendo en los ritmos de modernización del país un proceso que, Capistegui ha convenido llamar de “modernidad defensiva”, la paradoja de un sistema autoritario, antidemocrático, católico y a priori antimoderno, como era el régimen franquista, con la emergencia en él de cierta forma de modernidad (Capistegui, 2012).

Lo anterior tiene el valor -teórico y metodológicamente hablando- ya que se empieza a vislumbrar cómo estos cursos de autoayuda se hacen parte de una interesante serie de prácticas heterodoxas. Ellas reflejan el capital simbólico que este tipo de saberes ya contaba para hacer referencia -en tono imperativo y legalista como lo señala Illouz (2014)- sobre las supuestas verdades de este nuevo sujeto moderno. De manera descontextualiza y homogeneizante, tanto ¡Controle su cerebro! (1946) y ¿Cómo Triunfar? (1945), no hacen ninguna referencia al contexto más próximo - pensando, por ejemplo, en la dictadura franquista para el caso de España, las condiciones de la postguerra y la tensa reconstrucción de un país en tensión con miles de muertos y desaparecidos - salvo en el caso chileno que habla de cómo la clínica de las enfermedades nerviosas se impulsó gracias al tratamiento de los veteranos de guerra. Pero si de soldados se trataba, ambos cursos les proponían a sus posibles consumidores, convertirse en verdaderos soldados a favor del progreso, el trabajo y el capitalismo. Estas nuevas coordenadas del yo, estimulan a un sujeto individual, personalista, competitivo y ambicioso. Rodeado de imágenes de éxito, felicidad y tecnología, a los individuos no les queda más que “olvidar lo penoso” y enfocarse en un desarrollo en escalada, exhibiendo una trama de significados que condicionan, seguramente, las experiencias de los sujetos.

De esta forma, estos dos agentes -y la trayectoria de Salvador Iserte en España es un claro ejemplo- contaban con una legitimidad social para referirse al individuo a través de estas nuevas representaciones del yo. La autoayuda se suma a la lógica que dice que son los propios sujetos los que deben hacerse cargo de sus pesares, no hay ninguna referencia a la comunidad, sino emplazamientos permanentes a fortificar el yo. Por lo tanto, el sujeto posee una psique individual, que DEBE conocer, controlar, fortificar y desarrollar para tener éxito.

Por otro lado, ambos cursos, reflejan una transformación: la implantación de -en términos de François Hartog (2007)- una nueva experiencia con el tiempo. Se deja atrás las experiencias cíclicas y se vive un tiempo lineal veloz, el que debe aprovecharse. La productividad, el reloj y la rapidez son algunos nuevos elementos que resemantizan las relaciones sociales. La estética que decora ambos cursos manifiesta esa transformación. Esto es consistente con lo planteado por los autores revisados (Coriat 2015, Thompson, 2000; Berman, 1984). Esto además tiene sus complicaciones: este nuevo tiempo le da forma a una nueva forma de vida, la Vida Relámpago, la que también enferma mental y emocionalmente a los sujetos. Por ello, la relación con el tiempo debe ser doble, ya que hay que prepararse para sostener este nuevo ritmo de vida y al unísono, había que estar advertido de los rasguños que esta velocidad dejaba en la población. Es la nueva economía psíquica individual, la que se plegaba al rendimiento en distintas escenas sociales y la reorganización de las relaciones sociales.

Con todo, se puede afirmar que lo encontrado son algunos indicios de una nueva cosmología del yo, conectada con el autoconocimiento y la autonomía, a cargo de un yo público, envuelto en un lenguaje psicologizado. Llama la atención, pensando en el caso de Salvador Iserte, como tempranamente el incluye cuestionarios de personalidad en sus trabajos, con un interesante sistema de puntuaciones. Se norma la vida privada -que es principalmente pública- generando evidentes relaciones entre la modernidad y el conocimiento terapéutico. Nos queda reconocer el rendimiento teórico y metodológico que la historia cultural le aporta a la reconstrucción historiográfica de los saberes psi. Su íntimo impacto en la vida de los sujetos, ayuda a configurar una visión de mundo -y de sí mismos donde la psicología tiene un lugar privilegiado- de carácter transnacional. Las experiencias chilena y española, aquí trabajadas abren la puerta para futuras investigaciones comparativas.

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Financiamiento

1 Financial disclosure Proyecto FONDECYT Iniciación Nº 11150497 (Gobierno de Chile); Proyecto HAR2012-37754-C02-01 (Ministerio de Economía, Gobierno Español) y Proyecto HAR2015-66374-R (MINECO/FEDER, Gobierno Español)